16 de enero 2015 - 20:06hs

“Uno que mi padre vio en un hexágono del circuito quince noventa y cuatro, constaba de las letras M C V perversamente repetidas desde el renglón primero hasta el último”. Es un fragmento del cuento La biblioteca de Babel, de Jorge Luis Borges, citado a manera de prólogo en español y en inglés en el libro titulado justamente mcv. Después el paisaje del libro se vuelve árido, poblado solo por las tres consonantes citadas en minúsculas.

La idea es de Melker Garay, un escritor sueco nacido en Chile. Suyo es el copyright del libro, por si es que alguien se atreve a plagiarlo. Fue editado por Norlén & Slottner, quienes tuvieron la gentileza de enviar un ejemplar desde Suecia a la redacción de El Observador.

Se tiraron 200 ejemplares pero no están a la venta en librerías sino que acechan en busca de algún coleccionista de absurdos o alguno de esos fanáticos del escritor argentino que quieran atesorar una de sus ficciones, que irrumpió de forma insolente en la realidad.

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El objeto es un libro de tapa dura, encuadernado con esmero y elegancia, sin ilustración ni inscripción alguna, salvo las letras “mcv”, en el lomo, y un pequeño hexágono como referencia a La biblioteca de Babel. El lomo es bordó y las tapas son manchas de tinta bordó sobre un fondo gris. Tiene además un marcador, de tela roja. Es muy agradable al tacto y huele bien.

Hasta ahí la descripción completa del libro, incluida la trama y el desenlace. Ahora llega el momento en el que debo responder a una pregunta incómoda que me han hecho amigos y allegados, preocupados por el hecho de que haya aceptado hacerme cargo de este asunto: “¿Y de qué vas a escribir?”.

Mucho me temo que no hay otro remedio que considerar que el libro no es un libro sino otro ejemplo de arte conceptual. Es un capricho de Garay, que quiso insertar en la realidad un objeto de ficción. Garay cree que a Borges le hubiera agradado la idea. El escritor dice, en un ensayo traducido al español en su sitio www.garay.se, que “se puede jugar con la idea de que Borges también esperaba que mcv fuera liberado”.

Es un juego muy frecuente, en el ambiente intelectual, adivinar qué habría pensado Borges de esto o de aquello. Creo que para intentarlo habría que tener en cuenta que el escritor argentino tenía un gran espíritu lúdico. El cuento La biblioteca de Babel es un juego filosófico que postula al universo como un caos incesante en el que la norma es la incoherencia y el sentido es un milagro que los hombres buscan en vano.

Yo creo que a Borges le hubiera encantado que El libro de arena se interpolara en la realidad. Es una variante del universo de La biblioteca de Babel pero en un solo libro infinito, que nunca se termina de hojear, no se puede abrir dos veces en la misma página y no se puede encontrar nunca la primera página ni la última, porque siempre aparecen páginas en el medio, como si brotaran.

Claro que, al igual que Garay, estoy hablando de lo que pienso yo, no Borges, quien murió en 1986 y dejó una obra de una originalidad extraordinaria y una elegancia suprema. Me parece que al artista conceptual Marcel Duchamp, mcv le hubiera parecido una delicia y estoy seguro de que el objeto será celebrado en el ambiente artístico uruguayo como una victoria propia.

Con toda su modestia, mcv tiene rasgos en común con buena parte de la producción literaria universal. Nadie lo leerá íntegro y eso lo equipara a algunos ejemplos ilustres, como el Ulises de James Joyce. No dice nada relevante y se repite hasta el cansancio, lo cual lo hermana con una inifinidad de publicaciones en todos los tiempos e idiomas.

Yo lo veo como un buen comienzo. Celebraría que el universo borgeano se siguiera manifestando. Aplaudiría que alguien recreara a los seres que habitan detrás de los espejos, empezando por el pez, esa línea azul en el centro del abismo

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