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La Idamanía en la feria del libro de Maldonado

La poeta de 95 años tuvo su primer evento después del anuncio de que recibió el premio Cervantes

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15 de noviembre de 2018 a las 21:13

Suena el pericón. Ocho adolescentes bailan en el patio colonial del paseo de San Fernando, frente a la plaza principal de Maldonado. Se equivocan en un paso, se pierden, y el público se ríe. Prueban de nuevo, les sale bien, y los ovacionan. Ida Vitale está por llegar. La poeta fue anunciada en la mañana de este jueves como ganadora del premio Cervantes, el más prestigioso de la literatura en español, por lo que su visita a la feria, que ya estaba programada, ahora es mucho más relevante que ayer.

Los bailarines terminan y suena música instrumental. Una señora toma el micrófono y anuncia a la autora: dice que tiene 98 años (en realidad tiene 95) y ni menciona el Cervantes. Lo resume en un multipremiada. En la docena de stands de editoriales y librerías hay solo cuatro ejemplares de El ABC de Byobu. Es el único libro de Vitale en toda la feria. La poeta está llegando y los ejemplares se venden rápido.

Aparece de pronto, caminando, con su hija Amparo. Las cámaras se le van arriba. El público la aplaude espontáneamente varias veces. Llegó Ida Vitale, y el poeta melense Andrés Echevarría, que la presentará en la feria, sugiere que la Academia Nacional de Letras la postule al Nobel.

La autora va hacia la sala donde se presentará un repaso a su carrera y su obra. El impacto del Cervantes hace que la presentación se postergue 20 minutos para hacer lugar a una conferencia de prensa. Ante los medios la poeta repite la sorpresa y el honor que siente, que por suerte la premian de grande para que no se le suban a la cabeza los galardones, y que ser solamente la quinta mujer en haberlo ganado señala un “desnivel”.

Mientras los movileros preguntan, afuera espera una multitud impensada para la feria. Los organizadores cuentan que nunca vieron tanta gente en este evento. Son en su mayoría mujeres. Son en su mayoría personas mayores. Pero esperan pegándose al vidrio de la sala cono adolescentes ante una estrella de rock.

La Idamanía se desata cuando abren las puertas. Público en el piso. Público parado. Aplausos. Gritos de bravo. Y en medio de la ovación, Vitale se para y le acerca una silla a una señora. Se sienta, agradece, y empieza a recordar vida y obra. Hace chistes, recuerda libros y poemas que la marcaron, autores con los que compartió mucho. Habla tanto que se hace tarde y su hija Amparo pide que se apuren para que los demás eventos previstos se puedan realizar.

Termina leyendo un poema. La gente que escuchó con atención y asintió emocionada, ovaciona de pie. Seguramente sin el Cervantes serían la mitad. Pero vino el premio y vino la gente. Vino la Idamanía.

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