Aunque parezca un chiste, la autorización de Uruguay al ingreso de carne aviar desde EEUU provocó gran revuelo luego de conocida la celebración de ese logro en la Embajada. Pero resulta que la noticia de la habilitación la publicó El Observador en marzo pasado. Y nada ocurrió. Desde entonces, se importaron 25 toneladas de pollo estadounidense, de las que se vendieron solo 10, según fuentes empresariales. No solo ello. Empresarios estadounidenses consultados por El Observador durante la recepción en la Embajada dijeron que la participación en el mercado uruguayo “no será importante” y que llegan con ánimo de “complementar, ayudar a desarrollar la industria uruguaya, capacitar” personal del sector. Igualmente las protestas de los gremios uruguayos están a la orden del día: ya mandaron carta al presidente José Mujica y solicitaron entrevista al ministro Tabaré Aguerre. Es triste comprobar que a veces se pierden las referencias y se valora poco lo que se tiene, las propias capacidades, las oportunidades que esta apertura otorga al sector avícola uruguayo. Estamos hablando del principal productor y exportador mundial que dice: “Venimos para ayudar”. La película ya la vimos: pasó en marzo de 2010 cuando ingresó el pollo de Brasil.
La historia (del pollo) vuelve a repetirse
Columna de opinión publicada en El Observador