12 de junio 2014 - 20:09hs

Es cierto que en los mundiales de fútbol el cocacolero suele ser más importante que la ceremonia de apertura. Pero por lo menos en los torneos anteriores los organizadores ponían lo mejor de sí en este acto de varieté condenado de antemano al olvido. Bueno, ayer Brasil rompió esa tradición y regaló el peor espectáculo de la historia de los mundiales. Y sí, no es exagerado, porque es preferible no hacer nada que mandarse un show de feria hecho con desgano.

Para empezar, la ceremonia arrancó con las tribunas a medio llenar, lo que le daba un aire de desolación a un espectáculo que transcurría sin una línea argumental clara, donde los actores deambulaban por la cancha con cara de nada. Por suerte había una pelota en la mitad de la cancha, porque si no la ceremonia perfectamente podía ser la apertura de un mundial de tejo.

Pero el asunto no se quedó solo en temas estéticos, los errores abundaron. Si cantaba Pitbull o Katunga era lo mismo porque el sonido era realmente malo.

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Otra, cuando las estrellas internacionales (J-Lo y el mencionado Pitbull) subieron desde lo profundo de la pelota, la plataforma se detuvo y el calvo debió subir del foso para ayudar a su curvilínea colega a salir. No importa, ¡dale!, –diría Pitbull–. Y siguió.

Y cuando todo el mundo esperaba el puntapié inicial que sería protagonizado por un joven parapléjico que contaría con la ayuda de un millonario exoesqueleto (una armazón robótica controlada por el cerebro), la ceremonia terminó. Directamente no apareció en la transmisión oficial.

Fue así como lo que sería la cereza de la torta se transformó en un ticholo contrabandeado.

Una de las explicaciones para tanto furcio es que los organizadores se gastaron la plata del exoesqueleto en Velho Barreiro, de lo contrario no se explica como pudieron perpetrar un espectáculo tan dantesco. Seguro que humoristas Los Choby’s lo hacía mejor.

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