Un castillo medieval considerado patrimonio histórico de la humanidad que es tomado porque su ubicación estratégica permite visualizar mejor al enemigo, una de las mezquitas más antiguas del mundo que pierde su minarete por los combates y un templo del siglo VIII que se convierte en improvisado hospital de campaña, perdiendo sus mármoles, brillos y azulejos. Esa es la otra batalla que se libra en Siria, la de los destrozos contra el patrimonio histórico y cultural.
Los daños no están valuados en dinero pero son casi tan irrecuperables como las cerca de 120 mil vidas humanas que se perdieron en el país gobernado por Bachar Al Asad desde que comenzaron los enfrentamientos en marzo de 2011. Y la ONU, que sabe que la prioridad absoluta es detener las muertes primero y atender las necesidades básicas después, no deja de ser consciente de que en el terreno patrimonial también habrá un gran trabajo que hacer.
Por eso lanzaron una suerte de campaña que, aunque no está organizada, busca crear compromiso entre las partes de la magnitud de los destrozos. “La preocupación surge de un problema muy grande que afecta no solamente a los sirios sino a todo el mundo, porque tiene que ver con un patrimonio universal de la humanidad”, cuenta a El Observador desde Siria Raúl Rosende, uruguayo que dirige la oficina de coordinación de ayuda humanitaria de la ONU en el terreno.
En efecto, Siria fue uno de los centros de la civilización universal y ocupa un lugar fundamental en la historia de las religiones. Su nombre se puede leer en los relatos bíblicos, tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo, donde se cuentan los viajes de san Pablo a esa zona a visitar a las primeras comunidades de cristianos.
Muchos de esos pueblos se mantuvieron en el tiempo y en algunos de ellos hoy se habla el arameo, idioma que se perdió en el resto del mundo. “Esos pueblitos cristianos están siendo ahora atacados por grupos islámicos radicales (…). No hay solamente un problema de edificios: es un tema de cultura que va más allá de eso”, comenta Rosende.
Entre los lugares destrozados figura el mercado de Alepo, considerado el más grande y más antiguo del mundo. En setiembre de 2012 quedó en medio de una batalla, fue quemado y parcialmente destruido.
Lo mismo ocurrió con otros edificios de esa ciudad, la segunda más importante después de Damasco y una de las que aloja más combates.
“La zona histórica de Alepo es impresionante y ahí mismo están combatiendo con cañones y morteros, los edificios históricos están siendo dañados”, detalla el uruguayo que está en Siria.
Algo más gráfico fue, en una entrevista con el Daily Mail, Helga Seeden, profesor de arqueología en la Universidad Americana de Beirut. “Esto es como volar el Taj Mahal o la destrucción de la Acrópolis de Atenas (…). Es un desastre en términos de patrimonio”, indicó.
“Muchas de estas cosas se podrán reconstruir pero otras, lamentablemente, no. Es un trabajo que se hará después de la guerra, porque ahora la prioridad está en evitar la pérdida de vidas humanas. Estamos concentrados en eso pero también prestando alguna atención a este otro problema”, agrega Rosende desde Medio Oriente.
¿Podría decirse que esta es la peor catástrofe edilicia de los últimos años? “Junto con Irak, ciertamente”, opina Rosende. “Me refiero a los últimos años, porque en la segunda guerra mundial fue tremendo, y en otros lugares también. Pero es posible que en los últimos años Siria e Irak sean de las peores catástrofes, no solamente por pérdidas de vidas humanas sino también por la destrucción edilicia y cultural”.