Literalmente desde arriba, y figuradamente desde el lado izquierdo del espectro político, el gobierno recibió en los últimos días alivios esperados, y otros no tanto, que le han permitido transitar con un poco más de tranquilidad la crisis de una sequía histórica que llegó a las canillas del sur del país con su indeseable fluir de agua salada.
La primera y principal ayuda vino acompañada por lluvias un tanto tímidas pero que bastaron para que el río Santa Lucía engrosara su caudal hasta el punto de que la OSE pudo prescindir del Río de la Plata y, por primera vez en muchas semanas, los habitantes de Montevideo y el área metropolitana pudieron acceder al agua dulce, sin necesidad de comprarla en envases de plástico.
El secretario de la presidencia, Álvado Delgado, se animó a decir que el “pico” de las crisis del agua ya quedó atrás y en el oficialismo se esperanzan con superar de una vez por todas un problema que amenazaba con convertirse en una de las peores caras del último tramo del gobierno de Lacalle Pou.
La construcción del embalse para conseguir agua del río San José es una de las principales cartas para mantener la situación a raya en caso de que las lluvias sigan escaseando. Integrantes del gobierno habían dicho a El Observador que se llegaron a imaginar un escenario de agua de OSE completamente salada y de colas en los supermercados de gente ansiosa para conseguir su cupo de agua embotellada. Ahora sienten que esa eventual emergencia va menguando aunque el presidente Luis Lacalle Pou advirtió que “no está la batalla terminada, ni cerca”.
Literalmente desde arriba, y figuradamente desde el lado izquierdo del espectro político, el gobierno recibió en los últimos días alivios esperados, y otros no tanto, que le han permitido transitar con un poco más de tranquilidad la crisis de una sequía histórica que llegó a las canillas del sur del país con su indeseable fluir de agua salada.
Pero, más allá de los avatares de la naturaleza, el gobierno se consiguió una voz insospechada que jugó a favor de la Torre Ejecutiva en el debate de las responsabilidades por la falta de obras que previnieran los coletazos de esta sequía histórica,
Fue el expresidente y líder del MPP, José Mujica, quien rompió con la polarización en el reparto de culpas. "Tendríamos que haber arrancado antes. Se me van a enojar, nos dormimos todos, compartamos la responsabilidad. Es mi manera de pensar. ¿Por qué? Ay, el bendito déficit fiscal. Estaba el proyecto pronto, estaba la financiación, pero hacía saltar el déficit fiscal para arriba. Podríamos haber hecho a tiempo Casupá", dijo Mujica en referencia al proyecto anunciado y nunca concretado por las administraciones frenteamplistas.
Tras estas declaraciones, por algunas horas las críticas de la oposición dejaron de tener al gobierno como norte y se enfocaron en el inesperado cuestionamiento compañero.
"No comparto lo que dijo Mujica. El problema es pensar que Mujica es Dios. Discrepo profundamente con lo que dijo. Y lo quiero igual que siempre, cuando acuerdo y cuando desacuerdo", dijo el presidente del Frente Amplio, Fernando Pereira, en declaraciones a Radio Sarandí.
Los dichos de Mujica abrieron una brecha en la estrategia de la izquierda de intentar fomentar la idea de que la crisis del agua es toda responsabilidad del gobierno de Lacalle Pou.
Por otro lado, desde la orilla argentina, el presidente Alberto Fernández obligó a todo el sistema político uruguayo a abroquelarse ante una declaración del todo incierta que bastaba con desmentir dando una media vuelta de grifo.
"El tiempo que nos viene por delante nos enfrenta a muchos desafíos y nos da muchas oportunidades. El gran desafío es el cambio climático. Ya está visto. Lo vivimos en la sequía y lo vive Uruguay donde en Montevideo abren las canillas y el agua no sale", desafinó el mandatario argentino.
Previsiblemente, desde el oficialismo llovieron los palos sobre Fernández. “Es leer por internet y se entera enseguida si quiere obtener la información correcta. (El error) puede ser por dos razones, mala intención, que la descarto, o por ignorancia", lo corrigió el presidente Lacalle Pou.
Pero el evidente desatino de Fernández obligó a los frenteamplistas a responder el comentario. “Está equivocado. Le erró”, dijo Pereira quien, por segunda vez, tuvo que criticar a quien no hubiera querido.
Como para volver a poner a prueba las reacciones de la izquierda, integrantes del sindicato de OSE prendieron bombas de humo dentro de la sede del organismo en protesta por la licitación para el proyecto Neptuno, según informó el programa Santo y Seña.
"Si fuera por mí, tampoco llevaría una bomba de humo. Pero no tiene nada de peligroso, uno la ve en los estadios. No hay que hacer de cada cosa un mundo", dijo esta vez Pereira ante el episodio en el que varios funcionarios sufrieron irritación en los ojos y una embarazada tuvo que ser atendida por servicios médicos.
El director frenteamplista en el organismo, Edgardo Ortuño, también le restó importancia al episodio que puso el eje de la polémica por el agua en la actitud del sindicato del ramo.
“Creo que tenemos problemas más importantes que este tema que se está magnificando”, declaró Ortuño notando que el FA se estaba poniendo a la defensiva. Una vez más, el Frente decidió desafinar en defensa de sus aliados sindicales antes de atreverse a criticar una conducta repudiable.
En definitiva, en pocos días el gobierno se vio aliviado gracias a la desinformación de Fernández, al exceso de los sindicalistas y a la sinceridad de Mujica. Y, claro, a la lluvia.