21 de julio 2011 - 20:11hs

Jorge Luis Borges decía que la historia universal se podía resumir en la historia de un hombre. En este sentido, la historia de cada uno de los 23 jugadores de fútbol que vistieron la celeste en el Mundial de Sudáfrica 2010 y la de su director técnico, el maestro Óscar Washington Tabárez, es la historia de un país, de su país, Uruguay.

“Todos llevamos dentro un Forlán-profesionalismo, un Maxi-sencillez, un Abreu carisma campechano, un Suárez-actitud, un Lugano-idealismo... Ellos no son otra cosa que nosotros mismos”, dice la escritora y periodista Ana Laura Lissardy en Vamos que vamos. Un equipo, un país, un libro en el que lejos de los papeles picados y las banderas que hace un año acompañaron al equipo en el Palacio Legislativo –pero muy cerca de acariciar mañana el sueño de levantar una vez más la Copa América– muestra a estos hombres tal como son en las ciudades donde viven y juegan, allí, en la intimidad de sus hogares o en algunos casos en cafeterías o restaurantes.

El mayor mérito de este libro es que Lissardy consiguió sacarle a cada uno de los protagonistas sus alegrías y sus tristezas, sus frustraciones y sus sueños, delineando de este modo el perfil y el carácter de cada jugador y cómo esto determinó la sólida conformación de un equipo que nos llenó de alegría y furor, tanto a los futboleros como a los que no lo son, como es el caso de la autora.

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“Yo no soy para nada futbolera, de hecho empecé a mirar fútbol a partir del Mundial de Sudáfrica y ni siquiera desde los primeros partidos. Lo que ocurrió luego es que me impresionó mucho ver cómo iba cambiando el estado de ánimo de la gente, ver que la gente iba por la calle sonriente. Fue ahí que me pregunté quiénes eran estos jugadores y empecé a buscar sus historias de vida, encontrando que eran muy distintos entre sí. En ese momento me dije: ‘estaría bueno armar un libro de perfiles e ir a buscar la respuesta de por qué llegan tanto a la gente’. Esto último es algo que hablé incluso con Lugano, con quien estuve casi seis horas. Para él también era una curiosidad saber cómo llegaron tanto a la gente”, señaló Lissardy a El Observador.

A lo largo de más de 330 páginas y con cada protagonista ilustrado por Hogue, la autora va rescatando anécdotas y situaciones de la infancia que forjaron el presente de cada integrante del equipo celeste; al mismo tiempo, como para contrastar la imagen que ella misma se había hecho de ellos, Lissardy fue recolectando historias de familiares, amigos y allegados de los 24, lo que le sirvió para definir a cada jugador y al técnico con una palabra que, como una pieza de puzzle, encaja a la perfección en el conjunto. Así Muslera es la timidez, Godín el ímpetu, Fucile el optimismo, Gargano la picardía, Victorino la tranquilidad, Cavani el águila, Castillo la empatía, Scotti el equilibrio, Sebastián Fernández el intelecto y Silva la familia.

“Si bien todos son particulares y diferentes entre sí, el denominador común que ahora veo en ellos es que tenían y tienen el mismo objetivo, que no pasa por el exitismo: va por otro lado, va por valorar el trabajo, la dedicación, el profesionalismo. En la psicología social se habla mucho de que los equipos que funcionan mejor son los que en lo individual son más heterogéneos pero en lo que se refiere a su tarea concreta son más homogéneos. Esa es la personalidad de este equipo”, puntualizó Lissardy.

Según la autora, los distintos perfiles que tienen cada uno de los 23 jugadores provoca que no haya un solo líder claro, sino distintos tipos de liderazgo, cada uno con lo suyo, con esa palabra clave dentro de todo el esquema.

“El idealismo de Lugano sin duda lo posiciona como líder en muchos aspectos, desde lo organizativo a lo de creer que es posible; es el que todo el tiempo está diciéndole a sus compañeros ‘vamo´arriba’. Forlán, desde el profesionalismo, es otro tipo de líder, es el que les pasó rutinas propias a los otros jugadores, es el que les contó los tips sobre la dieta que usaba para que también la usaran, es el que un día antes del partido contra Ghana separó a Muslera del resto y le mostró cómo patean los ghaneses. Abreu, por ejemplo, es un líder emotivo o emocional, es el que pone la música en las concentraciones y el que pone la música en el grupo, es el que descontractura. La solidaridad de Eguren es increíble, y todos cuando recordaron un momento malo dijeron que el primero que se acercó para ver qué pasaba y cómo ayudaba era él, así que es otro tipo de liderazgo”, remarcó Lissardy, agregando que no encontró ningún tipo de rivalidad entre estos líderes y que, luego de conocerlos, puede decir que cada uno juega como vive, o mejor dicho, que la manera de jugar al fútbol es un fiel reflejo de cómo son como personas.

Finalmente, a propósito de Tabárez, el hacedor, la autora de Vamos que vamos. Un equipo, un país dijo que se sorprendió mucho al encontrar que mucho de lo que él vivió, muchas de sus experiencias, se ven reflejadas en la personalidad de esta selección.

“Tabárez dice que él no fue un niño brillante y que tenía una capacidad enorme de resistir la frustración, que eso marcó su carácter”, sostiene Lissardy, dejando en claro que son muchas las historias que la conmovieron –y que al leerlas conmueven– y que hoy como nunca hay que volver a alzar la voz para repetir el grito de aquella vecina que le dijo a Tabárez ‘¡Vamos que vamos!’, porque en esas tres palabras se condensa la historia de este grupo que borró años de escepticismo, apatía y descreencia.

Frases

“Nosotros somos el reflejo del país. No es el país el reflejo de nosotros (...) Somos 23 gurises que nacimos en barrios de Uruguay y que fuimos criados con los códigos que estaban en nuestro entorno, en nuestros padres, amigos, hermanos. Y esa mentalidad nuestra no es nuestra, de los 23, es de todos nosotros”.

Diego Lugano, el idealismo

“Lo más lindo fue que la gente se identificó naturalmente. No fue un partido político que tuviste que hacer una campaña para poder comerles la cabeza. No. Fue natural. Esto habla de poder ser como es el uruguayo. Es volver a las raíces. Es saber de dónde salimos. Saber lo que es nuestro día a día, de irnos a tomar mate a la esquina con el vecino, de lo que se habla... Es ser como somos naturalmente los uruguayos”.

Sebastián Abreu, el carisma

“Lo que realmente diferencia a los mejores del resto es la personalidad. El carácter, el no rendirse nunca, tener mentalidad de ganador cuando las cosas se complican (...) Hay jugadores que son observadores, aprenden, escuchan y terminan siendo personalidades de jugadores ganadores... La mentalidad es ir aprendiendo”.

Diego Forlán, el profesionalismo

“Yo creo que Dios tenía un plan para nosotros en ese Mundial, que era entrar entre los cuatro mejores del mundo, y nos llevó hasta ese momento. Y nos dio el milagro (...) Quizás era ese el tiempo de que la imagen de Uruguay se pudiera mostrar más en el mundo (...) O porque había muchos compañeros y uruguayos orando para que Uruguay pudiera seguir pasando de fase”.

Edinson Cavani, el águila

“Los veía luchar y sentía que tenía que dar más. Yo le decía a Cavani en los partidos: ‘Edi, yo corro veinte veces más cuando te veo correr a vos como estás corriendo, con el esfuerzo, con que lo estás haciendo’”.

Diego Pérez, la sensibilidad

“Y nunca olviden, y tengan siempre claro, que toda participación internacional es un intento de dejar una imagen. Una imagen de país”.

Óscar Tabárez, el hacedor

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