11 de enero de 2014 20:22 hs

La necesidad tiene cara de recaudador de impuestos: dado el tabú para hablar de la inflación verdadera, los funcionarios kirchneristas tienen un lenguaje propio en el cual admiten el empeoramiento de la situación fiscal. Consiste en volver a hablar de la necesidad de endurecer las medidas anti-evasión, de sumar más gente a la nómina de contribuyentes y, al decir del titular del organismo recaudador, Ricardo Echegaray, de buscar recursos “aunque sea en el desierto”.

Es en ese contexto de preocupación oficial por el agotamiento de “las cajas” que se debe entender el anuncio de un paquete legislativo antievasión, anunciado por el jefe de gabinete, Jorge Capitanich.

Y en ese marco se llega a pisar terreno pantanoso, como ocurrió con una desavenencia interna entre ministros respecto de si se ampliaría la aplicación del impuesto a los Bienes Personales –básicamente grava a las propiedades de alta cotización- a buena parte de la clase media. La sola mención de este tema llevó a tal nivel de polémica que, una vez más, intervino Cristina Kirchner para desactivar lo que amagaba ser un estallido de rebelión fiscal.

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Los analistas advierten que, lejos de incrementar su recaudación, el gobierno se enfrenta este año a un aumento de la evasión de impuestos.

“Tanto la evidencia empírica como la teoría económica muestran que en escenarios de débil crecimiento, alta presión tributaria y elevada inflación existe la probabilidad que los consumidores comiencen a financiarse contra el fisco, reduciéndose la tasa de crecimiento de la recaudación y los ingresos fiscales”, afirma un informe de Economía&Regiones. E ilustra su predicción con cifras bastante sombrías: plantea que, en lugar de un aumento de 33 por ciento en la recaudación fiscal –que sería lo esperable dada la inflación proyectada- hay posibilidades de que sólo crezca un 28 por ciento.

En ese escenario, las necesidades de financiamiento del sector público nacional crecerían dos puntos porcentuales hasta representar un 9 % del PBI.


La breve luna de miel de Capitanich
Ante el regreso de Cristina Kirchner a la actividad, entre los analistas políticos se consolida la idea de que se cierra un ciclo: el del intento de delegación del poder y de “empoderar” a figuras como Jorge Capitanich.
“Ella va a volver a los roles públicos muy destacados, y todos estos discursos mañaneros de Capitanich se suspenderán o pasarán a un segundo plano de importancia”, opina Marcos Novaro, director del Centro de Investigaciones Políticas.
Lo cierto es que la expectativa que había generado el cambio de gestion, y especialmente la asunción de Capitanich, no había sido menor. Los economistas más críticos habían visto con buenos ojos su llegada, al punto que dejaron en “stand by” sus predicciones de crisis inminente, a la espera de un manejo “más racional” de la economía.
Pero los tiempos en la Argentina corren rápido, y aunque pasaron pocas semanas desde la llegada de Capitanich, la sucesión de crisis –la huelga policial, los saqueos, el colapso energético, la evidencia temprana de paritarias de alta conflictividad, la nueva escapada del dólar blue- desgastaron su imagen al punto que, ante aquellas expectativas de noviembre, solo caben los comentarios irónicos.
“El conflicto policial ya marcó el inicio del desgaste de Capitanich y el reciente episodio, con su desautorización al rechazar la Presidente a través de Kicillof la iniciativa de enviar al Congreso el proyecto para incrementar el pago del impuesto a los bienes personales, lo ha reafirmado”, observa Fraga.

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