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La Citroen Mehari en la que el médico acudió a la chacra

Fútbol > ENTREVISTA A JORGE ROMERO

La historia del médico novato que salvó a Maradona de su primera muerte en Punta del Este

"Callé por respeto a la familia y al pueblo argentino", dice Jorge Romero, que le salvó la vida al astro en el 2000 y vuelve a hablar tras la aparición de la serie de Amazon

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25 de noviembre de 2021 a las 09:26

Cortó el teléfono y pisó a fondo su Mehari, destino a la chacra La Boyita, para atender una urgencia: un hombre "se estaba muriendo". El médico Jorge Romero (50) tenía 28 años, llevaba tres días de trabajo y menos de un mes de recibido cuando recibió el llamado de Guillermo Coppola y supo que el paciente grave al que debía asistir era Diego Armando Maradona.

Corrían los primeros días del año 2000 cuando el joven médico, recién asentado en La Barra, abandonó la policlínica donde dormía y trabajaba, consciente de que la situación era más delicada de lo que le habían pintado por teléfono. La charla, que había comenzado con un pedido de un aparato de presión y un estetoscopio para un descompensado, era otra historia puertas adentro. 

Maradona, que no despertaba hacía dos días, estaba a punto de morirse a 23 kilómetros de distancia. Lo habían postrado en un sillón de mimbre de una plaza, pegado a una ventana, a unos 300 metros de la casa principal del predio. A su lado, dormía plácidamente su amigo Carlos Ferro Viera con los pies apoyados sobre una mesa ratona. Alrededor había cuatro personas más, todas mirando expectantes, sin saber qué hacer, mientras el polvo de los enseres de cocina bordeaba la escena.

“Nada de lo que se me había transmitido (por teléfono) era verdad y uno lo tenía claro en el momento. Ahí empezó mi primera lección de cómo los acompañantes de un paciente grave en esta zona muy habitualmente dicen lo que les conviene y no lo que ocurrió. Coppola fue mi primer maestro al respecto”, contó Romero a El Observador 22 años después de esa lección inaugural de su carrera.

Su desesperación lo llevó a pensar que la primera vía de salida era pedir una ambulancia especializada. Coppola le dijo que no, que irían en camioneta, pero que antes tenía que bañarse. Se tomó el tiempo de aclarar por qué lo hacía, explicó el médico. El representante del jugador habló de la importancia de la imagen en su trabajo y de la presencia de paparazzis alrededor de la chacra. Luego de la ducha de Coppola manejaron hasta una Ancap a cargar nafta, en donde, para su suerte, casi no había vehículos. 

Romero intervino el día que Maradona fue internado en el Cantegril luego de sufrir una crisis de hipertensión arterial y arritmia ventricular

Pero mirando en retrospectiva, el profesional reconoce que el relacionista terminó tomando la mejor decisión y sacándolo de un apuro que bien pudo pasarlo de "héroe a villano" en cuestión de una tarde, aún cuando hubiera llegado a esa determinación de forma irracional. “Coppola salva a Maradona cuando se niega a que yo llame y pida una ambulancia especializada con un médico de mayor experiencia para manejar el cuadro. Él se negó a eso y ahí le salvó la vida porque lo cargamos en su camioneta y lo llevamos al sanatorio mientras yo hacía las coordinaciones por teléfono. Fue un procedimiento mucho más rápido que armar una ambulancia especializada que llegara a aquel punto y volviera a ir al sanatorio”, dijo.

“También se tomó una decisión en esa casa que yo caí en cuenta hace poco. El auto más rápido con nafta se fue con Ferro Viera, nosotros nos quedamos con la camioneta gigante con el tanque vacío. Eso fue una clara muestra de cómo priorizaron los hechos esas personas. Y no emito juicio de valor, solo describo los hechos que pasaron”, relató.

A sus 50 años, el profesional está casado y sigue radicado en Maldonado

Las noches en las que el exfutbolista y su círculo se alistaron para recibir el cambio de siglo en la chacra se habían dado de la forma más maradoniana posible: fiestas hasta el amanecer, abundancia de alcohol, drogas, y de postre una jornada de fútbol al rayo del sol. 

El trayecto hasta el sanatorio Cantegril no fue la excepción: Romero vivió en carne propia lo que implicaba estar cerca de Maradona. El mismo hombre que en México 1986 había llegado al edén futbolístico quedó en manos de un novato de 28 años, que viajó en el asiento trasero de la camioneta con el torso descubierto –a pedido de su representante– para pasar como un amigo y evitar sospechas mientras se detenían a cargar combustible en la estación. Al mismo tiempo, debió asistirlo.

Ese episodio fue reconstruido por la serie Maradona, Sueño Bendito, de Amazon Prime, en la que se lo muestra descontracturado, en el asiento delantero junto a Coppola. Su representación en la historia, que, entiende, lo dejó "mal parado" como profesional, lo impulsó a conceder una entrevista a El Observador, luego de años en silencio.

El médico bajo perfil, que se aparta de los "rockstar" y es un "común" relevante

Aunque su actuación fue clave para que Maradona –a quien siempre se refiere como "paciente"– sobreviviera, Romero prefiere desmarcarse del rol protagónico que implicó su tarea y asume que el ídolo argentino se salvó porque "los astros se alinearon" y múltiples variables entraron en juego. Entre ellas, menciona la actuación de Coppola como un factor "decisivo", destaca la capacidad del centro médico y reconoce, en un tono más calmo, su colaboración en el proceso.

“Fui uno de los elementos que favoreció a que este hombre sobreviviera en esa instancia. No lo debo negar porque es cierto. Iba atrás procurando que tuviera la vía aérea permeable y para eso hay que ir realizando maniobras. Pasé medicación, así que algo debo haber tenido que ver. Maradona es el ejemplo perfecto de lo cerca que queda el héroe de ser el villano de la historia. Es el propio paciente que muestra el porqué de mi prudencia. A mí no me gusta que se me ponga en un rol de salvador porque entiendo que a la vuelta de la esquina me van a caer con algo muy duro. En estricto censo, colaboró Coppola en salvarle la vida, y de un modo decisivo, cuando dice: 'Acá no va a venir nadie más que vos, flaco. Vos sos el que está acá y Maradona vive o muere, pero es con vos. No entra nadie más acá'".

El episodio, que marcó un antes y un después en su reconocimiento público, no modificó el perfil cauto, apartado de la controversia y los discursos mediáticos que el médico ya había cultivado a los 28 años. Pese a su corta edad, Romero entendió que tomar un rol protagónico tras el episodio hubiese ido en contra de la concepciones humanistas que quería practicar.  

Curtido de lecturas ávidas de Karl Marx, Adam Smith, Erich Fromm, Horacio Quiroga y Edgard Allan Poe desde la infancia, Romero ya se identificaba por entonces con el lado ecosistémico de la medicina, ese que busca alcanzar la "autenticidad desnuda de la naturaleza humana y los procesos que la interceptan". Y a eso apunta hasta el día de hoy: "Vine aquí a tener una vida moderada, sin grandes cargos ni puestos porque entiendo que las instituciones terminan en una ecuación difícil en donde te piden más de lo que te dan. Yo defiendo el humanismo. Defiendo primero a la persona, con todos los defectos y lo mentiroso que es el ser humano, que queda bien plasmado en todas estas dramatizaciones y vaivenes (del caso). Yo igual defiendo a las personas. Y a la primera persona que defiendo es a mí".

A sus 50 años, casado y abocado a la vida en las dunas, el médico se define como un ser "común" en el "mundo de los malla oro". Admite que aún está lejos de los "pisos actorales" de un "rockstar" y que, aunque sea una "gota de aceite en el mar", seguirá atado a la idea de permanecer en silencio, como lo hizo por respeto a Maradona el día de su muerte, justo hace un año. "La muerte de un ser humano evoca de modo reflejo en todas las personas de bien un minuto de silencio figurado. En mi caso, por respeto a su familia directa, a quienes lo amaron, al pueblo argentino y para diferenciarme de los demás de un modo positivo, callé. Si hoy hablo es porque me impactó cómo permanecer en silencio también puede ser una debilidad en este caso".

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