Polideportivo > ENTREVISTA A DANAE ANDRADA

La mujer en el deporte: "Somos tradicionales y lentos en los cambios"

Solo el 9% de las federaciones deportivas en Uruguay son presididas por mujeres; la principal del hockey aborda el tema y mira hacia el futuro en una charla con Referí

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06 de marzo de 2020 a las 05:03

Es abogada, tiene espíritu emprendedor, desde 2012 preside la Federación Uruguaya de Hockey e integra el buró de la Federación Internacional. Tiene un papel preponderante y habla de igual a igual en el mundo del deporte en un país en el que está dominado y controlado por los hombres. De 34 federaciones en Uruguay, solamente tres son presididas por mujeres (hockey, natación y deportes ecuestres). ¿Cuál es la experiencia de Danae Andrada en una actividad en la que la mujer tiene escaso espacio en los cargos principales? ¿Cómo ve el presente y de qué forma proyecta el futuro desde ese lugar?

¿En algún momento le dijeron: ‘Usted no, porque es mujer’?

Jamás.

Que las mujeres no tengan mayor espacio en el deporte a nivel directriz, ¿es un problema de las mujeres o es un fenómeno que obedece a que Uruguay todavía no logró como sociedad la madurez para darle ese espacio?

Uruguay es un país que tiene una mirada de avanzada en el rol de género. De todas formas, creo que somos muy tradicionales y muy lentos en el momento de los cambios. Cuando tuvimos que tomar decisiones con relación a razonamientos existe un doble papel, sobre el que hemos hablado en muchos foros de mujeres, que implica darnos el lugar y el tiempo de asumir los cambios. Ese es un razonamiento nuestro, en el que avanzamos muchísimo. La intención está, y tenemos gente preparada. Porque podemos tener las intenciones, pero en una de esas no estamos preparadas. En Uruguay, en la educación, la cantidad de mujeres recibidas en cualquiera de las profesiones es como el número de hombres; y los hombres que participan en tareas que tradicionalmente fueron de mujeres dentro de la familia, ya es de todos los días. Con esto quiero marcar que si a Uruguay lo vemos desde una mirada global, es un país que socialmente está con una buena actitud, en donde se estudia y trabaja por igual, y que se reparte tarea por igual. Cuando llevamos esto, socialmente hablando, al área de deportes hay que sentarse a hacer un análisis real de cuáles son las razones por las cuales las mujeres no están tomando órganos de dirección.

¿Cómo se tuerce ese curso?

Con razonamientos programáticos donde podamos forzar esa actitud, como se hizo a nivel internacional. En la Federación Internacional de Hockey, por nombrar un caso, hace más de una década se inició un razonamiento que apuntó a que los cargos de dirección debían ser ocupados en mitades iguales, 50% hombres y 50% mujeres. No pasamos de un día para otro, sino que fue progresivo. El primer paso fue establecer un 20%, y finalmente llegamos a un 50%. Entiendo que las condiciones están dadas para que se tome una decisión de fondo en la que dentro del deporte en Uruguay promovamos la participación de las mujeres y para ello debemos tomar decisiones no solamente que provoque no dejar afuera a las mujeres sino que debemos darle a cada cual lo que necesita.

¿Qué necesitan?

Actualmente Uruguay necesita comenzar a tomar resoluciones dentro del deporte, que obliguen, creciendo de a poco a que las mujeres vayan ocupando sus sillas, una silla pero no por el hecho de decir esto es mío y nada más. No, una silla en serio como se hizo a nivel internacional. En ese contexto, estamos frente a un doble desafío que es saber que Uruguay no tiene una predisposición cultural adversa como otros países a nivel mundial, lo que nos posiciona bien desde un arranque, y empezar a tomar decisiones donde se exijan políticas que encuentre a las mujeres en lugares de decisión. Eso implica una serie de políticas de preparación, trabajar en ciertas áreas, y eso nos lleva a salir de la intención para ir a algo programático. ¿Con qué finalidad? Para que cuando nuestros hijos lleguen a nuestra edad, frente a estas situaciones vean como algo absolutamente normal la igualdad de género en todos los niveles directrices del deporte. Y que para ellos sea absolutamente normal esta situación, como lo sucede actualmente en la federación internacional.

En el fútbol, para preparar a las entrenadoras de fútbol, tomaron la decisión de que una mujer trabaje junto a un hombre. Entienden que es una manera de formar.

En el razonamiento es excelente empezar a buscar opciones y que cada uno de los planes que se realicen, depende de la casa donde se vayan a efectuar, sirvan para crecer. De alguna forma, ese plan es lo que hacemos con los asistentes técnicos en el que tomás a un grupo de promesas como entrenadores y los ponés a trabajar con el entrenador principal. Eso se hace a todo nivel. Lo que deberíamos intentar en estos días es dar un poco más de importancia y enfocarnos en que esas promesas puedan ser mujeres, para que puedan llegar.  Entiendo que hay muchas cosas para analizar y opciones reales para atender, y para capacitar. Trabajar con un entrenador preparado quiere decir que a vos te están capacitando en la parte práctica.

¿Es correcto que en el hockey en Uruguay se da la particularidad que es una federación de mujeres?

Sí. Es así. A nivel nacional, 99% son jugadoras. En la parte técnica está equilibrado ese porcentaje.

En ese contexto, ¿generaron el espacio para el crecimiento de los hombres?

El hockey ingresó a Uruguay en 1976 como opción de deporte femenino que los colegios privados ingleses otorgaban a sus estudiantes. A diferencia de lo que sucede con el hockey a nivel mundial, en Uruguay nació como una opción de deporte femenino. Porque a nivel mundial de cada cuatro hombres que juegan hockey, una mujeres. En Uruguay se da que 99% de las que juegan son mujeres. El asunto es que muchos de los colegios que practican el deporte hasta hoy siguen manteniendo hockey y handball como la opción de deporte femenino, y rugby y fútbol, masculino. Entiendo que para el futuro estas mismas opciones se deberán pensar desde el punto de vista educativo como opciones de ambos géneros. Tenemos que aspirar a que los hombres jueguen hockey y handball y las mujeres fútbol y rugby en las mismas condiciones en los colegios. Esta realidad cambia en los clubes, donde se buscan otros razonamientos y son más abiertos a tener equipos de hombres. Entonces allí surge un tema social, que camina al costado: sos varón, participás en un club y todos tus amigos practican los deportes que clásicamente son de hombres, entonces es difícil que quieras pasarte a un deporte que en el mundo que compartís está marcado como una actividad de mujer. El fútbol tiene algo distinto, porque está en nuestra esencia y al padre y a la madre le encanta que su hija o su hijo juegue al fútbol. Por tanto, el tema es que todos los deporte, y sobre todos los de equipos, para conformarlos tenés que tener un grupo de gente y no basta con convencer a uno. Precisás convencer a un colectivo. Tenemos mucho para trabajar en este sentido.

¿Qué le dijeron sus hijos cuando la vieron dirigenta?

Si estoy acá es por ellos. Son los que más me impulsaron, y me siguen alentando. En momentos en la vida en que me encontré sobregirada con obligaciones y les comento que voy a tener que dejar tal asociación, tribunal o lugar del deporte en el que trabajo, ellos me dicen: ‘Pará, Mamá, es lo que más te gusta hacer’. Y son dos varones, de 17 y 11 años.

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