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Mario López con la medalla de la Copa Libertadores 1988

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Fue panadero y ganó todo con Nacional en 1988; ahora es DT en City Torque y tiene un lavadero: la vida de Mario López

Pitufo López jugó un año en Nacional y ganó los últimos dos títulos más importantes del club; le levantó centros a Poyet cuando jugaba de 9 y jugó con Eder, Gerson y Jair

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15 de enero de 2022 a las 05:01

Mario López fue campeón de América y del Mundo con Nacional en 1988. Hay una generación que no lo sabe o no lo recuerda. Fue la última vez que un equipo uruguayo levantó esas dos copas internacionales. Jugó con los brasileños Eder y Gerson en Atlético Mineiro, cracks en la década de 1980. También con Jair, el fenómeno que defendió a Peñarol en 1982. El primer apodo de López no fue “Pitufo”, le decían “Panadero” porque ese era su oficio cuando empezó a jugar en Liverpool. Aprendió a hablar en japonés después de 12 años en aquel país. Fue asistente técnico de Mauricio Larriera en Racing y en Defensor Sporting. Ahora dirige juveniles en City Torque y además posee un lavadero en su casa de Malvín, donde lava la ropa de Torque, del Náutico, del club Enfoque y de una peluquería.

Pitufo López charló con Referí de sus comienzos en el fútbol cuando recibía patadas de Felipe Revelez siendo un niño hasta su presente.

Nació en Canelones, pero sus padres se mudaron a Rocha cuando tenía cinco años. Vivió en aquella ciudad hasta los 15, cuando la familia se trasladó al barrio de Sayago en Montevideo.

López en su casa y de fondo un cuadrito con la Copa Libertadores

Comenzó a jugar al fútbol en el Siete de Oro de Rocha. Era rival de Felipe Revelez. “Ya me daba patadas. Yo le decía cuando nos reencontramos en Montevideo: ‘Felipe, a los rivales marcalos como me marcabas a mi’. Me quería frenar por todos lados, era fatal”. Años después integraron el plantel de Nacional en 1988.

Sus hermanos le enseñaron el oficio de panadero en Montevideo. Uno de ellos un día le preguntó si no le gustaría jugar al fútbol y le consiguió una prueba en Sud América. Fue a la captación y quedó. La velocidad era su principal arma en la cancha.

En la IASA fue su debut en Primera división cuando estaba por cumplir 17 años. En aquel equipo jugaban Antonio Alzamendi y Gary Castillo. Punteros de los de antes. López entró en un partido por Alzamendi cuando faltaban 20 minutos para el final.

Con Nacional en 1988

Con aquellos nenes de titulares, iba a ser difícil jugar seguido. De manera que se fue a Liverpool con el técnico Ángel Traverso. “Un día en un partido contra Rampla me tiró para adentro. Hice dos desbordes, dos centros que terminaron en goles del 9 y no me sacó más”, recuerda López.

Con los negriazules firmó su primer contrato profesional y dejó de trabajar en la panadería. “Un día Traverso me preguntó cuánto ganaba de panadero. Le respondí y me dijo que me iba a hacer firmar un contrato por lo mismo que ganaba en la panadería, pero que tenía que dejarla. Yo entraba a la 1 de la mañana y salía a las 6 o 7. De ahí me iba a practicar, sin descansar. El loco habrá pensado, ‘si a este lo hago descansar, más rápido me va andar’. De ahí en adelante no trabajé más en la panadería”.

Después de Liverpool continuó en Huracán del Paso de la Arena, equipo que en 1984 realizó una campaña inolvidable. Estuvo a un partido de ascender a la Primera división. Llegó primero a la última fecha, pero perdió y no logró lo que hubiera sido un ascenso histórico.

Los recuerdos de la carrera que juntó su esposa

“Quedé libre en Liverpool y me demoró en salir algo, entonces fui a Huracán que había subido de la C a la B. Hicimos una gran campaña pero en el último partido la embarramos”, señaló.

El técnico era Pedro Cubilla y según López, tomó una mala decisión para enfrentar a Liverpool: “Quiso jugar en nuestra cancha del Paso y los jugadores queríamos jugar en el Tróccoli porque sabíamos que ahí le caminábamos por arriba, por la velocidad que teníamos. Pero jugamos ahí que era un cajón, ellos se defendieron bien y nos sacaron el campeonato”. Liverpool les ganó 4-0, partido que terminó con líos, y en el otro encuentro River Plate ascendió tras vencer a Oriental de La Paz.

La carrera continuó en Rampla Junios y después en Huracán Buceo, donde le marcó un gol a Nacional que le sacó el título uruguayo de 1986. El tricolor cayó 1-0 ese partido y después tuvo que jugar una final con Peñarol, que también perdió.

“Yo firmaba los contratos por un año. Me la jugaba a mi rendimiento. Si andaba bien, el equipo me iba a querer renovar por más plata o me venían a buscar de otro lado. Era mi decisión, porque además antes no había contratos largos”, contó.

Un gol de cabeza en Japón

Así fue que en 1987 pasó a River Plate, con Fernando Morena como entrenador. “Gustavo Poyet era el número 9, el Loco Alexis Noble jugaba por izquierda y yo por derecha. Le tirábamos centros todo el partido. Morena se quedaba con Poyet después de las prácticas y le decía tenés que estar en el punto penal, la pelota te va a quedar ahí y es empujarla”. Algo sabía el Potrillo de definición.

River hizo una gran campaña aquella temporada, le ganó a Nacional y a Peñarol, y en el último partido perdieron la clasificación a la Liguilla frente a Nacional en el Centenario. La bronca, para López, se suavizó un poco tras aquel encuentro porque recibió una buena noticia. “Estoy en el vestuario después del partido, con una calentura bárbara. Me había cambiado y en la puerta estaba Saúl Rivero, que era ayudante de Roberto Fleitas en Nacional. Yo había jugado con él en Liverpool. Me preguntó si estaba caliente y le dije que sí, nos habían ganado en la hora con un gol de Pinocho Vargas, bien a lo Pinocho, esa media vuelta de él que entreverado y todo te la mandaba a guardar igual”.

“Entonces me dijo que me alegrara porque Fleitas lo mandó a hablar conmigo porque quería que fuera a Nacional. Así que ‘andá manejando esa opción’, me dijo. En medio de la licencia me llamó Saúl y fui a Los Céspedes. Al mismo tiempo el Loco Alexis Noble arregló en Peñarol”.

La medalla de Mario López

Después de haber cumplido el sueño de jugar al fútbol en Primera división, llegar a un equipo grande era lo máximo. “Era mi sueño de jugador” señaló. Un sueño que terminó con dos títulos internacionales: “Un año increíble; lo mejor que se hizo fue armar el grupo. Después el clic lo hizo el Hugo De León cuando llegó. Fue a Los Céspedes, hizo una reunión con los jugadores y nos dijo: ‘yo ya jugué en Nacional y tuve la suerte de ganar y en Gremio lo mismo; hoy vuelvo, pero a ganarme un lugar. Sé que hay un grupo que quiere hacer cosas importantes, que quede claro que somos todos uno”.

El contrato con el club lo negoció con Ceferino Rodríguez, integrante de la comisión directiva que presidía Mario Garbarino. “Pelee el contrato con Ceferino. Él quería que Nacional ganara algo y entonces le pedí US$ 5.000 por ganar la Libertadores y después ir a Japón. Algunos jugadores hicieron una plata de esa manera, porque el premio grupal que teníamos por ganar esa copa fueron US$ 1.000 o US$ 2.000 cada uno. Eso con suerte porque el Vasco Ostolaza no quiso el auto, pidió la plata y la repartió. Ligué porque me saqué esa plata extra”.

López en un equipo japonés

Con ese dinero López pudo comprar su primer apartamento, en Ramón Anador y Propios. “Me estaba por casar y pude juntar US$ 8.000 o US$ 9.000 para el apartamento. Con lo que ganan hoy me compraba dos mansiones” dijo en tono de broma.

En marzo de 1988, antes del comienzo de una nueva temporada, Nacional hizo una gira por Centroamérica que fue clave para armar el grupo. “Pintó una humildad que fue espectacular. Hicimos esa gira por Centroamérica que nos llevaron a pensiones en vez de hoteles. Sufrimos como locos, no había un peso, todos habíamos firmado contratos más o menos, y teníamos que pedir ‘prima’ para agarrar plata en la mano”.

El equipo fue sorteando etapas y llegó a la final de la Libertadores contra Newell’s Old Boys en el Centenario. “Ellos vinieron con un agrande porque nos habían ganado en Rosario. Tenían un plantel bárbaro. Pero el Hugo hizo una charla en el túnel que nos motivó. Nos hizo sentir el ambiente de ese momento, que te metieras en el partido en ese momento. Nos paró en el túnel y nos dijo: ‘miren como está el estadio, vinieron a vernos salir campeones a nosotros no a ellos, vamos a pensar en lo que tenemos que hacer y no en lo que ellos nos pueden hacer, la copa no se puede de ir de casa’. Se jugó como nunca ese día, se maniató Newells y no tuvo como salir”.

Recorte de un diario brasileño, cuando pasó por el Mineiro

Nacional ganó 3-0 con goles de Ernesto Vargas, Santiago Ostolaza y Hugo de León de penal.

Para 1989 llegó Héctor Núñez como entrenador y varios jugadores quedaron libres. Entre ellos Mario López. “Llevó a Julio Zoppi de Huracán por mi”, contó el expuntero que luego estuvo seis meses en Atlético Mineiro y volvió a River Plate.

Una mañana de mucha lluvia en el Saroldi se detuvo un ómnibus en la puerta y bajaron dos japoneses. “Uno era el que nos había hecho los contratos con la ropa antes de la final Intercontinental en Japón. Yo le había dado una mano para que Hugo De León y Jorge Seré hablaran con él”. Hacía un mes que estaban en Montevideo con un equipo de fútbol universitario.

Ese día llegaron al Saroldi porque querían hacer fútbol y otra vez fue López el intermediario. Consiguieron el estadio Charrúa, que tenía un buen drenaje, y los japoneses hicieron fútbol contra River Plate. Se llevaron de recuerdo un par de goles de Pitufo López y dejaron la promesa de que le iban a gestionar un pase a Japón.

En el parillero de su domicilio

A los dos meses se fue a jugar al Toshiba junto a Pedro Pedrucci. Al año siguiente llegó Hugo De León al equipo. “Lo menos que me imaginé que el pase me saliera, por el idioma. Uno era sufrido ya y por el tema económico me servía. Lo bravo fue llevar a mi señora porque hacía un mes habíamos armado todo para el casamiento. Me vino re bien porque estábamos con los pesitos justos y me salió eso. Me casé y al mes nos fuimos”.

La expansión del fútbol japonés estaba en ciernes y esa época llegaron jugadores de la clase del brasileño Zico, el italiano Schillaci y el inglés Lineker.

Toshiba era la dueña del club donde fue López y tenía un lugar específico donde vivían todos los empleados de la empresa. Desde la llegada al país López y su esposa tuvieron dos personas a disposición para que los ayudaran en todo lo que necesitaran. “Nos empezó a gustar a pesar de que no teníamos mucha comunicación. Había algo que nos seducía para quedarnos y fue el trato de ellos”.

Nacional campeón de 1988

Futbolísticamente también le fue bien y cada año firmaba mejores contratos. “Hice una diferencia bárbara y me metí más en el fútbol de ellos por la rapidez. Yo les ganaba con la picardía, les hacía un amague y se clavaban de cabeza. Esas cosas me ayudaron”. Jugó seis años y producto de ese pasaje tiene actualmente su casa en Malvín.

Terminó la carrera de futbolista en Miramar Misiones y después de hacer el curso de Entrenador envió su currículum a Japón. Lo llamaron enseguida y trabajó durante cuatro años en una escuela japonesa de nombre brasileño: Canarinho.

Regresó a Uruguay y estuvo en la Scuola Italiana, el Náutico, en Danubio con Gustavo Machaín, le enseñó a definir a los delanteros del Caracas de Venezuela y también colaboró con un equipo indonesio que permaneció tres años aprendiendo en Uruguay.

Mario López como ayudante de Larriera en Defensor Sporting

Un día lo visitó Mauricio Larriera en su casa y lo invitó a integrar su cuerpo técnico como asistente. “Jugamos juntos en Racing, lo llamaron para dirigir y se acordó de mí aunque hacía tiempo que no  lo veía. Me ofreció de ayudante y arranqué. Ese año hicimos una campaña bárbara”.

Luego continuaron en Defensor Sporting. Destaca de Larriera, el técnico campeón con Peñarol en 2021, que “transpira fútbol, se actualiza, mira todo”.

Quedó afuera del cuerpo técnico cuando el ahora entrenador aurinegro se fue a Catar. Al poco tiempo lo llamó Ricardo Perdomo para integrarse al trabajo de captación de City Torque. Empezaron de bien abajo  y seis años después, el club que ahora tiene el apoyo económico del Grupo City, disfruta de sus juveniles.

 

Puntero derecho
Debutó en Primera división en Sud América. Luego jugó en Liverpool, Huracán del Paso de la Arena, Rampla Juniors, Huracán Buceo, River Plate, Nacional, El Tanque, Toshiba, Kyoto Sanga, Ventforet Kofu, Tosu Futures (los últimos cuatro de Japón), Miramar, Racing y se retiró en El Tanque en 2000. Disputó 41 partidos con la camiseta de Nacional y fue campeón de la Libertadores e Intercontinental 1988.
Gerson, Eder y las pelotas ovaladas de Jair
En 1989, después irse de Nacional, jugó seis meses en Atlético Mineiro, donde estaban Gerson y el puntero izquierdo Eder. Cuando estaba en la concentración, los jugadores brasileños le preguntaban porqué en Uruguay no se entrenaba más la técnica: “Ustedes tienen la garra, que sabemos que eso no se entrena, lo que no entendemos es porqué no entrenan la técnica. Si lo hacen, serían invencibles. Ya quisiéramos nosotros tener la garra de ustedes”. López también jugó con Jair Goncálves, el brasileño que se quedó con el auto de la final Intercontinental de 1982. “Lo llevó Atijas a Huracán. Las pelotas que metía, cómo le pegaba. En los entrenamientos me quedaba a mirarlo porque le tiraba tiro libre a los goleros y las pelotas que pegaban en el palo quedaban ovaladas, deformaba las pelotas”.
El liderazgo de Hugo De León
Mario López recuerda las charlas de Hugo De León en aquel equipo de Nacional de 1988 y su liderazgo en todos los aspectos. “Por la Supercopa jugamos contra Flamengo en el Maracaná. Antes de salir a la cancha el Hugo me llamó y me dijo, ‘andá a la boca del túnel y cuando veas que Flamengo sale avisanos’. Cuando asomaron y empezaron los fuegos artificiales salimos nosotros, en medio del festejo de ellos. Eso nos dio una moral bárbara. Él estaba en sos detalles, por experiencia, y los volcaba  con humildad”. Nacional ganó 2-0. Además, “también manejaba a la barra. Iban a Los Céspedes y él les decía, ‘ya te dí el teléfono, no vengas acá, llamame y nos encontramos en otro lado, acá no porque no queda bien porque queda como que nos vienen a apretar y acá no nos van a apretar, ya sabemos lo que tenemos que hacer”.
Cambiá el equipo porque hay dos titulares que no vienen: están presos
El trabajo de captación para armar las inferiores de City Torque fue arduo y empezó sin nada hace seis años en Paso de la Arena. “Captabamos todo lo que sobraba de Cerro, Rampla, Liverpool, Fénix. Yo había armado una Quinta con cada pinta. Me acuerdo que armaba el equipo para el sábado y venía la delegada y decía, ‘Mario mirá que te faltan dos o tres de los titulares porque los agarraron robando y están presos’. Yo cuento en broma que iban a entrenar y decían ‘Profe, dónde dejo el arma’”. Luego la cuestión mejoró: “Con la llegada del Manchester, los gurises que dejaban en River o en Wanderers empezaron a ir. El cambio se dio cuando nos fuimos a la Ciudad de la Costa, al complejo Gol al futuro, donde llegaban más de Peñarol, de Nacional, de Defensor”, contó Mario López.
“Larga a la espalda, correr y tirar el centro banana”
La velocidad fue el arma principal de Mario López en el fútbol: “Me di cuenta cuando un preparador físico me dijo, ‘Mario tenés unas condiciones bárbaras pero a veces te ponés a inventar y si vos explotás tu velocidad, es difícil que te paren’. Lo mio era sencillo: buscaba el 1 contra 1, larga a la espalda, correr y el centro banana”.

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