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Nelson Agresta y su esposa

Fútbol > HISTORIA

Fue referente de Maradona y quedó afuera del Mundialito de 1980 por las críticas de un periodista: la vida de Nelson Agresta

Debutó con 14 años, Bilardo lo llevó a Estudiantes y jugó con Maradona en Argentinos Juniors y con la celeste le quedó una asignatura pendiente

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16 de julio de 2022 a las 05:02

A poco de cumplir 67 años, Nelson Agresta disfruta de la playa y de sus nietos en Gandía (Valencia), a orillas del Mediterráneo. El exfutbolista y entrenador se instaló en España después de la crisis financiera de 2002 en Uruguay, que lo puso en primer plano aunque afuera de una cancha de fútbol. Retornó a Uruguay en 2015 con la esperanza de volver al deporte, pero regresó a Europa cuando descubrió que nada era como antes.

Como jugador integró el equipo de Liverpool vicecampeón Uruguayo en 1974; Carlos Bilardo lo llevó a Estudiantes y después se volvió porque tuvieron  problemas;  jugó con Diego Maradona cuando empezaba en Argentinos Juniors; un periodista hizo campaña para que Máspoli lo sacara del plantel que ganó el Mundialito de 1980, pero luego tuvo la revancha: fue campeón de América en 1983. Jugó en la selección hasta que Omar Borrás le dijo: “Nelson, la gente ya se aburrió de usted”.

Agresta nació en Isla de Gaspar e Hilarion de la Quintana, cerca de la excantera de los presos y luego se mudó a La Teja. Debutó en Racing con 14 años. El técnico era Liborio Ruiz López y recuerda a Beto Gil, Baeza, Chufla Ramos, el Chango Díaz, Ravel, Luis Speranza, Caltieri y al argentino Roberto Saporiti entre otros, como compañeros en la Academia de Sayago. En 1972 pasó a Liverpool, donde participó de un ciclo dorado deportivamente para el negriazul.

Polilla De Los Santos, Agresta, Hugo De León, Waldemar Victorino y Juan Ramón Carrasco

“Una de las mejores épocas, no solo por lo deportivo sino por la Operación Coraje. El presidente era Chiche Larrea y el tesorero Carlitos Leiza. Hacían una cosa muy importante con el jugador; cuando pasé a Liverpool quería cobrar una prima (cantidad adicional al salario) y me dijeron que no pagaban, que me buscara una casa. Así compré mi primera casita, en La Teja. A todos los jugadores de Liverpool les hacían lo mismo. Tenían otra mentalidad”, dijo Agresta, quien integró un mediocampo de excepción junto a Saúl Rivero y Denis Milar.

“Entre 1971 y 1975 debe haber sido de las mejores épocas de Liverpool, porque los demás clubes también tenían equipos importantes. A veces hablamos y todos recordamos esa etapa, por el compañerismo, la amistad y el respeto que había”.

Agresta debutó en Primera como número 10. “Yo era otro jugador, técnicamente bueno”, dijo a Referí. Luego, cuando pasó a Estudiantes de La Plata cambió su forma de jugar. “Con Bilardo jugábamos dos de marca, Pachamé y yo, o Reguera, y me hice un poquito más agresivo, más ferretero”, contó.

Carlos Bilardo viajó a Montevideo a buscar un jugador para Estudiantes y tras observar un partido de Liverpool eligió a Agresta y a Hugo Cabezas, quien jugaba de centrodelantero. “A mi me compró Estudiantes y a Huguito lo llevaron a préstamo por un año, después lo compraron”.

Lío con Bilardo

Agresta permaneció hasta mitad de 1976 en La Plata y se fue después de tener lío con el entrenador. “Yo era muy joven y temperamental, y a lo mejor no me supieron llevar en ese momento. Tuve problemas con Bilardo y con un par de compañeros. En un momento me quería comprar Peñarol y no quisieron venderme. Después fui a Defensor”, recordó.

En ese tiempo Bilardo vivía por y para el fútbol. “Le dedicaba mucho tiempo, nos tenía concentrados toda la semana y nos dejaba solo un día libre. Igual nos tenía dos horas tirando un córner, era fatal en ese sentido. Tenías que estar a full y si te veía los brazos en jarra no te decía nada, pero no seguía el entrenamiento hasta que vos te dieras cuenta y bajaras las manos”.

A mediados de 1976 se integró a Defensor y en 1977 pasó a Argentinos Juniors, al mismo tiempo que apareció Diego Maradona, con quien entabló una linda amistad.

Nelson Agresta y Diego Maradona en Argentinos Juniors

“Diego había jugado un partido en el Nacional de 1976. El técnico, Antonio Da Corso, era un maestro y me llevó un poco como líder. Me dijo, ‘hay un pibe que juega bien, pero es muy pibe’. Entonces le dije que si jugaba bien había que ponerlo, y apareció Diego. Excelente, extraordinario, en las prácticas entrenaba de verdad, se quedaba a tirar tiros libres, se dedicó mucho en esos momentos. Aparte de las condiciones físicas y técnicas que tenía, se preocupaba por mejorar.”

Pero Agresta no solo lo recuerda como futbolista. “Diego conmigo  tenía un respeto tremendo. Me invitó a su casamiento en el Luna Park, y lo trajimos a Uruguay a la casa del Pato Aguilera”. Ambos coincidieron en River Plate y cuando el Pato pasó al Genoa y enfrentó al Napoli, le dijo a Maradona que era amigo de Agresta. El argentino le regaló la camiseta y también se hicieron amigos. “Me acuerdo cuando lo fuimos a buscar al puerto. Él siempre igual conmigo, más allá de sus cosas y de lo que se habla, conmigo tenía un respeto tremendo, un buen amigo”, contó Agresta y agregó: “Tengo lindos recuerdos de él, siempre digo que jugué con tres números 10 que fueron fantásticos: Maradona, Francescoli y Denis Milar”.

Con Francescoli compartió la selección que armó Omar Borrás. “Los más veteranos por temporadas jugadas eramos Rodolfo Rodríguez y yo. Fuimos a la India y aparecieron Francescoli, el Pato Aguilera, Polilla Da Silva, Pete Russo. Todos muchachos jóvenes, y se armó un lindo grupo que se coronó campeón de América en 1983.”

Su idilio con la celeste empezó antes y tuvo un momento doloroso para el exvolante en el Mundialito de 1980.

En 1974 integró el plantel de la selección juvenil con Carlos Silva Cabrera y luego disputó la Copa América de 1979 con Roque Máspoli. Permaneció hasta 1983, pero no jugó la Copa de Oro que se desarrolló en Montevideo.

Afuera del Mundialito

“En Nacional me habían separado del plantel, junto a Caillava y otros dos jugadores. Tenía que entrenar solo. Hicimos una gira con Máspoli y El Veco (Emilio Laferranderie), un periodista de la época, empezó a darme para atrás porque yo no tenía fútbol, hasta que me sacó. Entró Ariel Krasouski y anduvo bien. Yo pensé que iba a quedar igual para la Copa de Oro, pero faltando tres días para empezar nos eliminaron a mi, a Goyén, a Cáceres y otro más que no recuerdo ahora. Tanto es así que fui a ver el torneo y Máspoli me hizo entrar a dar la vuelta olímpica por un tema emocional. No haber participado me dolió mucho”, expresó.

Selección de Uruguay, con Agresta al lado de Rodolfo Rodríguez

Luego de eso, fue a hablar con Nacional para definir su situación deportiva. “Yo no podía seguir parado, hacía un año que no jugaba. Y fui  a River Plate en 1981; hicimos una gran campaña con Markarian, le ganamos a Peñarol y a Nacional en la misma semana, y me eligieron como el Mejor Jugador del Año. Ahí me volvió a citar Máspoli para las Eliminatorias y no paré hasta finales de 1983, cuando Omar Borrás me dijo muy claramente, 'Nelson, la gente está un poco aburrida de usted, si le aparece un club sálvese porque vienen los Bossio, los Saralegui'. Le dije ‘no hay problema’ y me fui al San Luis de Quillota, un equipo chico de Chile, que estaba peleando el descenso y nos salvamos.”

Aquella decisión de Borrás no le pareció mal porque el técnico fue de frente, en cambio la de Máspoli sí le dolió, porque lo dejó afuera tres días antes del torneo. “Son aprendizajes del fútbol y en esto nadie es perfecto, todos nos equivocamos.”

La charla con Iocco

La salida de Nacional también le dejó un gusto amargo. “En Nacional me fueron, me dejaron afuera de los planteles. Jugué la Liguilla con Dellacha y me hice un esguince de tobillo. Me revisaron y dije que si me vendaban jugaba igual, pero Mugica y Gesto, que asumieron después, me dijeron que iban a jugar solo los que estuvieran 100%. Después de ahí me fui a la gira con la selección. Me preguntaron cuál era el mejor 5 y dije que era yo. A la vuelta, Nacional me mandó una carta que no me presentara hasta nuevo aviso. Pasó un mes y hablé con Mugica, quien me dijo que no contaba conmigo porque tenía muchos volantes centrales. Tampoco me dejó entrenar y me sacaron así de golpe y porrazo, nunca supe el motivo.”

Agresta era padre de dos niñas, por lo que fue directamente a hablar con el presidente Dante Iocco, ya que estaba poniendo en riesgo el bienestar de su familia.

Agresta festejando los 66

“Fui hasta la oficina del presidente y le dije que definiera mi situación o íbamos a tener un problema muy grande. Porque si lo van a tener mis hijas, lo va a tener que tener usted también. Y me dio a préstamo a River. Yo ya estaba haciendo la pretemporada con el profe Ventura y con Markarian. Después volví a Nacional y me compró Sud América.”

El técnico Roberto Perfumo fue el que lo llevó a la IASA. Lo había enfrentado en Argentina y le insistió para que fuera a Sud América. “Fue uno de los grandes entrenadores que tuve, que no anduvo en Sud América por su personalidad. Los jugadores le tenían demasiado respeto, entonces no se soltaban a jugar. Después que se fue él empezamos a ganar. A veces la imagen y el respeto que asume un entrenador de ese perfil, como que daba temores. A mi me puso de capitán. La presencia de él inspiraba otra cosa y hubo muchachos que lo sintieron”, explicó Agresta.

Otro fútbol

En 2015 Agresta regresó a Uruguay con la esperanza de reinsertarse en el fútbol, pero no fue posible: “Cambió todo el fútbol, las formas que se utilizan no son las de antes, que tenías que hacer la escalera, divisiones menores, después la B, la A, y empezaban a aparecer cosas. Igual no me puedo quejar, dirigí poco en Uruguay y me fue muy bien porque todo lo que me dieron lo saqué a flote”.

En un breve repaso, recuerda su trayectoria como entrenador: “Agarré Cerrito para salvarlo y lo salvé; después River que estaba allá abajo y lo metí casi para pelear la Liguilla. Cachorro Sánchez hizo una excelente campaña con Villa Española y lo subió de la C a la B. Cuando faltaban nueve partidos me dieron el equipo después de perder tres o cuatro partidos con el objetivo de subirlo y lo subimos. Cosas así, después me fui a Japón, en China me fue muy bien, firmé contrato por dos años y medio en la época que iba poca gente de Uruguay y llevé muchos jugadores uruguayos”, señaló.

Luego, se cortó el hilo: “Trabajé hasta 2014 y las posibilidades cayeron. Yo no soy de andar llamando a nadie y aparte hoy se maneja muy diferente, hay mucha gente joven que agarra Primera, gente que tiene derecho a trabajar, pero no está con la espalda ancha como para resistir algunas cosas a veces”, expresó.

En familia

“Antiguamente era diferente. Los entrenadores no trabajaban tanto, sino que eran más paternales, pero había jugadores de experiencia que te enseñaban, te educaban, te decían lo que era el profesionalismo, era otro respeto. Me acuerdo de mi época de Racing y de Liverpool cuando recién empezaba, eran grupos de sensacionales personas”, explicó.

Quedan pocos entrenadores de su generación en actividad. “Fossati y Carreño. A los demás los tienen retirados. Uno puede tener una edad y puede estar bien de la cabeza, bien físicamente porque es importante. Cuando hablan de personas de 66, 67 años se preguntan cómo estará, viejo, gordo, pelado, desactualizado. Pero hay gente que está actualizada, que está bien y que puede darle al fútbol lo que el fútbol le dio a él y fundamentalmente a los jugadores”, indicó.

Cuando jugó en River, los futbolistas hacían colecta para comprar lo que faltaba en el vestuario, y hasta le compraron un reloj despertador a Washington Villar porque siempre llegaba tarde. En Sud América estuvieron varios meses sin cobrar. En la cancha de Liverpool hasta pedregullo había; se caían y dejaban la piel: “Hoy podés jugar a dos toques, antes no podías, tenías que tener mucha técnica para jugar. No era fácil. Hoy hay mucha juventud y lo peor es que no quedan entrenadores con experiencia”, reflexionó.

De 10 a ferretero
Debutó a los 14 años en Racing jugando de enganche. Luego pasó a Liverpool y fue vicecampeón Uruguayo en 1974. Pasó a Estudiantes donde se transformó en “ferretero”. A mediados de 1976 volvió a Uruguay para jugar en Defensor. Luego siguió en Nacional, River Plate, Sud América y San Luis de Quillota de Chile. En la selección jugó 34 partidos.
La crisis de 2002: “Me arruinaron”
“Me arruinaron, no tanto económicamente porque después hice un convenio, pero me arruinaron en la parte deportiva porque me peleé con todos, a los políticos les dije de todo. Y la mayoría está metido en el fútbol y me entraron a borrar, por eso me vine a España” contó Agresta sobre la corrida bancaria de 2002 que provocó el quiebre y cierre de algunos bancos. “A mucha gente nos hizo pasar muy mal, es una cicatriz que no se me borra nunca más, porque el dinero lo había hecho afuera y cuando voy a protestar los bancos estaban cerrados. Yo era la cara visible por quien era, pero no porque tuviera la capacidad. En un momento pensé que me iban a hacer boleta. El orgullo que tengo hoy es que los ahorristas me veían y me saludaban, porque nunca intenté salvarme solo”, manifestó.
“Acá no me driblees”, le decía Agresta a Enzo Francescoli
“Escuché la nota de Ruben Sosa, un grande de verdad, que le dijo a Brian Ocampo, que se lesionaba mucho. Se lo habrá dicho con otras palabras. Mucha gente lo vio mal y eso lo hacían antes los más grandes con todos nosotros y después lo hacíamos con los que venían atrás. ¿Sabés cuántas veces le dije cosas al Pato Aguilera en River? O a Francescoli, cuando dribleaba en la mitad de la cancha y yo le decía ‘acá no me driblees, dribleá allá más cerca del área que si pasas es gol y si no es penal’. Para llegar en el fútbol hay que tener un cuidado especial. La alimentación, el descanso, no salir de fiesta. Mirá Cristiano Ronaldo y Messi, lo que se cuidan para lograr ser los mejores durante 15 o 20 años. Es otra mentalidad, se ve que los educaron y tuvieron gente que los apoyaron, para decirles si queres ser el mejor durante 10 años tenés que hacer esto y esto”.
Tres hijas y seis nietos: “Tengo para entretenerme”
Agresta se casó a los 18 años y casi 50 años después sigue felizmente casado, según dijo. Es padre de tres mujeres y abuelo de seis nietos. “Tres varones que juegan al fútbol, Nahuel en La Rinconada, Alex y Piero en Portuario en España, y tres niñas, Agustina, Iara y Martina. Así que tengo para entretenerme”, señaló.

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