14 de julio 2017 - 5:00hs

Una "promo" de tarjeta de crédito bancaria se convirtió en el principal tema de debate nacional. Se trata de un descuento de 50% que una institución estatal –el Banco Provincia de Buenos Aires– da una vez por mes para la compra de alimentos y otros artículos de la canasta familiar.

La reacción del público fue contundente: con tal de aprovechar la oferta, hubo gente dispuesta a formar una fila de ocho cuadras y esperar la apertura del supermercado durante horas, en la oscuridad de la madrugada y bajo la fría llovizna invernal.

Y ahí viene la paradoja: para el gobierno fue un éxito mientras que para la oposición fue una postal de la pobreza.

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El equipo de la gobernadora María Eugenia Vidal quiso mostrar cómo, gracias a una gestión saneada, el Banco Provincia podía llevar a cabo un gran acción promocional que habría resultado imposible durante la gestión de Daniel Scioli, cuando el banco tenía una situación financiera complicada.

Con una lógica que algunos analistas no dudaron en calificar como "un intento de hacer peronismo", Vidal tomó la decisión de usar dineros públicos para subsidiar el consumo, como forma de "estar cerca de la gente" en un momento de dificultades.

Claro que, visto desde el otro lado, la situación tuvo la interpretación opuesta.

Lejos de ser celebrada como una medida popular, la promo que causó el aluvión de compradores desesperados por los descuentos en alimentos fue calificada como un síntoma indiscutible de la caída del salario.

Después de todo, las imágenes de largas filas en los supermercados son un recordatorio de todo lo que el macrismo quiere superar y todo lo que el kirchnerismo quiere machacar en la campaña electoral: que la economía sigue estancada, que la inflación sigue erosionando el salario y que el desempleo empieza a ser notorio.

En las redes sociales, el tema fue trending topic y hubo profusión de comentarios que incluso establecían comparaciones con Venezuela.

Las mayores aglomeraciones de la "jornada de la promo" ocurrieron en aquellos supermercados ubicados en La Plata, el escenario de la batalla electoral que tiene nada menos que a Cristina Kirchner como protagonista. Se descuenta que la exmandataria explotará a fondo los problemas económicos del gobierno.

La sospecha que quedó flotando en el ámbito político es que, una vez más, el macrismo había hecho un error de cálculo en materia de comunicación: algo pensado como una medida simpática y solidaria puede transformarse en un "efecto búmeran".

Ya había ocurrido en otras ocasiones.

En mayo, un evento organizado por el gobierno de la ciudad de Buenos Aires para promover el empleo joven terminó siendo un desastre político.

Se citó a jóvenes para informarles sobre posibilidades de trabajo en áreas no convencionales, como la tecnología, pero una multitud acudió pensando que podía tener la posibilidad concreta de un ofrecimiento laboral.

En consecuencia, hubo colas de miles de jóvenes que esperaron horas para llevarse formularios de postulación. Y lo que estaba pensado como un evento de orientación a la juventud terminó siendo un recordatorio de los problemas para conseguir trabajo.

En todo caso, queda claro que el kirchnerismo apostará todas sus fichas a hablar sobre la economía durante esta campaña.

De hecho, empezó su campaña con la visita a la asamblea de trabajadores despedidos de la central nuclear de Atucha, en la localidad de Zárate.

Y una serie de medidas del propio gobierno le están dando argumentos para esa campaña. Hace dos semanas hubo un nuevo incremento en el precio de los combustibles, algo difícil de explicar a la opinión pública en un momento de caída en el precio internacional del petróleo.

Con la nueva suba, Argentina se ubica en el ranking latinoamericano como el segundo país con la nafta más cara, después de Uruguay. La diferencia, claro, es que Argentina es un país productor de petróleo.

Simultáneamente, se producía un aumento del precio del dólar, luego de meses de estar "planchado".

Fue así como el tema de preocupación general dejó de ser el atraso cambiario y pasó a ser el posible efecto contagio del dólar a los precios.

En esa situación, desde el sector financiero se empezó a ejercer presión para que el gobierno, a través del Banco Central, interviniera en el mercado y vendiera reservas. Es la forma clásica de "disciplinar" al mercado cambiario y de dar señales de política económica. Pero el Banco Central se mantuvo aferrado a su nueva filosofía de dejar flotar la divisa sin intervención oficial.

Finalmente el tipo de cambio encontró su techo levemente por encima de la paridad de 17 pesos por dólar. Pero antes de eso, hubo dos semanas de volatilidad que, para la cultura intervencionista argentina, fue todo una conmoción.

Ambos casos resultaron, naturalmente, motivo de crítica en tono de campaña para el kirchnerismo. Para colmo, la inflación de junio confirmó las dificultades para bajar el índice –dio 1,4% a nivel metropolitano y 1,2% en la nueva medición nacional–.

Y, para completar las malas noticias, la mayoría de los economistas prevé que la inflación de julio marque un repunte, posiblemente hasta un nivel de 1,8%.

Parte de esa cifra se explicaría, justamente, por el efecto de la suba de combustibles y por el reajuste en el dólar. El próximo dato sobre inflación se dará a conocer en los primeros días de agosto, es decir en la recta final para las elecciones internas que se celebran el domingo 13.

Es cierto que también hay algunos datos positivos en la economía, por ejemplo que se registra un repunte importante en la construcción. Pero la realidad es que estos indicadores resultan opacados por las noticias negativas. El conflicto sindical más comentado, por caso, fue el de Pepsico, que cerró una de sus plantas industriales por las dificultades para sostener los costos.

Mientras las imágenes de los trabajadores despedidos se refleja en todos los canales de TV, se supo que la empresa había empezado a importar algunos de los productos que hasta ahora producía en el país. Un argumento a pedir de boca para el comité de campaña kirchnerista, que está machacando con la apertura comercial como amenaza para el empleo nacional.

El impacto de estas noticias de la economía contrasta con la escasa repercusión de temas vinculados a la corrupción que caracterizó la gestión de Cristina Kirchner. Como si hubiera un efecto fatiga en la población, las nuevas acusaciones sobre el exministro de obras públicas, Julio de Vido, quedaron opacadas ante los temas más urgentes de la agenda.

En definitiva, el arranque de la campaña parece confirmar que el kirchnerismo tenía razón y el macrismo estaba equivocado en su visión sobre el humor social: la campaña estará, una vez más, centrada en la economía y no en la política.

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