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La búsqueda de una nueva oportunidad y el miedo de los inmigrantes a no conseguir trabajo

La Asociación Idas y Vueltas organiza talleres de orientación laboral para ayudar a quienes llegan a vivir a Uruguay a insertarse en el mercado laboral

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06 de noviembre de 2018 a las 05:04

Hay tres papeles que Yovani, un cubano de 40 años que llegó a Uruguay el 8 de octubre, tiene siempre con él. Uno es su currículum vitae, el otro la constancia de Cancillería que certifica que está regularizando su situación para obtener la cédula y el tercero el que nunca espero tener que ver: una denuncia por hurto en una seccional de Canelones. La denuncia detalla cuando le robaron el celular, la bicicleta que había podido conseguir para trasladarse porque no le da para el ómnibus, $ 1.400 y los US$ 700 que había logrado juntar para poder instalarse en el país que eligió para inmigrar.

Después de dos vuelos que lo dejaron en Porto Alegre, viajó en ómnibus hasta Santa Ana do Livramento, cruzó a Rivera y llegó a suelo uruguayo. De la frontera con Brasil, Yovani (cuyo apellido prefirió no revelar) pasó a vivir temporalmente en una iglesia Evangélica, gracias a un pastor que le permitió quedarse mientras no conseguía otro lugar. Cada día, Yovani pedalea de Las Piedras al Centro de Montevideo para intentar encontrar trabajo. Fue en uno de esos viajes que le robaron lo poco que tenía consigo, lo que lo obligó a conseguir prestada otra bicicleta.

En esa nueva bicicleta a préstamo llega este jueves a la calle Juan Carlos Gómez y Piedras, donde tiene su sede la Asociación Idas y Vueltas, que brinda asesoramiento y apoyo a inmigrantes. El local fue restaurado a fuerza de voluntarios que pintaron murales, repararon paredes y vendieron bonos para poder reparar una claraboyas rotas enemigas de la lluvia. Yovani entra al local junto a otros cuatro inmigrantes, tres cubanos y un venezolano, y se sientan alrededor de una mesa para escuchar a María Eugenia Robaina, encargada del área de orientación laboral de la ONG.

“Ya mandé un promedio de 80 currículum vitae (CV)”, dice Yovani antes de que comience la capacitación, en la que cada jueves Robaina explica a grupos que en general son de unos 20 inmigrantes, cuáles son los mecanismos para conseguir trabajo. A los cinco que están este jueves escuchando a Robaina se les nota la ansiedad de insertarse cuanto antes en el mercado laboral, y no es para menos. Uno de ellos duerme en la calle desde que llegó al país hace dos semanas, otros dos viven en una pensión y hace dos meses que no encuentran dónde trabajar, un cuarto ha hecho algún trabajo zafral y Yovani tuvo alguna entrevista, sin éxito.

La idea de la orientación laboral para inmigrantes no es que salgan con trabajo seguro, sino que tengan herramientas para poder dejar un CV en una empresa, ir preparados a una entrevista y, si todo sale bien, que empiecen a trabajar. “A veces nos ha pasado que las personas están haciendo una búsqueda de trabajo que es muy amplia, en diferentes áreas, y es importante tener idea de con su perfil dónde es más adecuado buscar. Lo que más queremos es orientarlos en esa búsqueda”, les explica Robaina.

“En Uruguay uno se presenta en diferentes lugares para trabajar, se busca trabajo con CV. Son las reglas de juego, uno se tiene que armar de paciencia y esto lo vivieron todos los uruguayos", María Eugenia Robaina, responsable de la orientación laboral en Idas y Vueltas

Antes de meterse de lleno en la orientación, debe hacer una especie de alto para intentar calmar el miedo de los cinco. “Hasta los mismos uruguayos están sin trabajo, está el tema del trabajo un poco complicado”, dice uno. “A mí me comentaron que para poder conseguir trabajo tenía que tener un conocido dentro de la empresa”, agrega otro.

Robaina los mira, les hace un “alto” con las manos y los tranquiliza. “Tranquilos muchachos. Hay momentos que hay trabajo y otros que hay menos. Pero ustedes que hicieron este cambio de vida tienen que hacer todo lo que esté en sus manos y probar todas las herramientas. Hay mucha gente que está trabajando, que llega de otro país y le está yendo muy bien. No se queden con las cosas negativas que les cuentan. Se dicen muchas cosas, pero no todo es tan así”, dice.

Por momentos, el miedo a no conseguir trabajo se les mezcla con la falta de paciencia. “¿Cuántos pasos hay que dar?”, pregunta Yovani fastidiado. De nuevo, Robaina apela a la calma. En su charla de cada jueves insiste con que tengan paciencia, les reconoce que es difícil porque llegan a un país con la idea de trabajar de inmediato, pero les da un baldazo de realidad: en Uruguay, cuenta, una persona está en promedio tres meses para conseguir trabajo y ese dato no diferencia inmigrantes de uruguayos.

“En Uruguay uno se presenta en diferentes lugares para trabajar, se busca trabajo con CV. Son las reglas de juego, uno se tiene que armar de paciencia y esto lo vivieron todos los uruguayos. Cuando uno se va haciendo la idea de que así funciona, no es tan desgastante. Uno ahí se juega un poco la estrategia. Aprovechen su simpatía, muestren buena actitud. No les está pasando nada distinto a los uruguayos que buscan trabajo”, les comenta.

La cara de los cubanos y el venezolano pierde un poco de tensión a medida que Robaina habla. Puede que sea porque saben que se irán de ahí con un CV que tiene el aval de especialistas en recursos humanos, por las anécdotas sobre casos de éxito –como una cubana de 50 años que empezó a trabajar en un residencial- o porque les sugiere que sigan yendo a las orientaciones de los jueves para que los propios voluntarios los conozcan y puedan recomendarlos en algún trabajo, como sucedió con varios.

La búsqueda y la cédula

Yovani tiene conocimientos de panadería y pizzería, hizo el servicio militar el Cuba y le gustaría ser sereno en una casa o local. Al menos mientras no consigue otro trabajo. Su currículum tiene algunas cosas a corregir, como los estudios con los que cuenta, a los que le falta información, o los lugares en los que trabajó. Robaina lo va guiando frente a una computadora para que lo deje mejor de cómo lo trajo de Las Piedras en la bicicleta prestada.

El mayor problema en su caso es que desde que le robaron el celular no se pudo comprar otro y en su bolso solo tiene un chip, que no solo no le sirve para nada. Pero la plata no le alcanza para un boleto, menos para un teléfono y mientras no consigue uno de préstamo apela a la voluntad del pastor, que le cedió su número para que lo ponga en el currículum. Pero un celular usado le vendría muy bien. Robaina aprovecha la mala fortuna de Yovani para comentarles a los demás que mientras están buscando trabajo, no se pueden despegar del celular. “Los pueden llamar en cualquier momento y tienen que atender. No puede ser que los llamen cinco veces y no atiendan, porque los van a dejar de llamar”, les dice.

La mujer les cuenta que los trabajos donde mejor suerte han tenido los inmigrantes en los últimos años están vinculados al comercio, tanto en atención al público como en las áreas de depósito o stock, en el área de gastronomía, especialmente como mozos o ayudantes de cocina para quienes tienen algún conocimiento de cocina o como guardias de seguridad.

Ese último tipo de trabajo tiene algún que otro “pero” porque muchos de los inmigrantes que llegan, especialmente cubanos, lo están haciendo en calidad de refugiados lo que demora más el trámite de la cédula y sin ella es difícil que los contraten. De hecho, en general ese es un problema que están teniendo muchos de los que salen a buscar suerte en el mercado laboral.

Si bien Cancillería está entregando constancias para que puedan trabajar mientras se les tramita la cédula de identidad y las empresas pueden sin problemas inscribir a un nuevo empleado en el Banco de Previsión Social con el número de pasaporte, muchos empleadores temen ser multados por el Ministerio de Trabajo por tener trabajadores sin cédula. Ese es un mito que perjudica a quienes quieren conseguir una entrevista laboral, porque el Ministerio de Trabajo se comprometió a no multar a ninguna empresa por tener trabajadores con la cédula en trámite.

Robaina les deja claro ese punto a los cinco inmigrantes que siguen sentados alrededor de una mesa. La parte teórica termina y es momento de pasar a la práctica, donde se arman los currículum. De esa tarea colaboran desde hace algunas semanas dos integrantes de Advice, una consultora de recursos humanos.

La jornada de orientación dura varias horas. Se hace la noche y Yovani debe volver en la bicicleta prestada desde Ciudad Vieja a Las Piedras. El venezolano –que prefiere no decir su nombre- retorna a la plaza que por estos días hace de refugio y los demás cubanos van a sus pensiones. Todos esperan que llegue otro día para salir de nuevo a la cancha, embarrada y resbaladiza, donde juegan el partido de conseguir trabajo.

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