14 de agosto 2021 - 5:04hs

¿El 24 te vas de fiesta? ¿Alquilaste casa para el verano? ¿Tus hijos planean campamentos y vacaciones con sus amigos para los meses de calor? ¿Qué amigos extranjeros ya te confirmaron que vendrán a Uruguay? Las respuestas a estas preguntas son parte del balanceo millimétrico de las famosas perillas a las que se refirió el presidente Luis Lacalle Pou hace ya casi un año, y que deberá hacer el gobierno durante los próximos meses para lograr que el estado de la pandemia al que llegamos hoy a Uruguay (con casi 6.000 muertos, que no debemos olvidar) se mantenga en un rango aceptable, aunque en materia de salud lo aceptable o inaceptable es demasiado subjetivo y personal.

Si nos dejamos guiar por lo que sucede antes en el norte, una de las pocas ventajas comparativas que nos da este virus, deberíamos prepararnos ya para una segunda ola que puede ser de muchos casos y, seguramente, de pocas muertes. Si bien el fantasma de los CTIs desbordados parece haber quedado en el pasado, el sistema de salud igualmente se puede ver desafiado por un montón de casos de suaves a intermedios, un período de la pandemia que ahora están transitando países como Estados Unidos, España, Gran Bretaña e Israel -por mencionar solo algunos-, luego de que todos se confiaran en que la situación estaba controlada gracias a la vacunación.

Lo que se abre ahora es un “estado de alerta permanente”, tal como me explicó un jerarca de Salud Pública. Habrá que calibrar los efectos de cada medida, las consecuencias de los protocolos y el nivel de acatamiento de la población, a la hora de decidir -sin retrasos que puedan provocar potenciales consecuencias nefastas- qué perilla mover y cuántos milímetros. El 24 de agosto habrá fiestas “legales” que deberán seguir un protocolo que se anunció diferenciará entre vacunados y no vacunados, al menos a la hora de bailar. Esta será, en buena parte, la clave de los próximos pasos. Los aforos variarán dependiendo de si el público está o no vacunado y esto se terminará aplicando a buena parte de la vida pública.

Uruguay tiene una población con un alto porcentaje de personas vacunadas, en su mayoría con dos dosis de Sinovac que ahora se reforzarán con una tercera de Pfizer. Las autoridades sanitarias estiman que la semana que viene se superará el 70% con dos dosis y que se llegará al 75% muy pronto. Esto supone un nivel de vacunación superior al 90% de la población objetiva, que no incluye por ahora a menores de 12 años.

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Los relevamientos que se han hecho en diferentes poblaciones indican que las vacunas logran porcentajes de entre 90% y 96% para evitar la muerte. En el caso de Uruguay, un estudio realizado por el Ministerio de Salud Pública, difundido a principios de junio, confirmó que la Sinovac previene el 95% de las muertes, mientras que la vacuna de Pfizer, en mayores de 80 años, evita el 94%. Con la tercera dosis de Pfizer estos porcentajes seguramente no cambien, pero los estudios en los que se apoya el MSP señalan que este refuerzo aumenta significativamente la cantidad de anticuerpos contra el Covid-19, lo que debería influir positivamente en los contagios, sobre todo a la luz de la variante Delta.

La Delta-manía que vivió Uruguay en julio, para evitar que entre una variante que es la que ahora predomina en la mayoría de los países del norte, si bien loable y además razonable a la hora de volver a rastrear contactos, parece una guerra perdida de antemano.

Son varios los científicos y especialistas que consideran que también será la dominante en Uruguay, porque -como me dijo uno de ellos- “Brasil es el tobogán y Uruguay el arenero”. Nuestro país vivió su peor momento de la pandemia en medio del proceso de vacunación, como consecuencia de la variante P1 que sobre todo llegó desde Brasil.

Con la apertura parcial de fronteras en septiembre y total en noviembre, más los viajes de los propios uruguayos, la Delta se instalará también acá y será una de los factores más críticos a la hora de manejar la emergencia y balancear las perillas. A  juzgar por lo que está sucediendo en otras partes del mundo, y ahora que sabemos que no tenemos nada pero nada “especial” que frene al virus, Uruguay seguramente tendrá una segunda ola, que podrá ser una olita, pero que supondrá un aumento de casos. Las vacunas no protegen en un 100%, por lo cual habrá personas vacunadas que morirán, sobre todo si los casos se disparan.

La decisión de salir de fiesta el 24 no es la que más le simpatiza a Salud Pública, pero es la que “se necesitaba en este momento” a nivel social, explicaron fuentes de la cartera. Si la ciencia indica que deberíamos quedarnos quietos un poco más, la ciencia social dice que la crisis económica y hasta anímica que generó esta pandemia debe ser evaluada y considerada.

El encierro obligatorio nunca fue una posibilidad para este gobierno, por lo cual es esperable que no lo sea en el futuro.

Sin embargo, el manejo inteligente, veloz y balanceado de las perillas y de las diferentes opciones ya ensayadas para intentar trancar al virus, son las claves en adelante, tanto o más que en el peor momento de la pandemia. En eso, además, todos podemos colaborar con algo de sentido común.

Lo peor de la pandemia pasó y todos queremos que ya no haya ninguna ola ni olita ni nada que se le parezca.

En marzo de 2019 pensábamos que en unos meses todo sería como antes. El optimismo es loable siempre que se acompañe de realidad. Lo peor pasó, pero quedan desafíos por superar. 

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