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Frente Amplio perdió el gobierno, festejó la remontada y no reconoció la derrota

El oficialismo preveía un resultado menos parejo y celebró la posibilidad de estirar la proclamación formal; Martínez habló con Vázquez

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25 de noviembre de 2019 a las 05:01

Por Paula Scorza y Martín Tocar

La sensación era de melancolía. En 18 de Julio y Yaguarón, donde aguardaba la militancia, sonaba “Chau”, de No te va gustar y algunos le protestaban al DJ. Yamandú Orsi, jefe de campaña, hablaba ante la prensa y resaltaba que el Frente Amplio había nacido como oposición y que por lo tanto no había de qué preocuparse. Otros dirigentes, por lo bajo, jugaban a adivinar por cuánto sería la derrota. 

A las 20:30, cuando en el primer piso del Hotel Crystal Tower los referentes del oficialismo corrieron hacia las pantallas de televisión, no hubo gestos de derrota. Los números no permitían decir con certeza que el Frente Amplio se iba del gobierno tras 15 años. Había que esperar. 

Daniel Martínez, siete pisos más arriba, lloró de la emoción. Se abrazó con sus seres queridos y se convenció de que, contra todo pronóstico, la hazaña era posible. La adrenalina del pueblo frenteamplista subía hasta las nubes. Los asesores del comando bajaban las escaleras con pasos de baile. Los senadores y diputados electos se abrazaban, varios al borde del llanto. Iban y venían entre conversaciones cara a cara y llamados telefónicos. 

La música cambió de un momento a otro. Se escuchó “Cielo de un solo color” y la militancia se extasió al grito de “nos renueva la ilusión”. Los acordes de “A redoblar” ya no sonaban nostálgicos, sino esperanzadores. Hubo milonga, plena y polvo de estrellas.

Sin reconocer

Aunque al final la arremetida se quedó en la orilla y Lacalle Pou será el próximo presidente, el Frente Amplio cambió los aires de derrota por un ánimo triunfal. Dirigentes y militantes que habían ido hasta allí a perder creyeron, durante casi tres horas, que cualquier resultado era posible. Cuando las proyecciones empezaron a mostrar que la brecha era estadísticamente irremontable, y que la izquierda perdía el gobierno después de 15 años, en el oficialismo igual se sentían victoriosos de cualquier forma. 

Martínez y su equipo decidieron no reconocer la derrota. Tras hablar con el presidente Tabaré Vázquez, el candidato bajó hasta el primer piso, arengó a los dirigentes que allí lo esperaban, y caminó media cuadra para saludar al pueblo frenteamplista. Subió saltando al estrado junto a Graciela Villar, y detrás suyo se sumó una decena de dirigentes. 

A diferencia de la noche de la primera vuelta, el candidato se mostró respaldado por su fuerza política. Danilo Astori, Carolina Cosse, Mario Bergara, Mónica Xavier, Yamandú Orsi, Juan Castillo, Cristina Lustemberg, Constanza Moreira, Rafael Michelini, entre otros. José Mujica y Lucía Topolansky faltaron a la cita y su ausencia no pasó desapercibida. El presidente del FA, Javier Miranda, agitó su puño tres veces en el aire y evitó el llanto. María Julia Muñoz quiso subir y le dijeron que esperara abajo. 

“Hay que esperar para saber los resultados. Hablamos con la Corte Electoral y la diferencia no será mayor a los votos observados”, dijo Martínez, ovacionado por los suyos.

Consciente de que los números no le dan para retener el gobierno, el candidato oficialista igual mandó a los frenteamplistas a “festejar” la “gesta increíble”, a “volver a casa con el corazón lleno de gozo” y a “evitar la provocación y los enfrentamientos”. También resaltó que ninguno llegaría al 50% de los votos y que eso obligaría a buscar acuerdos entre todos los partidos. “Me mandaron un mensaje con una frase recién. ‘Quisieron enterrarnos, pero no sabían que éramos semillas’”, agregó. 

En el Frente Amplio consideraron una victoria simbólica que el domingo terminara sin que la elección estuviera matemáticamente definida, aunque la estadística ya pronosticara un cambio de gobierno. Es decir, se celebró la posibilidad de estirar la proclamación formal. “No los dejamos festejar”, dijo un dirigente en medio de la euforia. El intendente de Montevideo, Christian Di Candia, comentó que “la remada” ya era “una victoria” en sí misma. Orsi dijo que la diferencia es "difícil de revertir" –algo que el candidato no dijo– pero que hay que esperar el resultado definitivo. En el entorno de Martínez entienden que los resultados reivindican su figura y enaltecen un liderazgo y una campaña que habían lucido erráticos. 

Festejos en la derrota

Al igual que las semanas anteriores, el domingo electoral evidenció durante toda la jornada –al menos hasta el cierre de las urnas– que la derrota era un escenario cantado. Martínez votó sobre las 11 de la mañana en la Universidad ORT de Pocitos. “Si perdemos, bueno, vamo’ arriba”, respondió mientras hacía la fila para sufragar junto a su nieto Luciano, llegado especialmente de Estados Unidos. Se retiró mientras un puñado de militantes gritaba que “el Frente no se va”. 

El candidato siguió el día con un almuerzo familiar e improvisó una recorrida por locales frenteamplistas en Parque Rodó y La Teja. Antes de partir hacia esos abrazos con militantes, un periodista de Canal 12 le consultó si eso se debía a un cambio de estrategia. “Andá a un psicólogo para que te conteste”, le replicó Martínez.

Poco después de las 19 horas, el candidato llegó junto a su equipo a la Huella de Seregni. Fue recibido por el Secretariado del Frente Amplio y luego arengó a los militantes. “Hemos hecho un gigantesco esfuerzo”, comentó a los presentes.

Martínez se trasladó en camioneta hasta el hotel, pero los dirigentes frenteamplistas aprovecharon la cercanía para caminar el par de cuadras que los separaban del comando. Rafael Michelini, Marcelo Melo, Alfredo Asti y Daniel Marsiglia conversaban en el trayecto acerca de datos internos que reflejaban una supuesta paridad mayor a la esperada. “Como veníamos en las encuestas, sería un golazo”, comentó Asti antes de llegar a destino. 

Horas después, debajo del escenario, el exdiputado astorista sonreía mientras filmaba con su celular el discurso de Martínez. Escribió en Twitter que estaba presenciando una “hazaña democrática”. Juan Voelker y José Saavedra, integrantes del equipo de Martínez, brincaban de alegría como dos niños. Laura Motta, esposa de Martínez, se abrazaba con quien se pusiera en el camino.  

Cuando terminó los saludos, Martínez bajó y fue arrastrado entre militantes y personal de seguridad hacia el hotel. En el camino resumió en una palabra lo que le dejó la noche: “felicidad”.

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