29 de noviembre de 2012 18:13 hs

Desde que tenemos memoria periodística, la granja ha sido como la Cenicienta del agro uruguayo. La prolongación de esta situación y, sobre todo, la diversidad de rubros, impiden generalizaciones, que también son malas. Pero es evidente que el sector granjero uruguayo necesita un despegue.

Recordamos una primera recorrida por el noreste de Canelones para realizar un documental sobre una zona donde el suelo había sufrido el uso intensivo de la producción remolachera y donde la erosión llamaba la atención a simple vista porque los piques de los alambrados no tocaban el piso.

Una zona que se había empobrecido a tal punto que la producción aún se sacaba en rastras y donde conocimos a productores que especulaban con un par de cajones de boniatos guardados en un galpón.

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En un afán de no quedarse con los brazos cruzados, auspiciados por el Instituto de Promoción Rural del Uruguay (IPRU), algunos fruticultores habían viajado a Chile para conocer cómo producían la fruta.

Un detalle que recordamos de aquella experiencia fue la importancia del riego en fruticultura, que para los chilenos era cuestión de aprovechar una vez al año el deshielo de la cordillera en un sistema de producción.

Es apenas un ejemplo de los muchos que existirán en el rubro granjero y sabemos que los aspectos comerciales, en el mundo de hoy, son tanto o más importantes que la producción misma, sin la cual tampoco hay mercados, aunque las exigencias de los consumidores seguro que han crecido y serán cada vez más importantes a la hora de conquistarlos.

Son muchos los desafíos para el sector granjero, pero uno que parece fundamental es el de ganar en escala y producir con la meta puesta en los mercados externos, pues es sabido que el interno es pequeño y un incremento de la producción lo satura.

Es cierto que si se mira hacia el exterior, Uruguay debe jugar en la cancha de la calidad, no de la cantidad. Pero no hay que descuidar la productividad. Como se puede apreciar en el último Anuario Estadístico Agropecuario presentado la semana pasada por la Dirección de Estadísticas Agropecuarias (DIEA), en los últimos años ha bajado la producción de manzana, pera y ciruela, en kilos por hectárea, aunque en los dos primeros casos creció el número de plantas.

Mirando el bosque, en lugar del árbol, el camino a recorrer debe contener mojones, como los aspectos tecnológicos de la producción, el cumplimiento estricto de los aspectos sanitarios y una estrategia en la que se ha insistido muchas veces: la asociación de productores, en especial pequeños y medianos. Son los famosos planes de negocios para conquistar mercados. Y la logística también tiene que ayudar.

Por otra parte, sin afán de abarcar todos los aspectos que tiene el tema, una mención especial al cumplimiento de los compromisos: la fruta tiene que estar en tiempo y forma siempre, valga más o menos, que ese es una avatar del comercio. Si no, lo que se conquista se pierde.

Y una reflexión final. El año pasado fuimos a conocer una empresa que produce manzana con marca. Es un ejemplo de ese camino que hay que recorrer y merce que en próximas ediciones los lectores la conozcan. Cuando le preguntamos al responsable del emprendimiento por qué la granja no sale adelante, nos dijo: “Porque siempre esperamos la pastilla del médico”.

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