14 de septiembre de 2012 20:58 hs

Hace ya varias décadas que los géneros musicales se confunden y se mezclan. Muchas veces, sobretodo para los no iniciados, discernir entre rock, pop, electrónica o experimental resulta una tarea imposible, más considerando que en cada una de estas categorías coexisten multitud de estilos diferentes.

La propuesta que hace el alemán Markus Popp como Oval sirve de clarísimo ejemplo para ello. Para los amantes de la música electrónica, este artista es uno de los pioneros de los subgéneros glitch y clicks & cuts, que tuvieron su momento de furor entre el pasado y presente siglo, y que marcaron a fuego la escena electrónica internacional.

Glitch apunta a una “estética del fallo”, que al concatenar sonidos creados por computadora, forma estructuras caóticas y desordenadas. Por su parte, la nomenclatura clicks & cuts refiere a un tipo de composición musical en forma de collage, cuyas partes están sumamente fragmentadas.

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Estas características sirven perfectamente para describir la música que hace Oval y, sin embargo, Popp no siente que lo representen. Perfeccionista y ambicioso estéticamente hablando, este artista se siente perplejo en estos encasillamientos. En una entrevista a la revista española Go!Mag, Popp afirma: “Mi intención siempre fue hacer canciones pop, canciones que resultaran accesibles, pero que al mismo tiempo obligaran a la gente a cambiar la perspectiva”.

Dulce tortura
Esta afirmación puede resultar un tanto contradictoria. A primer golpe de oído, Oval, considerado como uno de los grandes héroes de la música electrónica y el arte digital, hace una música tan extraña como hermosa y emocional: construye paisajes sonoros abstractos erizados a base de pellizcos y con infinidad de capas, que generan una sensación que oscila entre la incomodidad y el onirismo.

Popp lleva en escena más de 20 años, tiempo en el que ha logrado influir en varias generaciones de músicos. Reconocido por su capacidad de innovación, tiene en su haber una prolífica carrera dividida en dos etapas. La primera está marcada por una experimentación que bebía exclusivamente de sonidos sintéticos modificados hasta la extenuación. Su angustiante disco Ovalcommers (2001) lo abocó a un dilatado letargo del que despertó con varias piezas que volvieron a sorprender profundamente.

Su regreso fue prolífico. En dos años lanzó dos EP: Oh!EP! (2010) y Oval/Liturgy slip EP (2010), y dos dobles CD/DVD. El primer doble, O (2010), contiene nada más y nada menos que 101 pistas de sonidos desestructurados que, ahora sí, provienen de instrumentos analógicos. Las canciones, de entre poco más de dos minutos y poco menos de uno, son desgarradas, delicadas, punzantes y sofisticadas.

El segundo, OvalDNA (2011), propone una experiencia multimedia que contiene varias rarezas y canciones inéditas de los últimos 17 años. Además de videoclips y notas, este volumen que fue nombrado como mejor reedición por la web musical de referencia Pitchfork.com, integra una suerte de manifiesto open source, que incluye más de 2.000 clips originales y un software específico para que cualquiera pueda utilizarlos en canciones nuevas.

Cantautor 2.0
Como sucede en muchos otros músicos, Popp encuentra en este arte una forma de autoexpresión. Como él mismo afirma: “Considero que la mía es la música de un cantautor; un cantautor que en vez de su voz y una guitarra, utiliza otros recursos. Necesito ser contemporáneo y la manera de conseguirlo pasa necesariamente por utilizar una tecnología avanzada”.

A juzgar por sus éxitos, parece que efectivamente ha logrado dar con el “espíritu de su tiempo”. Además de haberse granjeado los favores de la crítica en medio mundo, ha colaborado con artistas de la talla de Björk, Ryuichi Sakamoto, Apparat, Tortoise, Mouse On Mars, Squarepusher y Jim O’Rourke, entre muchos otros.

Además, ha realizado bandas sonoras para del director de cine independiente Harmony Korine, comerciales de televisión para Armani, Comme Des Garçons y Prada, y colaborado en producciones de danza, arte interactivo o videojuegos.

La de Oval no es una música accesible para todos los públicos. Disfrutarlo puede resultar fascinante, pero como muchas delicatessen, también puede requerir cierto esfuerzo. Su goce nacerá como un gusto adquirido y, como en la gran literatura, saber que lo bueno cuesta, sumará calidad a la experiencia. El domingo estará actuando en Montevideo y el esfuerzo, sin ninguna duda, merecerá la pena.

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