21 de diciembre de 2022 5:04 hs

Una investigación reciente confirmó que cuando los ejemplares de laboratorio fueron expuestos a la misma luz que tienen los teléfonos y las computadoras su crecimiento se alteraba.

Durante la 60° Reunión Anual de la Sociedad Europea de Endocrinología Pediátrica (SEEP) se debatió una investigación que puede traer consecuencias en el crecimiento de los niños y adolescentes.

Se trata de los efectos de exposición a la luz azul a través del uso de teléfonos y tablets. En concreto, si lo estudiado en ratas se replica en humanos, podría alterar los procesos hormonales y aumentar el riesgo de una pubertad más temprana.

Más noticias

Los resultados de la investigación muestran cómo la mayor duración de la exposición a la luz azul se asoció con un inicio más temprano de la pubertad en las ratas hembras, que también mostraron niveles reducidos de melatonina, aumento de los niveles de algunas hormonas reproductivas y cambios físicos en sus ovarios. 

Hemos descubierto que la exposición a la luz azul, suficiente para alterar los niveles de melatonina, también es capaz de modificar los niveles de hormonas reproductivas y provocar un inicio más temprano de la pubertad en nuestro modelo de rata. Además, cuanto más larga la exposición, más temprana es la aparición de sus efectos”, explica el  Dr. Aylin Kilinç Uğurlu quién lideró  la investigación.

El uso de estos dispositivos ya se había relacionado con alteraciones de los patrones de sueño en los niños, así como en el sobrepeso o la obesidad, pero este estudio sugiere que podría haber riesgos adicionales para el desarrollo infantil o incluso la fertilidad futura. 

Si hubo un aumento del uso de dispositivos de este tipo no es solo por los avances tecnológicos sino por la pandemia del coronavirus que acrecentó el teletrabajo y la comunicación por internet.

Estos beneficios tienen como contrapartida la pérdida del contacto presencial, lo que lleva a situaciones complejas y problemáticas, particularmente en el ámbito de la educación de jóvenes y mayores. A esto se añade el posible daño a la salud que vienen poniendo de manifiesto algunas investigaciones científicas cuando las horas se prolongan cotidianamente frente a las pantallas de los distintos dispositivos. Ese daño radica, sobre todo, en la luz azul que emiten los artefactos basados en diodos de emisión de luz (LEDs, por sus siglas en inglés).

La luz es la forma que tiene el cerebro de sentir y percibir las ondas electromagnéticas, un tipo de energía que está por todas. “La luz azul es una onda muy corta que emite más energía que la de otros colores del espectro visible humano, como el verde, el amarillo o el rojo, lo que la hace más peligrosa”, añade la investigación de la SEEP. Tanto el Sol como las lámparas fluorescentes e incandescentes emiten luz azul que todos, animales y personas, recibimos sin apreciables consecuencias.

En la era digital “las personas recibimos la dosis extra de luz azul que procede de computadoras, teléfonos móviles, televisores de pantalla plana o tablets. Las lentes de nuestros ojos (córnea y cristalino) protegen a la sensible retina de ser dañadas por ondas muy cortas y peligrosas como las ultravioletas, pero no la protegen igualmente de la también muy energética luz azul”, dice el estudio, y añade “de ahí el peligro de permanecer muchas horas expuestos a ella”.

Durante la pandemia del coronavirus, las personas “pasaban más de 9 horas al día frente a una pantalla, tiempo que, aun sin covid, podría resultar también ahora de la tendencia creciente a trabajar y comunicarnos en línea. Especialmente peligrosas podrían ser las horas que pasen los niños frente a dichas pantallas si no son educados a evitarlas”.

Sin embargo, las investigaciones señalan los “efectos beneficiosos de la luz azul: disminución de la depresión estacional, mantenernos despiertos y potenciar la memoria y otros procesos cognitivos”. A eso se suma su posible relación con patologías de la retina o relacionadas con ella: “muerte de células fotorreceptoras, glaucoma o degeneración macular, particularmente en la vejez”.

Otro efecto es “la alteración en los ritmos de vigilia y sueño”.

La principal novedad de esta investigación radica en la posibilidad de que “la exposición prolongada a la luz azul, además de dañar la retina, pueda dañar también a tejidos del cerebro no relacionados con la percepción de la luz; es decir, al cerebro en su conjunto, afectando de ese modo a la salud global del organismo”.

Para tratar de comprobarlo, los investigadores realizaron el experimento “de someter crónicamente a la luz azul a una variante transgénica de Drosophila melanogaster, la mosca de la fruta. Es una variante que nace sin ojos por lo que se entiende que los posibles efectos de la luz azul sobre su cabeza, en caso de haberlos, serían independientes de su paso por la retina y afectarían directamente al cerebro, como así pareció ocurrir”.

Las moscas sometidas a 14 días de luz azul, comparadas con las que permanecieron el mismo tiempo en la oscuridad, además de reducciones significativas en neurotransmisores excitatorios como el glutamato, o inhibitorios, como el GABA (ácido gamma amino butírico), mostraron elevadas concentraciones de succinato y reducidas de piruvato, moléculas cuya alteración sugiere dificultades en la producción de energía y, en definitiva, alteraciones en la homeostasis y el funcionamiento cerebral.

Estos resultados no fueron estudiados en humanos, la demostrada conservación de muchos mecanismos fisiológicos de invertebrados a vertebrados a lo largo de la evolución nos hace sospechar seriamente en la capacidad de la luz azul para influir en el funcionamiento del cerebro humano. “Mientras la neurociencia no establezca conclusiones definitivas, ante los datos expuestos el mejor consejo es no abusar de los dispositivos que emiten ese tipo de luz y evitarlo”, concluye el estudio.

EO Clips

Te Puede Interesar

Más noticias de Argentina

Más noticias de España

Más noticias de Estados Unidos