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Martina en el parque eólico.

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La estudiante de energías renovables que alcanzó el sueño de mantener un parque eólico

Martina, una joven de 23 años que murió en un accidente, había logrado ganarse un lugar en un rubro liderado por hombres en base a esfuerzo y carácter

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12 de febrero de 2022 a las 05:02

Era su ilusión, su sueño. Con 23 años y todo un esfuerzo a cuestas, había logrado llegar adonde quería: trabajar con las energías renovables. Inteligente, perseverante, con personalidad y carácter, amiga de sus amigos, solidaria. Había logrado el hito de ser la primera mujer en Uruguay en vincularse laboralmente al mantenimiento de palas de aerogeneradores en un parque eólico. 

En diciembre pasado, luego de un proceso de selección en el que impresionó desde la primera entrevista, recaló en una empresa referente en el rubro del Uruguay. Martina Sol Colombo Berti nació en Montevideo y era estudiante –le faltaba muy poco para finalizar– de la carrera de ingeniería en energías renovables de la UTEC de Durazno.

Luego de una capacitación sobre normas de seguridad, marchó a trabajar al Parque Eólico Palomas, en el departamento de Salto. Ubicado en el kilómetro 526 de la ruta 3, este parque –propiedad de Nicefield SA con el que UTE firmó un contrato de leasing por 20 años– provee de 70 megavatios a UTE gracias a 35 aerogeneradores. Martina y dos compañeros, uno de ellos de Letonia, se ocupaban de su mantenimiento.

Aquel caluroso día de principios de enero estaban trabajando en el penúltimo aerogenerador de una ronda que tenía por cometido la medición de conductividad, en el que se utiliza un robot, justamente, con tecnología letona. Martina pidió ir al baño, que se encuentra en la subestación, y al salir del parque y al tomar un camino vecinal, volcó con la camioneta. Y así, de repente, quedó trunca la vida de alguien que tenía todo para comerse el mundo.

Triste e injusto. Hija de un chapista y de una ama de casa, como la propia madre la describió, fue una niña “que solo dio orgullo” en el período escolar, liceal y universitario, aunque demostraba ser “intensa y con carácter”. Andrea Colombo, al hablar sobre su hija Martina lo hace desde la satisfacción, y con el dolor lógico por esta tragedia. Tenía “mucho amor” y era “muy empática”, con todos, con su familia, amigos y conocidos.

Las amigas
Martina tuvo muchos amigos, pero las amigas más cercanas, esas con las que compartían todo, dedicaron un audio a su memoria: "Martina era valiente, apasionada, y decidida, luchaba por sus sueños y por lo que quería, inspiraba e iluminaba a todos los que la rodeaban, era un ejemplo de fortaleza; a pesar de muchas adversidades que tuvo que afrontar a lo largo de su vida siempre persiguió sus sueños, sin dudarlo. A sus 19 años se fue sola a Durazno alejándose de todo lo que conocía para perseguir uno de esos sueños. Pero detrás de esa personalidad fuerte y valiente había una amiga dulce, empática y compañera. Sabía aconsejar con palabras justas y verdaderas, pero siempre desde el cariño y el respeto. Era graciosa y divertida, siempre te sacaba una sonrisa, tenía un gran sentido del humor. Marti era muy consecuente, siempre actuaba en base a lo que creía, era fiel a sus principios y en quienes quería, por eso nosotras seguimos fieles a ella y aunque ya no esté será nuestra inspiración siempre".

En el transcurso de su vida, Martina vivió sacudones económicos y familiares; hubo intentos de emigración, hasta que la familia decidió quedarse en Uruguay. A partir de ahí, buscó vincularse a todo lo renovable, lo que “amaba”. “Estaba comprometida con el mundo que se viene”, subrayó Andrea, su madre.

Para Andrea, Martina de algún modo emigró a Durazno, donde vivió cuatro años. “El sacrificio para llegar donde llegó lo hizo ella. Constante con el estudio, con sus responsabilidades; ni un solo día de su vida tuve que decirle que estudiara”, dijo. “Como toda madre no puedo ser objetiva. Quiero expresar que el poco trayecto de Martina, o mucho, fue que dejó legado, no fue un pasaje común, porque ella lo decretaba así. Me deconstruí con ella, crecí con ella; posiblemente le aporté yo a ella, pero ella más a mí”.

Destacó que Martina se enfocó en sus objetivos, “pero no le resultó fácil”, hubo varios sacrificios que sortear. Como los problemas económicos, que la llevaron a vivir en tres lugares distintos en Durazno. Además, cuando ingresó a la UTEC en 2017, sus padres se separaron y su papá se enfermó: debió hacerse diálisis, hubo un trasplante, una operación de corazón, hasta que falleció en mayo del año pasado.

Con su novio, Santiago Machado.

“Sacrificios de estudiantes debe haber miles, pero hoy se trata de ella, entonces lo hablo porque realmente no la tuvo fácil. Y cuando realmente iban a comenzar los logros, pasó lo que pasó, que no fue más que un accidente laboral”, afirma Andrea.

“Acá en la vuelta anda una cartuchera de ella, con una frase: ‘pensá que ser distinto es pensar’. Y eso es lo que hacía, era un ser pensante. Tengo una familia maravillosa y Martina estará presente en nuestras vidas para siempre. Tiene que tener una cierta dimensión lo que hizo porque no fue menor. Siempre tenía la sensación de que tenía una artista en casa, que rompía los estereotipos. Estaba comprometida con el mundo que se viene, con el feminismo, con el vegetarianismo, con la política, con las desigualdades”.

Compañera

Lucas, su hermano de 27 años, también destaca la faceta caritativa de Martina, que se mostraba cercana por el simple hecho de acompañar al otro y de estar juntos. “Compartíamos muchas cosas, pero capaz lo hacía más por estar juntos que por si realmente quería hacerlo. Íbamos a ver a Peñarol o me ayudaba con el auto; no lo hacía por gusto de ella sino para compartir algo conmigo”, dice.

Cuando Martina partió rumbo a Durazno para estudiar en la UTEC, tuvieron una relación más estrecha por aquello de extrañarla y de recibirla con honores cada vez que volvía a la casa del Prado. “Me acuerdo que le gustaba que fuera a buscarla a plaza Cuba, y esperarla con pizza”, cuenta.

Los primos
Maia, su prima, habló en nombre de todos los primos y mencionó palabras en acuerdo con los demás acerca de Martina, a la que querían y admiraban. “Las personas que conocieron a Martina saben que no es una persona que se pueda describir en palabras porque era muchas cosas”, dijo. Y añadió: “Martina es el significado puro de familia, que iluminó la vida de todos, con su alegría, humor, bailes, incluso en los momentos difíciles daba el apoyo sin pedirlo. Un corazón enorme  y un ejemplo a seguir como mujer, persona, estudiante, una luchadora que conseguía todo lo que se proponía. Su perseverancia, fuerza y valentía eran incansables, ejemplo de que se llega lejos más allá de las adversidades; un alma rebelde pero con la mirada más infantil y la sonrisa más tierna. Una excelente compañera de vida a la que le podías confiar todo, nunca te iba a juzgar, siempre tenía la palabra justa. Nunca la vamos a olvidar, lo felices que fuimos al lado de ella, la llevaremos muy pegadita al corazón. Era una excelente persona y es mi ejemplo a seguir. Como ella decía este trabajo era el primer escalón antes de irse a Dubai. Porque ella decía que se iba a ir a Dubai, y que después nos iba a llevar a todos. Un orgullo para nosotros”.

Un ser excepcional

Santiago Machado conoció a Martina en la UTEC. Eran compañeros de clase y se ennoviaron. En cada frase deja clara la admiración que sentía por ella. Cuando surgió una oportunidad laboral, ambos se presentaron. Quedó ella. “Yo me tiré por tirarme. Era obvio que Martina estaba mucho más preparada”.

“En 2018 fuimos (con la clase) al parque Palomas. Cuando estábamos allí nos cruzamos con grupo de mantenimiento, eran todos españoles, cinco en total y solo una mujer. Ahí fue cuando Martina dijo que a ella le gustaría dedicarse a eso, trabajar en mantenimiento, porque no había acá otra que lo hiciera”, relata Santiago.

Recuerda que cuando entró a trabajar “estaba re contenta, me contaba lo que hacía y me mandaba fotos de lo que estaba haciendo. Le encantaba”. “Antes de arrancar a trabajar tenía que comprarse championes y guantes, y recorrimos medio Montevideo porque no había talles para ella. Como que las mujeres no entran en el rubro. El pantalón que se compró le quedaba gigante; estaba diseñado para hombres”.

También destaca que como novia “era excepcional”. “Me acompañaba en todo. La mayoría de las cosas con ella fueron lindas”. No llegó a visitarla a Salto: les faltó tiempo para eso.

“Ni hablar que fue una pionera. Va a quedar en la historia de Uruguay porque fue grande, muy grande, lo que hizo”. Andrea Colombo, madre de Martina.

Huella en la UTEC

Priscilla Silveira es brasileña y es docente de energía eólica en la UTEC de Durazno. Conoció a Martina en 2019 y surgió enseguida el aprecio. “Era una chica extremadamente dedicada y que sabía lo que quería. Tenía una personalidad muy fuerte, era muy disputada por los profesores de la UTEC; muchos querían que trabajara en sus proyectos, y yo tuve la suerte de que ella me eligiera a mí”.

Según Priscilla, el curso de mantenimiento de operación de palas eólicas resultaba ser una “pasión” tanto para Martina como para esta profesora. En 2020, la estudiante comenzó con los trabajos de su tesina, en el que ella y los demás compañeros plantearon un tema “muy complejo”.

“Les comenté que para trabajar ese tema tendrían que tener mucha dedicación. Ella me dijo que eso no era impedimento. Es que para ella nada era imposible. Tuvimos muchos problemas para terminar debido a la pandemia y por la complejidad del tema, y además cuando estaban a punto de defender el trabajo Martina perdió a su padre. Y tuvimos que posponer la defensa. Fue muy emocionante y, el trabajo, muy elogiado por todos los miembros del tribunal y demás compañeros”.

Priscilla le había conseguido una pasantía en una empresa, la que no pudo acometer debido a la pandemia del covid-19. Pero la perseverancia paga. “No se dio por vencida” y al final del año pasado logró una oportunidad laboral precisamente en ese rubro. Y este año, “teníamos todo para empezar su trabajo de tesis, ya elegido el tema y el cronograma. Estaba todo decidido. Y también estaba relacionado al área de manteamiento de aerogeneradores. Como siempre. No había forma de que saliera mal”.

Con su hermano Lucas.

“Para mí fue muy especial que se hubiera ganado un lugar en este mercado lleno de hombres. No tenemos muchas mujeres trabajando en ese sector, las que logran hacerlo deben tener muchas ganas y voluntad. Ella dio el primer paso”, menciona Priscilla. “La extrañaremos mucho. Sin duda fue una de las mejores alumnas que hemos tenido”. 

Matías Loinaz también es docente en la UTEC de Durazno y tuvo a Martina entre sus alumnos. “Un verdadero placer. Una flor de estudiante, una genia”, dice sin vueltas. “Martina tuvo tres cursos conmigo en la carrera. Me dio para conocerla bastante”, ahondó.

Cuenta una anécdota que demuestra el desempeño de Martina: “A dos semanas de un parcial, tuvimos un intercambio en clase y me hizo una pregunta. Le digo: ‘pero Martina, estás dibujada, a esta altura me hacés esta pregunta’. Y en ese parcial fue la nota máxima”.

Para el profesor, Martina contaba con una “capacidad tremenda”, algo que solía demostrar con frecuencia en clase, con su actitud como estudiante y por su “parte humana” y compañera, y en el interés por el buen funcionamiento de la UTEC, de su autonomía, de los grupos de estudiantes. “Ella estaba en todo, era un cosa increíble. La vamos a extrañar mucho”.

Cálida y extrovertida
“Martina, desde el comienzo, fue muy cálida y extrovertida. Trabajando era muy enérgica y se enfocaba muy bien en lo que hacía”, destaca Facundo Etcheverry, uno de sus compañeros de trabajo en el parque eólico. “A mí me tocó compartir con ella desayunos, almuerzos, cenas; de hecho, la noche anterior (al fallecimiento de Martina) habíamos salido a cenar a un restaurante, muy contentos por el día de trabajo que habíamos tenido y me contó varias cosas de su vida cotidiana”, señala. “Era una persona con sensibilidad apreciable y un buen corazón”, concluye Facundo.

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