25 de noviembre 2019 - 5:01hs

Ellos se abrazan. Esconden la cabeza en los hombros del otro. Tendrán 20 años como mucho; está es su primera elección. Y perdieron. De fondo sigue sonando La Ola Esperanza bien alto, como si alguien hubiese dado la orden de pasarla en loop sea cuál sea el resultado. Pero ellos solo escuchan el llanto del otro, que arrancó en cuanto la cuenta regresiva de Telemundo y Cifra puso la cara de Luis Lacalle Pou en la pantalla gigante del estudio sobre el rótulo "nuevo presidente electo". Cuando lo vieron, se quebraron. Y como ellos se quebraron varios de los que miraban la transmisión en medio de la marea humana que acaparó la cruz de 18 de Julio y Yaguarón. Hasta el cartel de "No pasarán", que estuvo en alto desde la tarde, se bajó. 

Y con la tristeza viene el amague. Algunos se rinden, se quieren ir a la casa. Ya fue, dicen, ya fue. Otros, antes de intentar emprender la temprana retirada, comparten la frustración en historias de Instagram, porque al dolor también hay que postearlo, sino no duele tanto. Y todo esto, que se parece mucho al velorio que las encuestas previas pronosticaban, sucede frente al escenario en el que Daniel Martínez debería subir a consolar a las golpeadas almas frenteamplistas en minutos. Y que suceda allí no es un dato menor, porque más a la derecha, como un virus, se desparrama un grito de euforia contenida que se contagia. Enseguida todos se enteran: no todo está, al menos por ahora, perdido. Incluso hay quienes dicen que el FA podría ganar. Locura total.

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Inés Guimaraens

Entre alaridos y bailes, ellos siguen abrazados. Se despegan y se pegan, prendidos como dos garrapatas embanderadas. Ahora, sin embargo, cambian las lágrimas de frustración por una alegría que hace segundos se hacía imposible. 

Y así todo se convierte de nuevo en la fiesta que los números mataron. La cerveza vuela en el aire, las banderas se levantan, la gente llora, pero ahora lo hace por el estupor y la esperanza. Se trepan a los kioscos, hay coreografías en el escenario, hay gritos que se suman y una canción que suena y que la cantan todos: A redoblar. Después No Te Va Gustar. Y enseguida La Ola Esperanza otra vez. La noche acaba de empezar y ya les dejó claro a todos que será una montaña rusa llena de volteretas y emociones. ¿Y alguien se quiere bajar? No señor. "Acá no se rinde nadie", grita desaforado un hombre, como para dejar claro que nada terminó aún. 

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Mientras sube el volumen, los mensajes a la oposición arrancan. Entre "Manini esto es para vos" y otros epítetos varios, la intensidad del aire trepa y trepa. Vino en tetrabrik y transpiración colectiva, la gente aguanta por los datos que cada vez son más parejos y que auguran el balotaje más apretado de la historia de los balotajes del país. 

Y ese estado se mantendrá y nunca se terminará por ir del todo. Porque las horas pasan y en un momento, la Corte Electoral desiste. “Hoy no”, anuncia. Y los miles que están en el Centro desisten de abandonar la fiesta. Bailan plena, bailan Damas Gratis, bailan la canción que les pongas. Bailan hasta A Don José. Si resulta que el Frente Amplio termina perdiendo la elección –que es la posibilidad más certera–, nadie va a poder decir que en la calle fue una noche de lágrimas. O sí, pero no de esas lágrimas.

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Sobre las 11.30, Daniel Martínez sube al escenario. Entra como Rocky entraba al ring después de ganarle la primera pelea a Apolo Creed. No reconoce la derrota. Brazos en alto, gritos que levantan a la gente, arengas y un final que termina en caravanas desperdigadas por el Centro, con bocinazos y batucadas en medio de la calle mugrienta. La noche termina en una celebración que, conteos de votos observados aparte, ni los propios frenteamplistas se vieron venir. Es la fiesta imposible. Pero pasó. Y ellos, probablemente, siguen abrazados. Pero ahora con la cara ya seca.
 

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