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La Argentina de Macri

El presidente está obligado que las reformas van en serio 

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08 de diciembre de 2018 a las 05:04

La reciente cumbre del G20, organizada en Buenos Aires, fue una muestra cabal de que el gobierno del presidente Mauricio Macri ha logrado poner a Argentina en la escena mundial y que el país, poco a poco, empieza a dejar de ser considerado un paria en los mercados internacionales, luego de vivir décadas a espaldas de la realidad por las políticas de la versión kirchnerista del peronismo que erosionaron las reglas de juego inherentes a un estado de derecho.  

La organización impecable de un encuentro que reunió a los jefes de Estado o de gobierno de las 20 mayores economías del mundo, no solo significó un reconocimiento diplomático a un país que se había acostumbrado a manejarse con criterios ideológicos en los asuntos de política exterior, sino que tuvo un impacto económico que sorprendió al propio dueño de casa.

Durante los días del encuentro internacional, hubo 17 reuniones bilaterales del presidente Macri con sus pares del G20, que significaron 60 acuerdos que suman más de US$ 4.000 mil millones en el corto plazo, una gran noticia para un país con enormes problemas de inversiones. El gobierno, muy entusiasmado por la firma de esos convenios, proyecta “acelerar” planes y obras que contribuirán a crear puestos de trabajo, en un país con una tasa de desempleo de 9,6% (segundo trimestre de 2018). 

Hace casi tres años, cuando Macri llegó a la Casa Rosada, Argentina era un país prácticamente quebrado, que en tiempos de altos precios de los commodities, los sucesivos gobiernos kirchneristas habían escondido sus graves problemas a punta de políticas intervencionistas y subsidios que generaron graves distorsiones económicas y financieras que su administración tuvo que encarar con urgencia. Macri heredó una bomba de tiempo por un abultado déficit fiscal, una alta inflación y muy pobres reservas del Banco Central. A ello se le sumaba que el país no tenía acceso al crédito por no haber honrado los compromisos de deuda.  

El presidente, que originalmente optó por el gradualismo, tuvo que poner en marcha un ajuste fiscal, con el apoyo fundamental del FMI para enfrentar una severa crisis cambiaria, producto de cambios en los mercados internacionales y de un elevado endeudamiento del Banco Central.

Macri no tiene margen para desviarse un ápice del rumbo para asegurar la recuperación de su país y no debería caer en la tentación exitista por el resultado de la cumbre del G20. Aún Argentina está muy lejos de una recuperación genuina de una recesión provocada por la devaluación del peso y una fuerte sequía, si bien ha logrado capear en parte la crisis con un plan de déficit cero y restricciones a la política monetaria, debe hacer más esfuerzos en su compromiso inflacionario y fiscal, especialmente por bajar el alto nivel del gasto público.
En noviembre pasado, el Congreso aprobó un presupuesto que prevé un ajuste de la economía y la eliminación del déficit público en 2019, medidas para dejar atrás la crisis. De todos modos, el panorama igual luce difícil y se empiezan a escuchar voces que reclaman un ajuste más profundo en la medida en que se agoten los recursos provenientes del FMI.

El presidente, que originalmente optó por el gradualismo, tuvo que poner en marcha un ajuste fiscal, con el apoyo fundamental del FMI para enfrentar una severa crisis cambiaria, producto de cambios en los mercados internacionales y de un elevado endeudamiento del Banco Central.

Luego del acuerdo con el FMI y del éxito del G20, está obligado a demostrar que las reformas van en serio. De lo contrario, el presidente que surja de las urnas –sea el mismo o un peronista– tendrán graves problemas para poner en marcha el país en 2020. 

 

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