Opinión > Editorial

La opción de salir del Mercosur

Abrirse del bloque regional es un camino razonable pero no fácil de emprender

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02 de enero de 2018 a las 05:00

Para concretar la tentadora perspectiva de abandonar el Mercosur en pos de una fructífera libertad comercial, el gobierno del momento tiene que animarse a atravesar primero no menos de dos años de posible sinsabores exportadores en la región. Esta incertidumbre es el principal obstáculo para escapar del yugo de un experimento fracasado. Excepto por algunos dirigentes aferrados al atraso, nadie discrepa con que Uruguay aceleraría su desarrollo si pudiera concluir tratados de libre comercio con China, Estados Unidos, Corea del Sur, Gran Bretaña y otros mercados que hoy nos están vedados por el Mercosur.

La solución ideal, para evitar el engorroso proceso de salir como socio pleno y luego reingresar como miembro asociado, es que Brasil y Argentina nos autoricen a negociar TLC bilaterales. Pero es improbable que ocurra, como lo ha demostrado el freno brasileño al TLC que el presidente Tabaré Vázquez acordara con el gobierno chino. A falta de ese permiso para salvar la prohibición del tratado mercosureño, la opción es dejar de ser socio pleno. El costo financiero inmediato parece ser reducido, a menos que los demás socios tomaran represalias en vez de aceptar una salida negociada más o menos armoniosa, como está haciendo Gran Bretaña para dejar la Unión Europea.

Ignacio Munyo, director del Centro de Economía del IEEM, estimó que, en cifras frías, solo se perderían inicialmente unos US$ 65 millones anuales de exportaciones. Calculó que al empezar a regir aranceles que hoy no existen entre los socios del Mercosur, Uruguay pagaría unos US$ 150 millones a Brasil, US$ 50 millones a Argentina y US$ 15 millones a Paraguay. Pero un TLC con China, que podría cerrarse rápidamente, nos ahorraría unos US$ 150 millones en tasas de importación. A esto se agregarían las ganancias en otros de los muchos mercados que están abiertos a la liberalización comercial. Pero si algún próximo gobierno optara por este curso, enfrentaría el complejo período formal de no menos de dos años para desvincularse como socio pleno y pasar a ser miembro asociado. Actualmente hay seis países en esta categoría: Chile, Colombia, Ecuador, Guyana, Perú y Surinam. Pero ninguno de ellos fue antes socio pleno, por lo que Uruguay atravesaría un proceso inédito que puede complicarse si los otros países fundadores optaran por obstaculizar el trámite o castigarnos comercialmente. En ese caso, la ventaja de salir del Mercosur sin mayores tropiezos dependerá fundamentalmente de la habilidad negociadora de Uruguay para concertar con los otros socios un rompimiento aceitado, en orden y sin sobresaltos, que no cueste al país pérdida sustancial de exportaciones, sobre todo a Brasil y Argentina.

La meta inicial del Mercosur de hace un cuarto de siglo, de unión aduanera y zona de libre comercio, fue una ilusión desbaratada por el proteccionismo y otros intereses internos de los dos socios mayores. El resultado ha sido impedir el desarrollo del intercambio comercial uruguayo, tanto dentro del propio bloque como a través de tratados bilaterales de libre comercio, como ha hecho exitosamente Chile. Lo refleja el hecho de que ese país accede sin pagar aranceles a naciones que constituyen el 90% del consumo mundial, en tanto que todo el Mercosur llega apenas al 10%. Es un dato adicional para validar la apertura que conllevaría salir del bloque regional, un camino razonable pero no fácil de emprender.
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