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La despenalización del aborto divide a Buenos Aires

En las universidades se exponen argumentos a favor y en contra de la ley que trató este martes el Congreso

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14 de junio de 2018 a las 05:00

Desde Buenos Aires

"El verde es fertilidad, es cuerpo gestante". Eso decía el martes por la noche la actriz argentina Marina Glezer, pero sin contradecir su causa. Acababa de dar una breve charla en el comedor de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires (UBA) para no más de 20 o 30 espectadores fijos– muchos estaban de paso– que la escuchaban con atención y se pasaban mates de plástico que apoyaban en pupitres. Expuso, junto a otras seis mujeres, en una mesa que llevaba por nombre "¿Qué pasa después del 13/6?".

Es decir, qué pasará después de este miércoles cuando finalice en la Cámara de Diputados de la Nación Argentina el extenso debate en torno a la despenalización del aborto.

Se trata de la séptima iniciativa parlamentaria–aunque resulta la primera en superar el filtro de las comisiones– que intenta la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito, en poco más de 10 años.

Glezer explicaba por qué el verde fue el color elegido por este movimiento, que cuenta con la adherencia de docenas de agrupaciones de mujeres en torno a las más diversas profesiones, y con mujeres mediáticas que, como ella, son la cara visible del movimiento. Es el verde de los pañuelos que cuelgan del cuello de los manifestantes, con particular intensidad desde el 19 de febrero, cuando tuvo lugar una masiva congregación frente al Congreso –el "pañuelazo"– exigiendo la discusión política concreta de esta problemática.

Es el verde del "cactus", cierra la idea Glezer: esa planta que lucha en los desiertos para sobrevivir, cargada de agua –vida– interior, y repleta de espinas en su exterior como herramienta para defenderse de un medio hostil.

Cuando Glezer contó por primera vez en 2011 que a los 18 años transitó por un aborto clandestino, recibió amenazas de muerte: "Me dijeron que había matado a mi bebé y que iban a matar a mis hijos. Me dijeron asesina durante muchos años". En 2014 lo volvió a contar en Facebook y el post se hizo viral. Desde entonces, recorre programas de televisión abogando por la despenalización, pero también recorre espacios como estos. "A mí la calle me encanta", dice.

Faltaban pocas horas para que una gran mayoría de mujeres del movimiento se apostara en los alrededores del Congreso y diera inicio a una vigilia, pautada para el miércoles de mañana, hasta que el proyecto de ley tuviera su primera sanción o fuera rechazado. Y eso –ya se sabía entonces– podía tardar más de 24 horas de debate entre 257 diputados. "Ya tenemos mantas y whisky preparado para llevar", dice Glezer, pero no se ríe. Afuera, la noche es gélida y empieza a llover.

Debate

La discusión filosófica que intenta definir si el aborto es un asesinato o no, está tan lejos del consenso como lo estuvo en Uruguay hasta que el Parlamento despenalizó el acto en 2012, pese al veto que había emitido en 2007 el entonces presidente de la República, Tabaré Vázquez, al anterior intento.

Los frentes no tienen vías de acercamiento porque, como en ambos casos –y como ha sucedido en el mundo–, parten de ejes distintos.

La campaña pro aborto, se lee en pancartas por Buenos Aires y se escucha en los discursos, no se enfoca en cuántas vidas están en juego, sino en las condiciones en que se produce el fenómeno social: muchas mujeres de pocos recursos, plantea esta posición, fallecen por hacerlo en forma clandestina, y sin el arco institucional que puede aportar una legislación al respecto.

"Pero no por eso vas a legalizar el aborto, porque sigue siendo un crimen. Hay que tratar, en cambio, de llevar adelante una educación en serio, algo que hoy no ocurre. Debe hacerse cumplir la ley como corresponde, mejorar el sistema de adopción e implementar políticas anticonceptivas", dice Agustín Arnal, estudiante de Economía de la Universidad Católica, vestido de traje, peinado con gel y con una mochila colgada en un hombro.

Aquí –universidad privada– en comparación a la UBA, la militancia política es menor: en ninguno de los cuatro enormes edificios de ladrillos rojos que componen todas las facultades de la UCA sobre el dique de Puerto Madero hay carteles o colores políticos, aunque la presencia de la religión católica se muestra en varias carteleras. En una de ellas se mantiene la invitación a una jornada de reflexión sobre el aborto –"una reflexión indispensable"– del 12 de abril. En el auditorio Monseñor Derisi se trataron temáticas como "inicio de la vida y aborto", "la realidad del embarazo inesperado", "después del aborto". En las facultad pública de Sociales, en cambio, no hay pared de la que no cuelgue un pañuelo o una frazada que exija "aborto legal, seguro y gratuito":

Arnal se encamina hacia una clase, pero no interrumpe su idea: "Siempre va a haber forma de hacer inteligencia y encontrar los lugares donde se practican los abortos clandestinos. Si esto se hiciera en serio, cosa que en Argentina no sucede, porque acá todo se hace a medio pelo, no habría necesidad de una ley", dice y entra al salón.

En una de las cafeterías de la UCA a pocos metros de allí, María José, estudiante de periodismo que no da su apellido, se opone al aborto porque lo considera un "asesinato" y demanda, como Arnal, más educación sexual y anticonceptiva, pero entiende que las mujeres no deberían ser penadas como ocurre hoy. "El estado tiene que atenderlas", afirma.

En la otra punta, José Mourinho y EduardoPerciballe, dos estudiantes de Ingeniería de 23 años, se oponen, aunque no militan por ello. Morinho, que "odia" cualquier tipo de marcha, explica su posición: "Me parece que lo que tendríamos que estar discutiendo no es si legalizar o no el aborto, sino cómo hacer para que no haya ninguno y evitar las muertes".

A nivel parlamentario, esta dualidad de enfoques se tradujo en una confrontación política muy reñida. Al comienzo de la semana, aunque la cantidad de diputados que apoyaban una y otra postura era muy parecida, había una inclinación hacia el rechazo de la reforma. Pero este lunes, los diarios de la ciudad amanecieron anunciando que la brecha, cada vez más pequeña, ahora era solamente de seis diputados en contra. Y en los últimos días y horas esa diferencia fue cada vez menor, e incluso en horas de la tarde de este miércoles los diputados a favor llegaron a ser 123, uno más que los que resistían la iniciativa.

El grupo de menos de 10 indecisos y los pocos que se abstuvieron fueron la explicación de la incertidumbre hasta el final, que acompañaba una presión social cada vez más fuerte: 11 colegios de Secundaria fueron tomados por los estudiantes el lunes en reclamo por la ley.

Fotografía

Malena Magnsaco, otras de las expositoras en la mesa de la facultad, es politóloga y docente de la UBA de 31 años; tiene las uñas pintadas del color del cactus, y una bufanda en lugar del pañuelo. Fue, además, una de los más de 720 expositores que acudieron al Parlamento para argumentar a favor del proyecto. En su caso, en un discurso de siete minutos, mencionó a Uruguay como el modelo a seguir y, citando información del Ministerio de Salud Pública, dijo a mediados de abril que es el país con la tasa de mortalidad materna más baja en América Latina, con 1,4 muertes cada 10.000 nacidos vivos. En Argentina, esa cifra llega al triple.

María Fulkelman, de rulos y con pañuelo, investigadora de historia y una de las mujeres firmantes a favor del proyecto por parte del El Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnica, sintetiza su postura en una amenaza. "Si (la ley) no sale, hay que pudrir todo, metafórica y literalmente. Tendrá un costo político que alguien tendrá que pagar".

Al cierre de las ponencias, las seis mujeres se juntan para la foto, pero no son muchos los que se acercan. Ellas insisten: "Vengan, vamos". Son pocos los que hacen caso y se agrupan a su alrededor. Posan para el celular, pero solo algunas sonríen.

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