8 de julio 2017 - 5:00hs

En la mitología griega Europa era una mujer. Una hermosa mujer fenicia. Dice la leyenda que Zeus quedó cautivado de la belleza de Europa cuando la vio correteando en una playa.

Pero hoy Europa está vieja y enferma. Ya no tiene el encanto del pasado y los expertos le diagnostican diversas calamidades: gangrena brexitosa; putinisma ucraniana y xenophobia, entre otras afecciones de salud, según el experto Timothy Garton Ash.

El año pasado, cansada de tanto sufrimiento, dejó a un lado las recetas de los partidos tradicionales y empezó a probar medicinas alternativas como el populismo que tiene prescripciones propias, y muy drásticas, para combatir ciertos males de la integración europea, el problema de los refugiados e inmigrantes, y torceduras de la globalización y el libre comercio.

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Los pacientes de la Europa de hoy tienen una opinión dominante de que "la globalización va demasiado lejos, de que la liberalización de las costumbres va demasiado lejos, que el cosmopolitismo va demasiado lejos", escribe la filósofa francesa Chantal Delsol, asuntos en los que el populismo se mueve a sus anchas.

"El populismo es como la homeopatía de la política, que propone soluciones fáciles a la gente desesperada que no confía ya en los remedios tradicionales", explicó el consultor político Fran Carrillo en el marco de la presentación de un libro sobre el tema, en el Parlamento Europeo, en Bruselas, el pasado 28 de junio.

Pero las recetas populistas, que se aplican en Hungría y en Polonia, que se cristalizaron en el brexit y en la hecatombe de los partidos tradicionales de Francia, y se replican en decenas de movimientos de extrema de derecha de viejo continente –el único de izquierda es Podemos, en España– no han calmado los dolores de la enferma Europa que, ansiosa y con miedo al futuro, quiere soluciones más rápidas o empieza a leerlas con cierta aprensión.

Es por eso que la homeopatía populista tuvo su revés electoral en Austria, Holanda y Francia; y en Gran Bretaña, la receta del brexit –que cumplió un año– perdió credibilidad en la negociación por la salida del bloque con el revolcón electoral de la primera ministra Theresa May, que adelantó comicios el 8 de junio para fortalecer su gobierno de cara a la salida de su país de la Unión Europea, y el resultado fue tan amargo para ella y su proyecto aislacionista que hoy hasta en su propia familia conservadora la consideran como un "cadáver ambulante".

La Europa integrada, y con países miembros "libres, unidos y abiertos", como quiere la canciller alemana Angela Merkel, no está en el lecho de muerte, como refleja la hendija abierta en estos meses para la política tradicional.

Las instituciones sólidas del bloque, que ayudan a resistir los ataques, se fortifica con nuevos liderazgos políticos, como el de Emmanuel Macron, en Francia, para defender el viejo proyecto de un continente unido, que en marzo pasado cumplió 60 años.

El nuevo presidente francés, al frente de un movimiento político remozado, evitó "un infarto de miocardio en forma de Le Pen", al decir de Garton Ash, en referencia a la derrotada líder de la ultraderecha que perdió ante Macron en segunda vuelta electoral, y dio oxígeno a los europeístas ansiosos de recuperar la estabilidad y prosperidad luego de la Firma del Tratado de Roma, el puntapié de la UE, y que puso fin a una época oscura de violencia y nacionalismo, un fantasma que aparece hoy en el horizonte europeo.

Macron, la nueva estrella de la política francesa y europea, logró cautivar a la mayoría de los ciudadanos galos con una comunicación directa y atractiva para unos votantes fastidiados de los políticos de los partidos tradicionales, a quienes por el momento convenció de los peligros de alimentarse con la miel del populismo.

Macron, consciente de su papel político para fortalecer la vía no populista, anunció esta semana un "cambio profundo" en su país y se comprometió a liderar una "verdadera revolución" que empieza por reformas políticas (reducción de las cámaras) y electorales (algo de representación proporcional para proteger a los pequeños partidos).

El gobierno también anunció rebajas fiscales para las empresas y una reducción del gasto público.
"Nuestro pueblo nos pide tomar un camino radicalmente nuevo", dijo en un discurso ante el Congreso, el lunes 3, aunque no tiene el camino totalmente despejado por la fortaleza de la oposición (más de un tercio de los votos en segunda vuelta fueron para el partido de Marine Le Pen, más allá de que el presidente consiguió luego la mayoría parlamentaria) que espera agazapada para atacar al novel mandatario y seguir acumulando fuerzas que le permitan llegar al Palacio del Elíseo.

Sin éxitos en la política doméstica, el joven presidente francés no tendrá el vigor necesario para encarar el otro frente, externo, el de la Unión Europea, que "perdió el rumbo" y enfrenta un "esceptisismo creciente", y reforzar el trabajo en solitario de la canciller Merkel, que el lunes 3 lanzó su campaña electoral hacia los comicios legislativos de setiembre.

En ese terreno, y aunque el nuevo líder francés trabaja codo con codo junto a Merkel en fortalecer la UE, está lejos de tener el camino despejado para concretar sus propuestas de reformas del bloque europeo, por ejemplo, una política fiscal común, un ministro de finanzas conjunto y completar una unión del sistema bancario, amén de otras transformaciones que requiere el viejo continente.

La dupla Merkel-Macron aprovechó muy bien el escenario de la cumbre del G20, en Hamburgo, que empezó este viernes y termina este sábado, para lograr que el bloque plante cara a las ideas controvertidas del presidente estadounidense Donald Trump y, a su vez, enviar un mensaje fuerte: las banderas europeas empiezan a flamear de nuevo ante el freno que tuvo la prédica del ascendente populismo.

En los días previos a la cumbre del G20, los referentes europeos habían acordado defender a escapa y espada ante Trump, el principal referente populista del mundo, el libre comercio, "frente al proteccionismo y el aislacionismo", y el Acuerdo de París contra el cambio climático, a lo que también se oponen el presidente estadounidense y las fuerzas europeas ultranacionalistas.

Donald Tusk, presidente del Consejo Europeo, se congratuló de los nuevos bríos de la Europa unida y que hoy sea un "referente para aquellos que apuestan por los derechos humanos, el comercio libre y la lucha contra el cambio climático, la pobreza y la violencia".

Pero quienes defienden la UE no deberían confiarse en la corriente a favor del velero europeo pues los vientos podrían cambiar de un momento a otro.

Las palabras de Macron cuando advirtió en estos días que se está "viviendo un momento único y los riesgos internacionales jamás fueron tan críticos", referidas al cambio climático, bien podrían haber sido parte de una reflexión sobre problemas económicos que enfrenta Europa, que son un caldo de cultivo para el populismo: desigualdad, pérdida de empleos en la industria manufacturera, desempleo, dificultades fiscales y de crédito en el sector privado.

La frase de Bill Clinton "¡es la economía, estúpido!", de la campaña electoral estadounidense de 1992, que resume el papel del crecimiento, la inflación y el empleo a la hora de votar, resuena muy fuerte en la enferma Europa que aún no conoce una cura para los males que la aquejan.

Angela Merkel y el multilateralismo

Angela Merkel
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La canciller alemana, Angela Merkel, dijo que se necesita "más que nunca" de estructuras como el G20, porque el multilateralismo permite resolver los problemas comunes "mucho más de lo que jamás podrá hacerlo el 'cada cual a lo suyo'".

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La canciller alemana, Angela Merkel, dijo que se necesita "más que nunca"d de estructuras como el G20, porque el multilateralismo permite resolver los problemas comunes "mucho más de lo que jamás podrá hacerlo el 'cada cual a lo suyo'".

La derrota de Wilders en Holanda

En su momento, una sensación de alivio se reflejó en la prensa europea al ver un refuerzo del optimismo con la sensación, según informó en su momento el diario británico The Times, de que "el populismo trumpiano alcanzó su punto crítico", tras el segundo puesto del Partido por la Libertad (PVV) de Geert Wilders en las elecciones legislativas holandesas de marzo y la derrota del candidato de la ultraderecha austríaca (Partido Liberal de Austria, FPÖ), Norbert Hofer, en las presidenciales de diciembre.

El canciller socialdemócrata austríaco Christian Kern celebró entonces "una victoria de etapa" en la estrategia de reconquista de los proeuropeos frente a la extrema derecha y contraria a la Unión Europea.
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