17 de marzo de 2014 17:56 hs

Como dice Diego Capusotto, el rock es subversión. Desde su propia concepción el rock no se llevó bien con el poder, porque pretende cantarle a quienes no lo detentan. El rock enfrentó al poder de turno, que surge de las urnas, y al hereditario de las monarquías así como a quienes llegan a él de manera autoritaria, a nivel personal o de grupo o partido.

Pero a partir de la década de 1960, gracias a la influencia sobre las audiencias y su traducción económica, el rock se transformó también en un actor con poder. En algunos casos, estas dos esferas chocaron. En otros, una sometió a la otra.

Esta reflexión viene a cuento porque la semana pasada la banda inglesa The Rolling Stones se presentó en vivo en China, con un set list de canciones elegidas por el público, pero el gobierno chino le censuró un par de temas. Y los comandados por Mick Jagger aceptaron sin chistar.

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El gobierno comunista consideró, por ejemplo, que la canción Street fighting man, cuya letra refleja el estado de ánimo de la juventud europea en 1968, es peligrosa. Los Stones prefirieron meter violín en bolsa y tocar otros éxitos. Este parece ser el último eslabón de una cadena que ha unido a bandas y músicos de diferentes estilos y en diferentes épocas con dictadores de turno y gobiernos de tinte antidemocrático, y por esto tiene varios precedentes.

Los Beatles le dijeron que no a Imelda Marcos, primera dama de las Filipinas , pero un año antes los cuatro de Liverpool no habían tenido problemas en visitar varias ciudades de la España gobernado por el férreo general Francisco Franco.

En 1983, Rod Stewart, Elton John y otros tocaron en la Sudáfrica que todavía mantenía el régimen racista del apartheid, y provocaron polémica en el mundo del rock de entonces.

Más acá en el tiempo, las cantantes estadounidenses Mariah Carey y Beyoncé tuvieron que salir a pedir disculpas e intentar devolver el dinero que obtuvieron por haber tocado, con suculentos honorarios, en fiestas organizadas por la familia del exdictador libio Muhamad Gaddafi en Italia, o por el presidente vitalicio de Kazajistán, Nazarbayev en el Caribe.

Volviendo a China, Bob Dylan tocó en el gigante asiático en 2011 y no le importó que le censuraran algunas canciones de su lista de temas, como a los Rolling. Muchos en aquel momento criticaron al cantante de protesta de los años de 1960 sucumbiendo al poder y eligiendo lo económico frente a los ideales.

Los propios Rolling Stones ya habían tocado en China en 2006, para un público compuesto básicamente por europeos empleados de empresas transnacionales establecidas en China. Las cosas han cambiado. Lo inaceptable se volvió tolerable. El rock está más manso. La lengua stone sigue cantando pero con el sí de la mirada de Mao.

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