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Mundo > Responsabilidad empresaria

La empresa McDonald’s es denunciada por racismo y acoso sexual en varios lugares del mundo

Miles de trabajadores de varias sucursales de la cadena de comidas rápidas han sufrido distintos grados de abuso y acoso sin poder lograr que la corporación responda por los mismos 

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17 de septiembre de 2022 a las 18:57

Como parte de una iniciativa para fomentar la responsabilidad empresarial, el Parlamento europeo invitó a exponer sus experiencias a varias personas que sufrieron distintos grados de acoso sexual mientras trabajaban en la cadena mundial de comidas rápidas McDonald’s.

Mathilde S, de Le Havre, Francia, es una de las invitadas por el Parlamento europeo junto a otras tres personas que denunciaron en su momento acoso sexual, racismo y bullying en sucursales de McDonald’s de Brasil y Estados Unidos.

Estos cuatro casos son una muestra entre miles de otros sobre las inconductas de McDonal’s alrededor del mundo que son el foco de atención de la Unión Europea para tomar iniciativas tendientes a establecer una legislación socialmente más justa en los países miembros.

Mathilde S. le dijo a DW que empezó su primer trabajo en McDonald’s en 2018 y después de un comienzo normal, con trato amable, casi familiar, todo cambió. Comenzó a recibir insinuaciones y expresiones de contenido sexual en forma habitual, incluso por parte de su representante gremial.

En Estados Unidos, ya en 2016 se habían presentado demandas por acoso sexual en varias sucursales de McDonald’s y en 2019 trabajadores de 20 sedes acusaron judicialmente a la compañía por comentarios lascivos, exposición indecente y manoseos. Las demandas están actualmente en curso.

En Brasil, en el estado de Paraná, también se presentaron denuncias de abuso por parte de trabajadores de la cadena norteamericana. Gabriel Milbrat es uno de los invitados por el Parlamento Europeo para hablar de la experiencia vivida cuando su gerente abusó de él mientras dormía en un sillón de la habitación de descanso.

María Noichl de Alemania y Manon Aubry de Francia, ambas legisladoras del organismo europeo estiman que estas voces deben ser escuchadas por todos los miembros para fundamentar una legislación que establezca la responsabilidad empresarial de las compañías ante este tipo de casos que actualmente no está sujeta a la jurisdicción de las leyes de la comunidad.

Aunque ha habido juicios resonantes contra propietarios individuales de franquicias en Estados Unidos, la corporación madre ha podido evadir siempre su responsabilidad legal por los numerosos casos de discriminación y acoso.

La mayor parte de las sucursales pertenecen a franquicias, lo que conspira para que se puedan elevar demandas en forma conjunta y tengan que ser presentadas en forma aislada por cada uno de los afectados, que además no suelen contar ni siquiera con apoyo gremial debido a la inexistencia o debilidad de tales organizaciones en Estados Unidos y Brasil.

La legisladora Noichl dijo que se ha impuesto una cultura de “mirar hacia otro lado” ante los abusos. McDonald’s garantiza que en todos lados hay “las mismas servilletas, las mismas hamburguesas y la mismas papas fritas, pero no los mismo derechos”, agregó.

Kristjan Bragason, secretario general de la federación europea de sindicatos de la Alimentación, la Agricultura y el Tursimo, explica que el problema reside en el sistema de franquicias, que impide las acciones colectivas, por los legisladores que responden a sus orientaciones están impulsando en el seno del parlamento una legislación para establecer que en los contratos de franquicias se incorpore la adhesión obligatoria de ambas partes a un código común de conducta y responsabilidad ante la ley. Se espera que el proyecto sea tratado este otoño por el organismo comunitario.

Mientras tanto, Mathilde S. y otros trabajadores afectados continúan su campaña de denuncias apoyados por McDroits, un colectivo que lucha contra el racismo, el sexismo y la homofobia en las sucursales de la cadena McDonald’s.

McDroits organizó una huelga en el local de Le Havre en apoyo a las demandas de Mathilde S., lo que motivó que ella y otros trabajadores fueran obligados a renunciar.

Situaciones similares se vivieron en Estados Unidos, Brasil y el Reino Unido.

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