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La peluquera de Pocitos que pasó de ser rehén a tener contactos políticos sobre seguridad

Mónica Fernández, que se comprometió a ayudar a su secuestrador mientras estuviera en la cárcel, mantendrá reuniones políticas  

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07 de marzo de 2019 a las 10:51

En determinado momento del fragor del secuestro, que duró cinco horas y tuvo a 14 rehenes, Mónica Fernández le dio su palabra al secuestrador: iría a visitarlo a la cárcel pero, sobre todo, y lo ayudaría para que pudiera ser rehabilitado. Fernández es la dueña de la peluquería de Pocitos Amor Mío que el 10 de enero recibió a un joven armado que pidió para hablar con su expareja -una trabajadora del local- y como la petición le fue negada sacó un arma y ordenó que todos se tiraran al suelo. Dijo que nadie saldría vivo de ese lugar, tal como quedó registrado en un video que él mismo grabó con su celular y que se viralizó en las redes sociales.

Hoy, a casi dos meses de ese día -que terminó sin heridos y con el joven en prisión preventiva hasta el 10 de abril, imputado por los delitos de violencia doméstica agravada, porte de armas, atentado especialmente agravado y privación de libertad- Fernández dijo que todavía no lo fue a ver la cárcel, aunque dos fuentes policiales aseguraron que lo visitó. Las autoridades del Ministerio del Interior, contó en diálogo con El Observador, le dijeron que no era conveniente que tuviera contacto con el acusado del juicio, ya que ella es en realidad contraparte del litigio como víctima.

Pero sigue tan decidida a ayudar que ya tuvo contactos políticos con un grupo de trabajo del precandidato nacionalista Juan Sartori y con una agrupación del Partido de la Gente.

"Estoy buscando muchas formas de agrandar los programas de rehabilitación de las cárceles y de mejorar las ayudas terapéuticas. Es difícil, pero estoy tirando todas las redes que puede para que más gente se preocupe por lo que pasa en las cárceles", dijo Fernández a El Observador. "El caso de él es particular, puedo ocuparme de él, pero el problema es todo lo que pasa luego de que las personas van a la cárcel, y que todos deberíamos preocuparnos como sociedad: ¿qué pasa después? ¿Cómo salen? Si queremos cambiar las cosas, tenemos que involucrarnos", añadió.

Entonces decidió contactar a Sartori y le contestaron que se reunirían con ella cuando el empresario recorriera su barrio y tuviera las reuniones vecinales que mantiene desde hace varias semanas en varias partes del país.

Y luego, por Instagram, le llegó el mensaje del sector Hoy un Camino del partido de Novick. El que escribía era un dirigente llamado Martín Videla, y le puso lo siguiente: "La política es la gente que convive en un país; te invitamos a ser parte del Partido de la Gente o a apoyarnos".

Fernández le respondió que estaba dispuesta a colaborar. "Les dije que estaba totalmente de acuerdo, y quedamos, también, que cuando vinieran por mi barrio me avisaban", contó, y ya fue incluida en un grupo de WhatsApp de esa agrupación.

"En realidad no creo en la política, pero como sigue siendo el área que maneja el país...", confesó.

En contacto

Aunque hasta el momento no volvió a hablar con el secuestrador, Fernández dijo que hasta hace poco estaba en contacto con su familia, especialmente con su hermana. "No es fácil, porque cada familia es un mundo y uno está por fuera; pero traté de ser soporte y escucharla, porque hay mucha impotencia", dijo.

Desde un primer momento, incluso a pocos días del episodio, Fernández se expresó en contra de los mensajes de odio e intolerancia con el secuestrador que circulaban en las redes sociales "Si yo tengo esa violencia, ¿cómo puedo pretender que una persona vulnerable, sin contención, no sea violento? Se necesita empatía", había manifestado en el programa Acá te quiero ver de VTV a mediados de enero.

Pero incluso, antes de la toma de rehenes, Fernández había hablado con el joven en diversas ocasiones para mediar en la relación de pareja que mantenía con la empleada de su peluquería, luego de que la mujer pusiera fin al noviazgo. El joven le decía que no podía vivir sin ella, que la necesitaba, que necesitaba oler su perfume, y Fernández intentaba tranquilizarlo recordándole que tenía toda la vida por delante.

El hombre que se atrincheró en la peluquería Amor Mío vivió "subidas y bajadas" durante las cinco horas que duró el episodio, según Fernández. Cuando la policía llegó fue su momento de mayor inestabilidad, estaba violento y fuera de control porque temía que lo sacaran a la fuerza y no lo dejaran hablar con su expareja, la única rehén a la que le prestaba atención. 

Sin embargo, un funcionario del Ministerio del Interior fue clave: Washington Pereira, el mediador. Según relató la propietaria del local, logró la empatía del hombre y hacerlo entrar en razón.

“Yo solo pasaba el teléfono, no hablaba con el mediador. Pero en un momento le pregunté: 'Washington, ¿está más calmado, no?', y él me dijo que sí. Corto el teléfono y le digo (al atrincherado): '¿Brian?'. '¿Qué, Mónica?', me dice él. '¿Me dejás enjuagar los claritos a la señora, que se le va a caer el pelo?', explicó en el programa. Y ese fue el momento en que "cambió toda la energía" dentro del local. Los rehenes pudieron llamar a sus familias, tomar agua y hablar con libertad.

"Me parece que en los momentos malos uno aprende y puede convertirlos en cosas buenas", dijo ahora Fernández a El Observador.

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