14 de diciembre 2014 - 22:36hs

El perfume a marihuana se siente en la entrada de la Expocannabis, en el LATU. No es el olor que genera la yerba cuando se quema, sino el que desprenden las plantas, en especial las flores que prucen las plantas hembras. Sobre una mesa, en el acceso a la exposición hay varias plantas, que jóvenes y veteranos huelen de ojos cerrados mientras un hombre con acento extranjero explica la diferencia entre las hembras floridas y los machos que tanto detestan los cultivadores, porque no ofrecen la flor que se fuma, rica en contenido psicoactivo.

El museo Hash Marihuana & Hemp, con sus plantas de muestra, fue lo primero que olieron y vieron las más 2.000 personas que ayer visitaron la Expocannabis. En el museo se pueden ver desde maletines a juguetes fabricados con cáñamo industrial, una variedad de cannabis sin propiedades psicoactivas.

Las paredes de esta primera pieza cuentan la historia de la marihuana y del cáñamo en Uruguay, desde los plantíos de cáñamo que el corchador de jarcias gallego José Reguera cosechaba a orillas del arroyo Pantanoso a fines del siglo XVIII para producir cuerdas y fibras para la corona española, hasta la ley 19.072 votada a fines del año pasado.

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Por el museo se pasean varios jóvenes con vasos de plástico blanco con pequeñas plantitas, que le regalaron en el taller sobre esquejes.

Adentro, en el salón principal, más de 40 stands muestran la incipiente industria de la marihuana. Aunque parece que nadie estuviera fumando, los ojos rojos brillan y se pasean por la exposición. Muchos salen a fumar bajo el sol, mientras escuchan a Fede Graña con su banda. Otros, fuman adentro, en los vaporizadores que se venden desde 200 dólares y no largan nada de humo.

Muchos stands ofrecen productos para cultivo, desde armarios que prometen grandes flores incluso dentro de una casa, diseñados especialmente para apartamentos o casas sin patio, hasta semillas. Aunque la venta de semillas no está reglamentada aún, son varias las empresas que ofrecen una gran variedad de semillas.

“Me gusta el dinero como a todo el mundo, pero para mí esto es algo más que un negocio”, comenta Margarita Sicilia, dueña de un banco de semillas, integrante de un club de cannabis, y propietaria de un Grow Shop, como se les llama a los comercios dedicados a la venta de productos para marihuana. Sicilia cruzó el Atlántico por primera vez, desde Catalunia, España, para llegar a la exposición. Como la mayoría de los expositores, negocios y activismo pro marihuana van de la mano. “Vine a conocer esta realidad, a hablar con el gobierno, a escuchar sus propuestas”, dice Sicilia, que se intentará, concretamente, vender en Uruguay las semillas que produce en España.

Manuel Salces es otro español que cruzó por primera vez el Atlántico para llegar hasta la exposición. “Venimos a hacer la América”, dice un poco en broma y otro poco en serio. Su empresa, Garden Highpro, fabrica los armarios equipados con ventiladores, aislantes y luz para la producción doméstica de marihuana. Highpro vende estos armarios en Francia, Holanda, Bélgica, Estados Unidos, República Checa y Rusia. Uruguay y Sudamérica son el próximo territorio a conquistar.

Hoy será el segundo y último día de la exposición. Además de talleres y música, habrá conferencias. La entrada al evento, que fue declarada de interés por los ministerios de Industria y Cultura, cuesta $ 150.

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