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La sexta, las balas, la suerte y el fracaso: Peñarol eliminado

Con Mario Saralegui desbordado emocionalmente y el equipo jugado a resolver todo a última hora sin depender de sí mismo Peñarol le ganó bien a Athletico Paranaense pero repitió su moderna historia copera: el fracaso

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21 de octubre de 2020 a las 01:24

Hace ocho días Mario Saralegui volvió a usar su cuenta de Twitter como si fuera la metralleta catártica de sus emociones. Trató a un hincha de "idiota" y a otro de "maricón". "Para que haya paz debe haber guerra antes", le comentó a otro parcial en un tono más amistoso. Y para preparar su partido ante Athletico Paranaense recurrió a la analogía de la "última bala", término que utilizado en una frase tuitera en 2017 le costó ser despedido de Liverpool.

El sábado dio una entrevista el día del partido violando una orden del gremio de entrenadores abriendo otro frente de batalla a tres días de jugarse el partido más importante de su actual ciclo como entrenador del club. Doce horas antes del partido dio a conocer el equipo en su cuenta personal sin pasar por el área de comunicación del club. 

Y a la hora del partido estalló. Cinco minutos después de que Matías Britos metiera el gol de cabeza que le dio a Peñarol el triunfo por 3-2 ante Athletico Paranaense en el Campeón del Siglo, todas las emociones se le fueron a la cabeza. 

Advertido y amonestado en el arranque del encuentro por el árbitro paraguayo José Méndez por salirse una y otra vez de su área, Saralegui vio finalmente la tarjeta roja. Pero en lugar de admitir su error, darse media vuelta e irse, protagonizó un papelón. El juez asistente Milcíades Saldívar se le puso por delante y Saralegui lo empujó. Y al grito de "qué me echás, la puta que te parió", hasta pretendió irse encima del árbitro. Una actitud barrial, desencajada, amateur, patotera. Anacrónica. 

Pero esta fue la apuesta del presidente de Peñarol Jorge Barrera tras decidir cesar a Diego Forlán por su marcha irregular en el Torneo Apertura. La vieja guardia. La vieja escuela. La ciega apuesta al ganar como sea. 

Cuando Peñarol, mejor dicho Barrera, fue a buscar a Saralegui sabía que estos escenarios eran más que probables. 

Y ahí está Peñarol. Con un técnico fuera de control en todos los ámbitos, proyectando una nefasta imagen para el club, y nuevamente eliminado de la Copa Libertadores en fase de grupos. 

Y eso que el equipo logró un gran triunfo y estuvo a 8 minutos de clasificar.

Pero como llegó al último partido sin depender de sí mismo, quedó afuera. Cuando el aurinegro ganaba 3-2, tras levantar un 2-1, Jorge Wilstermann hizo lo impensado: le ganó a Colo Colo de visitante y rompió una sequía de 34 años sin triunfos internacionales de visitante. Hizo el gol al minuto 88 y ya expirados los 6' que adicionó el juez se salvó de un cabezazo que dio en el palo en una pelota que después llegó mansita a las manos del golero. 

Por acto reflejo, se podría pensar que eso fue obra de la suerte. Pero cuando se analiza el camino recorrido de Peñarol en la Copa -y una larga serie de decisiones tomadas por la directiva desde mediados de 2019 a esta parte- no fue la falta de suerte lo que lo dejó afuera. 

Cuando apostó por Forlán se jugó a una cita a ciegas. Cuando armó el plantel volvió a contratar en masa sin calibrar la calidad de las incorporaciones (Robert Herrera, Cristian Bravo, Denis Olivera...). 

Y analizando solo esta Copa, cuando Peñarol visitó a Colo Colo arrancó ganando y perdió con un penal insólito de Walter Gargano. Cuando visitó a Jorge Wilstermann también cayó con groseros errores defensivos. Y así llegó a la última fecha forzado a ganar y rezar. 

El partido fue una montaña rusa de emociones. Athletico Paranaense jugaba ante un equipo ya clasificado, sin varios de sus titulares y con dos bajas de última hora por positivos de covid-19.  

Arrancó ganando 1 a 0 Peñarol con un gol traído del vestuario. Pero cometió el pecado de regalarle la pelota y el terreno a un equipo brasileño. Y así descubrió el potencial ofensivo de los carrileros Fabinho y Khellven, lo bien que juega el volante central Richard, la vigencia de Lucho González y la potencia de Nikao en ataque. Cuando pestañeó estaba 2-1 abajo. 

Saralegui tuvo la virtud de hacer bien dos cambios. Sacó en el entretiempo a Gargano, responsable del segundo gol de los brasileños con un despeje corto al medio, y puso en su lugar al Cebolla Rodríguez que lentamente fue empujando al equipo. 

Y después sacó a Agustín Álvarez Martínez, quien erró dos goles imposibles, para poner a Matías Britos, un jugador al que inexplicablemente marginó desde su llegada al club, al igual que a Krisztián Vadócz. 

Britos, veloz, bajo pero de buen cabezazo, se posicionó muy bien entre los pesados zagueros de Paranaense y ganó el partido tras gran centro de Giovanni González. 

Pero Peñarol volvió a quedar afuera. Jugará la Copa Sudamericana la semana próxima. Pero eso no importa. Sabe que este nuevo fracaso en la Libertadores no se lo saca ni pasando más de una fase en el segundo torneo continental. 

 

 

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