25 de octubre de 2015 5:00 hs

Los estudiantes bielorrusos de secundaria estudiarán las obras de la Premio Nobel de Literatura 2015, Svetlana Alexievich, cuyos libros, hasta ahora, las autoridades se negaban a publicar. "En el programa académico para los estudiantes de los cursos 10-11 las obras de Alexievich serán obligatorias", anunció el ministro de Educación, Mijaíl Zhurakov, a medios bielorrusos, y señaló que los temas que trata la premio nobel son demasiado complicados para que los comprendan estudiantes menores de 16 año. Alekievich, bielorrusa nacida en Ucrania, ha denunciado que en su país no se editan sus libros, por lo que en los últimos años ha costeado su publicación con el dinero recaudado con los premios internacionales.

Estoy dispuestos a emprender todo tipo de reformas, incluso revolucionarias, aunque ello no se ajusta a mis principios". La frase es de Aleksandr Lukashenko mencionada antes de su nueva victoria en las elecciones presidenciales; una cita que retrata en buena medida a este político que por quinta vez consecutiva ganó los comicios en Bielorrusia, una exrepública soviética. Se lo conoce como el último dictador de Europa. Es un hombre de la vieja escuela comunista y un aliado de Rusia.
En el poder desde 1994, Lukashenko, de 61 años, venció en las elecciones del 11 de octubre con el 84% de los votos, según datos oficiales. Un triunfo arrollador en las urnas –solo comparable con las elecciones que se desarrollan en los países africanos– como en todas las anteriores ediciones. Los otros tres rivales se repartieron los otros escasos votos: en segundo lugar, la activista opositora Tatiana Korotkevich, seguida del líder del Partido Liberal Democrático, Serguéi Gaidukévich y por Nikolái Ulajóvich, jefe de una organización de cosacos.
Si bien los comicios fueron desaprobados por observadores occidentales, como la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) que Bielorrusia "aún tiene un largo camino por recorrer para cumplir con sus obligaciones democráticas", la Unión Europea (UE) está dispuesta a normalizar las relaciones con este país y a levantarle las sanciones.
Un día después de las elecciones, la UE decidió suspender por cuatro meses las penas impuestas aunque "pueden volver a activarse inmediatamente si es necesario". Las sanciones alcanzan a 175 personas y 14 entidades bielorrusas. Incluyen el congelamiento de haberes, la prohibición de visado, embargo a la venta de armas y equipamiento que pueda ser utilizado para reprimir manifestaciones.
Las últimas sanciones fueron indicadas en enero de 2011 –ya en 2004 Bielorrusia había sido penada– tras la elección presidencial de diciembre de 2010 marcada por una violenta represión de los opositores. Y ahora la UE, en vista de la liberación de varios prisioneros políticos, está dispuesta a una mayor apertura con la antigua nación soviética. "Han visto que Bielorrusia es un Estado serio", comentó Lukashenko tras enterarse sobre la nueva postura de la UE.
En una poca frecuente concesión a los cuestionamientos, Lukashenko también cuestionó si Rusia debería construir una base aérea militar en Bielorrusia. Todos estos movimientos, han sido vistos como un intento de acercar Bielorrusia a Europa. Estados Unidos, en cambio, no manifestó ninguna alegría por la nueva reelección del líder bielorruso. "Estados Unidos saluda el desarrollo pacífico de la elección presidencial del 11 de octubre en Bielorrusia. No obstante, estamos decepcionados de que Bielorrusia haya incumplido sus compromisos internacionales en materia de libertad y equidad para estas elecciones", denunció el Departamento de Estado en un comunicado.
Lukashenko asumió por primera vez su cargo el 20 de julio de 1994, tres años después de la disolución de la URSS. Director de una granja colectiva, formó parte del Partido Comunista de Bielorrusia y, precisamente, desde un ala que buscaba mantener la Unión Soviética bajo un sistema democrático. Incluso, en 1991 votó –el único miembro del Soviet Supremo bielorruso que lo hizo– en contra de la disolución de la URSS.
La realidad de una nueva Europa, de un nuevo mundo le ganó por entonces, pero Lukashenko se adaptó. Con la bandera en contra de la corrupción y la crisis económica, en los primeros años de independencia el líder bielorruso se erigió como presidente del Comité Anticorrupción y logró la renuncia de Stanislav Shushkevich, el presidente de entonces que perdió la confianza del Parlamento. Fue destituido en base a un informe de Lukashenko donde denunciaba las corruptelas del gobierno.
Con un programa socialista y con la idea de pegarse a Rusia –el principal mercado bielorruso–, Lukashenko ganó las elecciones de 1994. Desde entonces, siempre venció con porcentajes superiores al 70% de los sufragios, lo que le ha generado las críticas de los observadores internacionales que lo señalan de autoritario, de acallar a la prensa, no respetuoso de las libertades y poco democrático. Bielorrusia, que está ubicada en un lugar estratégico entre Rusia y la Europa Occidental, tiene como aliados también países como China, Venezuela, Irán e Irak.
En la crisis entre Ucrania y Rusia, este país jugó un papel protagónico. Además de los acuerdos que se firmaron en Minsk –la capital bielorrusa– entre las partes, Bielorrusia se ha visto beneficiada por esa misma crisis: por ejemplo, productos que antes Rusia compraba a Ucrania, ahora los va a buscar a Bielorrusia. Esto a Lukashenko le ha servido para estabilizar una situación económica no del todo cómoda en esta nación de casi 10 millones de habitantes.

La Nobel autorizada

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