La historia no miente. El camino que se escribió con la mano no se puede borrar con el codo. Y Danubio es fiel al mandato de su gente. En el particular fútbol uruguayo los equipos grandes gozan de innumerables privilegios. Pero el equipo de Maroñas jamás se traicionó. Cuando el calendario marca Jardines, se juega en Jardines. Y la historia le termina brindando la razón. La cancha de Danubio le duele a los grandes. Recuerden la lucha de Nacional por no jugar finales en Jardines, los protocolos de seguridad, las mil y una declaraciones de dirigentes que pusieron cientos de excusas. Pero nada puede contra un mandato histórico. Y el domingo se vivió otro capítulo. Peñarol se fue herido en el alma con una derrota de esas que pueden dejar secuelas.
La curva maldita
Danubio le dio vuelta el partido a Peñarol y con tres goles de Martiñones, el último en la hora, le pegó un duro golpe al equipo de Jorge Da Silva