12 de enero de 2012 22:28 hs

Por cada fábrica un molino. Así podría simplificarse el plan que elabora el gobierno para promover la autogeneración eólica en el sector privado, en especial, en la industria manufacturera, que es uno de los mayores consumidores de energía.

Además de mantener la apuesta por una de las fuentes de generación más limpias y que en los últimos meses ganó también fuerte atractivo desde el punto de vista económico, como la eólica, las autoridades dan ahora quizá el paso más importante para impulsar la autonomía energética, que es otro de los objetivos importantes que se han trazado para el quinquenio.

La Dirección Nacional de Energía (DNE) trabaja en la redacción de un decreto que establece incentivos para las industrias que resuelvan instalar un aerogenerador para consumo propio, que será presentado ante el presidente José Mujica para su aprobación a fines de mes, informó a El Observador el director Ramón Méndez.

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La iniciativa apunta a que cada industria genere la energía que consuma y –a modo de incentivo– el excedente pueda vender lo a UTE, sostuvo el jerarca.

El tipo de aerogenerador que se planea para este caso dependerá de las necesidades energéticas de cada empresa, lo que puede significar la instalación de un molino con potencia de dos megavatios –como los existentes en los parques eólicos uruguayos– o un aparato de menor producción.

En este último caso, se trata de aerogeneradores con una potencia mínima de 150 kilovatios –que hoy no se comercializan en el país–, cuyos precios oscilan entre US$ 2.350 y US$ 2.650 el kilovatio instalado, explicó Méndez.

En cambio, los aparatos que permiten una producción de 2.000 kilovatios exhiben un costo de colocación de entre US$ 1.800 y US$ 1.900 por kilovatio, de acuerdo a información de la DNE.

Por tanto, la ecuación económica que realice la industria que pretenda producir su propia electricidad con fuente eólica deberá contemplar, además de sus necesidades, el factor de escala de la inversión y la posibilidad de comercializar el excedente.

El estudio de factibilidad que realice cada industria para evaluar la conveniencia del proyecto será subsidiado en dos terceras partes por la DNE a modo de incentivo adicional, dijo Méndez.

Inversión
La instalación de un molino de viento implica desembolsar entre US$ 350 mil y US$ 3,8 millones, lo que representa una erogación significativa para una empresa.

Para ello, la DNE acordó con el Banco República (BROU) que los proyectos eólicos a nivel industrial obtengan un préstamo de largo plazo. En ese sentido, “la posibilidad de financiar a 10 o 15 años constituye la mayor ventaja de estos créditos”, explicó a El Observador Fernando Calloia, presidente del BROU.

Para percibir este tipo de préstamos las empresas deben alcanzar calificación crediticia y la tasa de interés dependerá del riesgo particular de cada proyecto, señaló Calloia.

En la línea de fomentar la autogeneración energética, el año pasado UTE resolvió otorgar un subsidio de $ 4.200 a los hogares que instalen un colector solar para calentar agua.

En 2010, el gobierno autorizó a los usuarios conectados a la red de distribución de baja tensión a instalar generación de origen renovable, permitiendo la venta del excedente a UTE. La medida apostó básicamente a generar una mayor conciencia sobre el cuidado del recurso energético.

En otro terreno, la apuesta que realiza ANCAP por los biocombustibles busca reducir la dependencia del petróleo, de forma que el país gane en mayor independencia energética. l

US$ 63,8
El precio promedio de las ofertas ganadoras de la segunda licitación de UTE para comprar energía eólica se situó en US$ 63,8 el megavatio, según datos oficiales.

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