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Jacquelin González Curtti

Nacional > HISTORIA DE VIDA

La dura lucha de una ama de casa que ganó en los jornales solidarios

"Se anotó casi todo el pueblo", pero el destino la eligió a ella y después de una vida dura pondrá su tienda de ropa

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29 de mayo de 2021 a las 05:01

Por Paula Ojeda

En Mataojo, un municipio al noreste del departamento de Salto, 89 de los 1.000 habitantes se inscribieron para acceder a un cupo de los jornales solidarios. “Acá se anotó casi todo el pueblo”, dijo Jacquelin González Curtti a El Observador. La ama de casa de 57 años fue una de las beneficiadas con uno de los 14 cupos correspondientes al municipio de Mataojo.

El municipio consta de siete localidades, mayormente rurales, una de ellas es Pueblo Fernández. La alcaldesa María Rosita Moreno (Frente Amplio) vio con buenos ojos el programa de los jornales solidarios, puesto que servirá tanto al municipio como a los ciudadanos. También el intendente Andrés Lima (Frente Amplio) opinó que “es una ayuda inmediata en lo inmediato” para “enfrentar un invierno que será muy duro”.

Jacquelin González creció en una casa con 15 hermanos. Su padre vivía de changas y su madre cosía a máquina mientras cuidaba a sus hijos. Cuando se le pregunta en qué orden nació, responde que “ya” ni se acuerda. “La quinta creo que soy yo”, vacila. Piensa unos segundos y asegura sin mucha convicción que es la cuarta.

Su hermano mayor era “soldado en un cuartel” y falleció hace 23 años, la que le sigue tiene 62 y el menor “tiene 33 o 34”. “Vi lo que ella pasó. Pasó mucho, hizo mucho sacrificio. Pero nos sacó adelante”, recuerda sobre su madre.

Cursó Primaria hasta sexto año y dice que le gustaba la escuela. Se jacta de nunca haber repetido un año. No hizo el liceo porque “en esa época era impensable”. A los 18 años, se casó con Héber Álvarez y tuvieron siete hijos: Margaret, Daniel, María, Angelina, Adrián, Darío y Danilo. Héber hace changas de albañil y, en temporada, esquila. Ella cuidó a sus hijos y, durante un tiempo, cosió y tejió. “Es lo único que hay para hacer en una zona rural”, cuenta.

Hoy vive en la misma casa que hace más de 20 años. La empezó a construir su marido al tiempo de casarse y fue haciéndole refacciones. Ahí convive con él, su hijo Danilo de 15 años y uno de sus tres nietos.

Cuando se le pregunta qué le gusta hacer, piensa unos segundos, y responde: “Las cosas de la casa…”. “Siempre trabajando, acomodando la casa. Pasé mucho sacrificio para criar a mis hijos.

Me gusta hacer de todo un poco. Cuando era más joven hacía tejidos para vender: buzos y sacos de lana”, agrega.

“Cuando tuve a mis hijos lavaba ropa de los vecinos, como no había luz, no había nada… Había personas mayores que no podían… Entonces yo les lavaba. Limpiezas también hice. Pasé mucho trabajo, como mi madre, para criar a mis hijos… Yo los saqué adelante con mucho sacrificio, como humildes que somos, pero nunca bajamos los brazos, siempre para adelante”, afirma. 

La época de sus embarazos fue dura. Dice que “gracias a Dios no pasaron hambre”, porque en “campaña”, “algo siempre había”. A veces vecinos les daban leche para los niños. “Fue un momento difícil de pobreza, la fuimos luchando y ta’, nunca les faltaba, porque iban a un lado, trabajaban y ahí ganaban el pan. Ganaban para la leche, para el alimento”.

“En el invierno, con un día de frío, ver un hijo y que vos no tengas una taza de café y un pan para darle… Pasamos mucho sacrificio pero ahora no hay. Hoy hay otras oportunidades que antes no había”, agrega. Rodríguez celebra que en el primer gobierno de Tabaré Vázquez logró acceder a una asignación universal por hijo y a una tarjeta de alimentación del Ministerio de Desarrollo Social (Mides). “Fue otra etapa. Sabías que si no tenías changa ibas a llegar y, fuera poquito o fuera mucho, ibas a tener eso. A veces la gente está reclamando y yo no reclamo porque, para mí, lo poquito que sea, por más que sea poco, es algo. Antes no teníamos nada”.

Ahora celebra el cupo en los jornales solidarios y dice que fue una “bendición”. No es una forma de decir. Jacquelin se define “muy creyente”. Es evangélica. “En estos tiempos de pandemia lo que nos saca el miedo es Dios. Yo soy creyente y creo que sí. Sin Dios, no sé”. 

En Pueblo Fernández no hubo casos de covid-19 desde que se desató la pandemia en el país, hace más de un año. De todas formas, asegura que cumplen con todos los cuidados necesarios para evitar contraerlo.

Este sábado la vacunación “pueblo a pueblo” llegará a Mataojo. Ella no se puede vacunar porque recibió la dosis de la vacuna contra la gripe hace menos de 15 días, pero su marido sí. “El día que vengan (de nuevo), me vacunaré”, dice restándole importancia.

De casualidad

Rodríguez se anotó en los jornales solidarios de casualidad. Su nuera le dio la idea y en primera instancia le dijo que no. Días después le dijo que “ya que estaba”, la anotara, aunque pensó que no iba “quedar”. “Yo nunca tuve la oportunidad… es una gran bendición”, repite. Como no usa celular porque no le gusta, fue su hija Angelina la encargada de fijarse en la página del municipio y darle la noticia.

El salario –$12.500 mensuales por seis meses– lo va ahorrar e “invertir” en una tienda de ropa. Le gusta la moda y ve su selección para este trabajo como la oportunidad que Dios le dio “para vender ropa y tener una tienda”.

–¿Cómo quiere que sea el país de sus hijos?

 –Quiero que les vaya bien. Nada es por mí, todo el desvelo es por mis hijos. Si mis hijos están bien, yo estoy bien. Siempre les digo que estudien, que estudien aunque sea algo para el futuro, para ellos mismos.

 –¿Es importante estudiar?

–En estos tiempos (la salida) es estudiar. Otros no tuvieron la oportunidad. A mi hijo y a mi nieto les digo que aprovechen –sus otros hijos no pudieron ir al liceo–, porque hoy sin estudios no sos nada, creo yo. Para todo tenés que tener estudios.

Salto es el departamento con más inscriptos a los Jornales Solidarios 

A partir de una propuesta de los intendentes blancos, el Congreso de Intendentes, Presidencia y la Oficina de Planeamiento y Presupuesto armaron el proyecto para otorgar 15.000 empleos zafrales por seis meses. Los seleccionados cobrarán $12.500 por 12 días de trabajo al mes. Hubo 250.605 inscriptos: 56,37% mujeres. Se acordó que ningún departamento tenga menos de 300 cupos. Montevideo cuenta con la mayor cantidad (4.000). El 65% de los cupos se distribuyeron a partir del índice de pobreza de los departamentos y el otro 25% por el índice sectorial con base a la desocupación. Salto tiene el mayor porcentaje de inscriptos del país. Se presentaron 25 aspirantes por cupo, lo que representa el 11% de la población. 

*Aclaración: Esta nota se modificó porque en la primera versión se había informado mal el nombre de la alcaldesa de Mataojo y su partido político. Su nombre es María Rosita Moreno y es del Frente Amplio, no del Partido Nacional. A la involucrada y a los lectores, las disculpas del caso.

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