1 de febrero 2020 - 5:02hs

No son amigos, ni enemigos. Tienen más coincidencias de lo que parece, pero son distintos. Diferentes pero complementarios, y a la vez son competidores. Los dos tienen una misma meta para 2024, pero ese premio es solo para uno: la Presidencia.

Para lograr ese objetivo, no dependen de sí mismos, sino de una conjunción de hechos, aunque obviamente importa mucho lo que haga cada uno: es trascendente eso.

Guido Manini Ríos y Ernesto Talvi precisan que el gobierno de Luis Lacalle Pou obtenga buenos resultados, que la coalición multicolor tenga un funcionamiento visiblemente efectivo, que la oposición de izquierda no convenza a la mayoría del electorado que es la alternativa más conveniente, y además, transmitir la imagen de ser el mejor sucesor, para dar continuidad de buena gestión, pero mejorada.

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Diego Vila

No es fácil; tampoco imposible, pero no es sencillo. Tienen topes, al menos por ahora, en la captación de votos y en la magnitud del partido propio, y también tienen dificultades para llegar a determinados segmentos de votantes.

Y si agregan dificultades, entonces sí es mucho más dificil.

Peleados, es imposible.

Precisan mostrar que son buenos cogobernantes y dar esperanza de que pueden ser mejores gobernantes, como líderes de una administración, como conductores del vehículo y no como una rueda del mismo. Por lo tanto, Talvi y Manini, tienen una carrera paralela, de competencia entre ellos, pero de simultánea cooperación. Se precisan.

La carrera a la Torre Ejecutiva es dura y compleja, pero sólos, sin apoyo mutuo, se convierte en una quimera.

El excomandante del Ejército ha mostrado que tiene claro eso; no ahora, sino desde que largó su carrera en marzo de 2019. Siempre expuso que estaba en la otra vereda del Frente Amplio, o sea, que era parte de una alianza de expresiones política variopinta, pero promotora de un cambio respecto a los tres quinquenios seguidos de la izquierda.

Talvi tuvo otra postura y ha querido tomar distancia de Manini, y en algunos casos, eso llegó al general como una expresión de desprecio.

A Manini, y a su entorno, le rechina esa conducta de muchos políticos, politólogos, periodistas, opinólogos en debates de radio o de TV, que ven a Cabildo como si tuviera una enfermedad contagiosa.

Lo que se ha visto como pelea “Talvi-Manini” no es un enfrentamiento de a dos, es un problema de Talvi con el excomandante y su grupo, de incomodidad con la sociedad. Lo dijo en campaña: mientras Lacalle Pou consideraba a Cabildo como un seguro socio, Talvi especulaba que si las urnas daban mayoría sin ese partido, era mejor dejarlo afuera.

Diego Vila

El encuentro entre ambos que se dio este jueves, con un testigo político de cada lado, es un hecho político en sí mismo, y  habrá que ver si es un punto de inflexión: o sea si Talvi modifica su relacionamiento con este socio político.

Manini tiene claro que para ganar en 2024 precisa a todos los blancos, colorados y afines. Mira el tablero de batalla sumando piezas, porque es consciente que solo no llega.

Talvi ha sido fiel a otra estrategia, no de sumar voluntades sino de apostar a la pureza de su propuesta, sin “contaminar” su movimiento con dirigentes no deseados, ni ideas ajenas, y esperar que el público confié en él. Eso no solo lo aplica hacia potenciales asociados sino también al interior del Partido Colorado.

Esta estrategia parecería estar condenada al fracaso, pero eso se pensaba antes de la interna, y Talvi mostró que derrotó a un prócer batllista.

***

El encuentro del jueves puede mostrar un giro en una relación que ha sido turbulenta.

Manini demostró capacidad de manejo político cuando luego de ser rechazado por Talvi en su oferta de candidato a la IMM, salió a decir públicamente que si Talvi quería postularse, Cabildo lo apoyaba.

Ese hecho fue significativo.

Manini puso el interés de la coalición por encima del personal. Cuando propuso su nombre, lo hizo con un mensaje: acá nadie quiere agarrar la bandera de enfrentar al Frente; bueno entonces acá estoy yo que si quieren, tomo el desafío. Lo transmitió como un gesto, como un aporte.

Talvi dejó en evidencia que su fugaz candidatura había sido una reacción alérgica al anuncio de Manini, pero que nunca tuvo intención de hacerlo. Nadie creyó que cometería un error de tal magnitud, luego de haber hecho gestiones como canciller designado.

En medio del enredo por la elección de Montevideo, que hasta para los votantes de la “multicolor” era un papelón amargo, Talvi recibió a Manini.

Había necesidad de un entendimiento.

¿Por qué Talvi ha tenido esa actitud frente a Manini?

En lo económico, Talvi es liberal, Manini Ríos no es tan liberal, pero ambos tienen más coincidencias programáticas entre sí que con el Frente Amplio (basta leer los programas de gobierno, o los documentos de principios de cada partido).

En lo político, habrá discrepancias, como Talvi puede tener también con otros socios, Zubía, Botana, Tabaré Viera, entre otros.

Cabildo arrastra una carga que trae consigo críticas y eso sí es “contagioso”. En política, ser “amigo” de un comunista o un tupamaro está “piola”, pero ser “amigo” de uno de Cabildo, exige una explicación del motivo. Nada de eso tiene que ver con “convicciones democráticas” sino con simplificaciones de caricaturas mal hechas.

La dirigencia y militancia de izquierda ha sabido usar el “cuco” de Cabildo para provocar chisporroteos en la coalición multicolor, sea criticando algo del grupo de Manini, o exigiendo a otros que se pronuncien por dichos de algún adherente de Cabildo.

***

Agitar el cuco de antidemocrático, buscando algún dirigente poco relevante con expresiones alarmistas, es más o menos sencillo. En los lemas de partidos grandes (PN, PC, FA) siempre hay un par de figuras que si le busca la boca, larga una animalada sin mucha presión. Es tan sencillo encontrar uno de Cabildo, como sería hacerlo con algunos del Frente, pero los activistas de izquierda son más ágiles en esas prácticas.

Algunos dichos de Mujica sobre fin de año respecto a mujeres y otros temas, generaron críticas incluso de frentistas, pero si los hubiera dicho Manini o uno de los suyos, la hoguera hubiese sido demasiado poco.

En ese contexto, ser amargo con Cabildo, “paga”, y ser amigo de Manini es como exponerse al contagio de un virus.

No significa que Talvi haya caído en la trampa de la izquierda, pero es que no es fácil encontrar las las razones del conductor de Ciudadanos, para su relación con un socio natural.

Por su parte, Cabildo genera anticuerpos, por ser partido nuevo, tener gente sin experiencia política, por no comprender la relación con medios de comunicación, por contar con adherentes que postean expresiones de fuegos artificiales... Igual, nada de eso justifica que los pongan de “cucos”.

Ahora importa el ahora, y el futuro.

La relación entre ambos y la conducción que hagan de sus grupos políticos, tendrá incidencia en el actual gobierno y también en sus aspiraciones y proyectos políticos. 

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