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11 de abril de 2012 19:24 hs

El mismo país. La misma pasión. Los mismos problemas de infraestructura y económicos. Pero diferentes realidades. La selección uruguaya va por un camino y los clubes que representan a Uruguay en la Libertadores transitan el opuesto.

Anoche el país se acostó con noticias conocidas. Defensor Sporting quedó con la soga al cuello en la Copa, ya que perdió en Quito y deberá dirimir su suerte en Liniers contra Vélez. Y Peñarol, que ya estaba eliminado, recibió otro golpe al perder 3-0 con Atlético Nacional en Medellín.

El mismo país amaneció con la novedad de que la selección de Oscar Tabárez trepaba al histórico tercer puesto del ranking de la FIFA. Cómo se explica entonces que la tierra de los campeones de América se quede sin representantes en la Libertadores.

Queda claro que en Uruguay tenemos un fútbol de entrecasa que no tiene punto de comparación con lo que sucede fuera de fronteras. Evidentemente hay realidades económicas que marcan la diferencia. Los uruguayos no se pueden reforzar como los brasileños. Pero al margen de ello, hay aspectos que pueden ser tomados en cuenta y que en los clubes se pasan por alto por decisiones que no son las más adecuadas. No se trata de comparar a la selección con los equipos, pero sí de señalar algunas cosas.

Queda claro que si se vende un discurso de llevar adelante un proyecto, se debe respetar. En la selección costó, pero hoy se disfrutan los frutos. En los clubes está el ejemplo de Peñarol, que en las primeras de cambio sacó a Gregorio Pérez, al que contrató como el mejor entrenador y lo volvió a sacar por la puerta de atrás del club.

Entonces llegó otro técnico que se encuentró con un plantel que no armó y no puede jugar a lo que pretende. A la hora de contratar los grandes tampoco acertaron. El Nacional de Gallardo apostó a cinco argentinos: Poclaba jugó un partido y se fue; Sosa ya no está; Placente no rindió; Aguirre jugó poco y Damonte es el único titular.

En Peñarol se terminó la Copa y entrando en la mitad del campeonato Montelongo todavía no debutó.

La conducta es otro aspecto que marca la diferencia. En la selección se impuso un orden. Impera el respeto. En los clubes grandes, cuando pierden los jugadores se van por la puerta de atrás eludiendo a la prensa. Pero lo que más preocupó a los dirigentes fueron los rumores de salidas nocturnas que llevaron a los gerentes deportivos a marcar pautas de comportamiento.

A nivel local hay otra realidad. Los jugadores no duran dos campeonatos. El que juega bien a mitad de temporada vuela. En la selección hay memoria colectiva: Tabárez no trabaja más de media hora en cancha. Refresca conceptos y quedan prontos.

Y el aspecto deportivo marca la diferencia y es un tema al que Tabárez siempre hace referencia. Acá no hay competencia. El club que no juega la Libertadores se limita al torneo de consumo interno; en cambio, los que están en Europa tienen la chance de enfrentar a los mejores. La realidad manda. Por un lado camina la selección y por la vereda opuesta los clubes del fútbol uruguayo.

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