7 de febrero 2014 - 19:43hs

La primera alerta roja se encendió el miércoles 29 de enero. El nivel máximo pronosticado para el llamado Puente Viejo de Durazno era de 9,48 metros ante una precipitación de 204 milímetros entre la pronosticada y la acumulada desde el 21 de enero, día de inicio del evento climático que tiene en crisis al país. En esas 24 horas llovieron más de 80 milímetros; bastante menos que los 157,4 milímetros del 2 de febrero cuando ya estaban resguardadas 23 personas “antes que se les mojaran los pies”.

La alerta roja dispara el protocolo de evacuación: se hace en orden, durante el día y sin que haya ocurrido aun la inundación. Una evacuación nocturna es más problemática puesto que, en el apuro, se sufren más daños materiales. Y hacerla antes de que el río crezca evita que los camiones no puedan acceder a determinados barrios. Durazno ha aprendido de sus errores.

“Antes había caos. Evacuábamos sin saber hasta dónde iba a llegar el río y evacuábamos las 24 horas del día. Ahora podemos planificar, manejando menos camiones, con más tiempo, con más seguridad”, relató Jesús María Rodríguez, director del Centro Coordinador de Emergencias Departamentales (Cecoed). Y afirmó: “Cada centímetro que se (le) gana (al río Yí) multiplica la gente que será beneficiada. Todo lo que hemos aprendido desde 2010 (cuando se debió evacuar a 5.295 personas) nos ha permitido abordar este evento con buena planificación”.

Más noticias

La clave es un sistema de alerta temprana de inundaciones desarrollado por el Instituto de Mecánica de los Fluidos e Ingeniería Ambiental (IMFIA) de la Facultad de Ingeniería que pronostica hasta 72 horas antes cuánto crecerá el río y hasta dónde se desbordará. Éste le permite a Rodríguez dormir cuatro horas diarias, una cantidad que hubiese sido considerada una negligencia en las inundaciones de 2007 y 2010.

El modelo usa como fuente de información los datos relativos a precipitaciones y niveles del río que UTE transmite en tiempo real en tres puntos de la cuenca (Sarandí del Yí, Polanco del Yí y Durazno) a través de su red telemétrica. También se utilizan los pronósticos de lluvia que realiza el Grupo de Clima del IMFIA de la Facultad de Ingeniería, basados en datos de la agencia estadounidense NOOA, y de agencias brasileñas. Por el momento, el sistema de alerta temprana no incluye el pronóstico oficial de la Instituto Uruguayo de Meteorología.

Con estos datos se elaboran gráficos que predicen la evolución del nivel del río y el nivel máximo que alcanzará –con un margen de error, en promedio, de medio metro considerado “admisible” por su responsable técnico Luis Silveira– y la fecha en la que ocurrirá ese evento. Además, el sistema genera un mapa que muestra cómo el río se desbordará e inundará las distintas manzanas, permitiéndole al Cecoed preparar un operativo de evacuación con hasta 72 horas de anticipación y adecuado al grado de riesgo.

Diecinueve días grises
El Yí creció hasta los 10,31 metros el martes 4 de febrero, 90 centímetros menos que lo pronosticado por el sistema. Rodríguez dijo a El Observador que desde el jueves se mantenía en los 10,15 metros. “Hubo un pequeño descenso que se mantiene lo que es un buen signo”, señaló.

No obstante, se esperan dos eventos de lluvia para este fin de semana y no se autorizará el retorno de los evacuados hasta, por lo menos, el martes 11. Los pronósticos a cinco días disponibles ayer indicaban que el fenómeno se extenderá, al menos, hasta el lunes 10.

Con esos anuncios puede confirmarse la amarga predicción del IMFIA: el Puente Viejo superado en 12 metros y una precipitación total de hasta 400 milímetros, equivalentes a lo que llueve en cuatro meses. Y, lo que es peor, algunas de las fuentes del sistema dicen que puede extenderse por las próximas dos semanas. Es irónico que Yí se traduzca “agua pequeña” en lengua guaraní.

El pico máximo registrado durante la tormenta de 2007 fue de 12,56 metros (con 7.000 evacuados); mientras que en el episodio de 2010 alcanzó los 11,75 metros, según datos proporcionados por Adriana Piperno, investigadora del equipo de Inundaciones Urbanas del Instituto de Teoría de la Arquitectura y Urbanismo de la Facultad de Arquitectura. Hasta ayer, 2.290 personas habían abandonado sus hogares.

A la vera del Yí
La zona más vulnerable es la que se anega cuando el río alcanza los 9,15 metros. Allí viven 300 personas que persisten a pesar de que ya se trasladaron otras mil para un nuevo barrio. Para Rodríguez deberían ser las primeras en ser relocalizadas. Pero toda el área inundable comprende a más de 1.000 viviendas −la Intendencia de Durazno tiene fotografías de todas ellas− y a 3.000 personas. Ya ha pasado que algunos adjudicatarios de viviendas, contraviniendo a la norma, las han vendido para construir ranchos a la vera del río.

Silveira señaló que una idea de la Dirección Nacional de Agua (Dinagua) es que se prohíba construir en las zonas que están por debajo de la curva de inundación (el cálculo se hace a partir del promedio de datos históricos de precipitaciones). Pero, si así se ordenara, “tres partes de Durazno quedarían bajo el agua” y, por tanto, no podrían albergar más que vegetación.

Según un relevamiento organizado por la Facultad de Arquitectura en la zona afectada en 2010, en la franja más cercana al Yí, el 88% de las casas era de construcción precaria. Además, la población de la zona inundable es más joven que la de la ciudad: cinco de cada 10 personas tienen menos de 29 años. Y entre los que tienen empleo, uno de cada tres realiza changas o trabajos zafrales; el resto comprende mayoritariamente a municipales, militares y policías, empleadas domésticas, albañiles y pequeños comerciantes.

Más precisión
El IMFIA necesita US$ 100 mil para perfeccionar el sistema. El modelo fue previsto para eventos típicos de uno a siete días de duración y éste ya lleva 19. Para que sea más exacto se requiere más información en tiempo real del registro del agua almacenado en los suelos, escurrimiento subterráneo, evaporación en los períodos de no lluvia, entre otros elementos.
En el correr del año, las cuencas del río Cuareim y de la Laguna Merín tendrán sus propias redes telemétricas gracias a una donación brasileña. Esto permitirá el desarrollo de un sistema para Artigas y Treinta y Tres.

Seguí leyendo

EO Clips

Te Puede Interesar

Más noticias de Argentina

Más noticias de España

Más noticias de Estados Unidos