Fútbol > EL TAPADO DE LA FECHA

La incansable lucha de Agustín González por cumplir su sueño tricolor

El volante que deslumbra en Progreso llegó al baby fútbol de Nacional en 2009 y desde entonces acuna el sueño de ponerse la del primer equipo del bolso

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22 de octubre de 2019 a las 05:03

Los niños de Nuevo Amanecer corrían detrás de la pelota. La inocencia de la niñez los llevaba a jugar totalmente despreocupados. No importaba el entorno. Mucho menos que el rival fuera Danubio. A determinadas edades la historia pasa por jugar haciendo honor al amplio significado de la palabra.

En un rincón de la canchita un hombre miraba con atención. Se detuvo en un chico que le llamó la atención por sus condiciones. Si algo caracterizaba al Cholo Trueba era su olfato. No fallaba.

Terminado el partido se arrimó a hablar con el chiquilín y su padre.

A los pocos días el niño se presentaba en el Parque Forno –viejo complejo deportivo de Danubio- aceptando la invitación del captador de Danubio para ponerse la franja sobre el pecho. Fueron tres años jugando en Aufi (Asociación Uruguaya de Fútbol Infantil).

Cierta vez viajó a jugar un torneo en Argentina. Entre otros rivales estaba Nacional. Justamente una tarde, el delegado tricolor se arrimó al padre del chiquilín y le tiró un dato del que tenía amplio conocimiento: “Vos y tu hijo van a ver a Nacional”. Y por lo bajo le comentó la posibilidad de que el chiquilín se fuera a entrenar a los bolsos.

Corría el año 2009. Fue el inicio del sueño. Agustín González (22 años) no lo dudó un instante. “¡Imaginate! Yo soy hincha de Nacional. Cuando me lo dijeron ni lo dudé”, contó a Referí el volante que actualmente deslumbra en Progreso y es uno de los goleadores del torneo Clausura.  

Agustín terminó el baby y arrancó en la Preséptima de Nacional. Su primer técnico fue Germán Rolín, el padre de Alexis, el exzaguero del club albo. Luego comenzó a entrenar tres días a la semana bajo las órdenes de Jorge Galán.

Cuando le dieron su primera camiseta de Nacional no lo podía creer. Era un sueño. Pero no se quedó en eso. Se planteó uno más ambicioso: jugar en el primer equipo.

Fue entonces cuando comenzaron los sacrificios por cumplir con su deseo.

“Yo estudiaba de mañana, iba al liceo. Me llevaba la comida en una vianda y cuando salía comía algo a las apuradas, y me tomaba un ómnibus para ir a entrenar en Nacional. Cuando empezamos a practicar en Los Céspedes me iba hasta el Parque y de ahí me iba en el ómnibus del club a la práctica”.

Agustín recordó que por esos años no paraba. “Volvía a casa a las seis de la tarde y tenía que estudiar o hacer algunos trabajos que me mandaban en el liceo”.

Sus padres le habían planteado que para jugar al fútbol tenía que terminar por lo menos los estudios secundarios. “Terminé sexto de liceo y comencé la licenciatura como preparador físico en el Isef (Instituto Superior de Educación Física) pero no pude terminar por los horarios. Es algo que pienso retomar”, expresó.

El sueño del ascenso

Agustín realizó toda la escalera en el club de sus amores hasta llegar al último escalón: Tercera división.

De cara a la temporada 2016/2017 lo sorprendió el llamado de Martín Lasarte. El técnico del primer equipo de Nacional lo convocaba para realizar la pretemporada con el plantel principal. El sueño se veía cercano.

Para no perder forma futbolística, y mientras esperaba la oportunidad para debutar en el primer equipo, el volante jugaba en la Tercera que conducía técnicamente Alexander Medina. En uno de los tantos partidos el tricolor enfrentó a Sud América. Allí estaba el entrenador del primer equipo de los buzones que quedó deslumbrado con las condiciones de Agustín González y le pidió a los dirigentes que gestionaran su pase a préstamo.

“Me gustó la idea para sumar minutos y fui a vivir esa experiencia que me sirvió de mucho”, expresó González a Referí.

El jugador explicó los motivos por los cuales le sirvió jugar en un equipo en desarrollo.

“Me encontré con otra realidad. Mi primera experiencia en otro club. Había que acostumbrarse de pasar a tener todo en Nacional, desde el desayuno, la colación luego de la práctica, y el sueldo al día. En Sud América era otra cosa. No había nada para desayunar y con el salario no se estaba al día. Pero me gustó vivir esa experiencia. Uno no se da cuenta donde está porque en Nacional es como que estás en una burbuja pero vivir otras realidades te ayuda”.

La ilusión con el Cacique

Culminado el préstamo a Sud América, el volante volvió a su club de origen. Su regreso coincidió con la designación de Alexander Medina, quien había sido su entrenador en la Tercera, como técnico del primer equipo. Y evidentemente se debe haber ilusionado con la posibilidad de poder debutar en la primera de Nacional.

En diciembre el jugador tuvo una charla con el técnico. El Cacique fue claro. La idea era que hiciera la pretemporada con Nacional y luego, si tenía la posibilidad de salir a otro equipo, que lo hiciera.

No era para menos, el plantel contaba con muchos volantes entre los que se encontraban Santiago Romero, Sebastián Rodríguez, Matías Zunino, Álvaro González, y habían ascendido a Cristian Olivera y Gabriel Neves.

“El Cacique me comentó que no me iba a tener en cuenta. En ese entonces me llamaron de Torque, Progreso, Liverpool, Rampla para ficharme. Opté por Torque”, contó González.

“Me gustó el proyecto que tenían, además fueron los primeros que me contactaron”, acotó el volante.

Progreso, última estación

Culminado el préstamo regresó a los tricolores donde se encontró con un nuevo cambio de entrenador. Ahora la apuesta era al argentino Eduardo Domínguez.

Agustín volvió a realizar la pretemporada con el primer equipo. Otra vez la ilusión recorrió su cuerpo. Los dirigentes del club habían hablado de una apuesta a los chicos de las formativas. Se imaginó corriendo con la camiseta de Nacional en el Parque Central. De hecho jugó algunos amistosos de la pretemporada.

Pero, con el paso de los días, se incorporaron Matías Cardacio, Felipe Carballo y el argentino Arzura. Un día se enteró de que Progreso había llamado pidiendo su concurso. Nacional le trasladó a Agustín el ofrecimiento. “Y entre quedarme jugando en Tercera a tener continuidad, opté por Progreso. Todo se dio muy rápido, en la última semana del cierre del período de pases”.

En los gauchos del Pantanoso dice haber encontrado un grupo humano fabuloso que lo ayudó a consolidar su crecimiento.

Agustín González deslumbra en el Clausura donde es uno de los goleadores con cuatro tantos.

“Progreso es un club bien de barrio, con mucho apoyo de la gente, son otras realidades. El grupo me ayudó a crecer mucho. La continuidad te permite ir agarrando experiencia”, expresó.

Agustín sabe que el viaje ha sido largo pero no se baja del tren de la ilusión. “Sin dudas que mi familia y yo sabemos lo sufrido que es el viaje y que en el fútbol son más lo malos que los buenos momentos. Pero mi sueño sigue en pie”.

Agustín sigue viviendo con sus padres en la Unión. A fin de año termina su préstamo con Progreso, club al que espera “dejarlo clasificado a una Copa”. Luego regresa a Nacional donde tiene contrato hasta 2020. Su anhelo se mantiene vigente. “Mi sueño es jugar en la primera de Nacional, ponerme la camiseta del primero de Nacional”.

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