28 de octubre de 2011 16:39 hs

Bono, el cantante de U2, apreciaba enormemente el poder publicitario de Apple. Su grupo dublinés era el mejor del mundo, pero en 2004 estaba tratando, después de casi 30 años juntos, de darle un nuevo ímpetu a su imagen. Habían creado un increíble nuevo disco con una canción que, según The Edge, el guitarrista de la banda, era “la madre de todas las melodías del rock”. Bono sabía que necesitaba encontrar la forma de lograr algo de tirón, así que llamó a Jobs.

“Quería algo muy concreto de Apple –recordaba Bono–. Teníamos una canción titulada Vertigo que contaba con un dinámico solo de guitarra que yo sabía que iba a ser contagioso, pero solo si la gente llegaba a escucharla muchas, muchas veces”. Le preocupaba que la época de promocionar las canciones mediante su repetición incesante en la radio hubiera llegado a su fin, así que fue a visitar a Jobs a su casa de Palo Alto, dio un paseo con él por el jardín y presentó una propuesta poco común. A lo largo de los años, U2 había rechazado ofertas de hasta US$ 23 millones por aparecer en publicidad. Ahora quería que Jobs los sacase en un anuncio del iPod completamente gratis, o al menos como parte de un intercambio mutuamente beneficioso. “Nunca habían hecho un anuncio antes –recordaba Jobs posteriormente–, pero estaban viéndose atacados por las descargas gratuitas, les gustaba lo que estábamos haciendo con iTunes y pensaron que podíamos promocionarlos ante un público más joven”.

Bono no solo quería que apareciera la canción en el anuncio, sino todo el grupo. Cualquier otro consejero delegado de una compañía habría sido capaz de tirarse de un quinto piso con tal de tener a U2 en un anuncio, pero Jobs se resistió un poco. Apple no incluía a personajes reconocibles en los anuncios del iPod, solo a siluetas (en ese momento el anuncio de Dylan todavía no se había creado). “Ya tienes siluetas de los fans –replicó Bono–, ¿qué tal si la siguiente fase fueran las siluetas de los artistas?”. Jobs respondió que reflexionaría sobre aquella idea. Bono le dejó una copia del disco, How to Dismantle an Atomic Bomb, que todavía no había salido a la venta, para que Jobs lo escuchara. “Era la única persona ajena al grupo que tenía uno”, afirmó Bono.

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A continuación tuvo lugar una ronda de reuniones. Jobs se fue a hablar con Jimmy Iovine (cuyo sello discográfico, Interscope Records, distribuía la música de U2) a su casa, situada en la zona de Holmby Hills, en Los Ángeles. Allí se encontraba The Edge, junto con el representante de U2, Paul McGuinness. Otra de las reuniones tuvo lugar en la cocina de Jobs, en la que McGuinness redactó los términos del acuerdo en la parte de atrás de su agenda. U2 aparecería en el anuncio, y Apple haría una gran promoción del disco a través de diferentes canales, desde carteles publicitarios hasta la página web de iTunes. El grupo no iba a recibir ningún pago directo, pero sí el porcentaje de sus derechos de autor por la venta de una edición especial del iPod con la imagen de U2. Bono creía que los músicos debían recibir un tanto por ciento por cada iPod vendido, y aquel era su pequeño intento de defender dicho principio, aunque con carácter limitado, para su grupo. «Bono y yo le pedimos a Steve que preparara un iPod negro –recordaba Iovine–. No solo estábamos hablando de un patrocinio publicitario; estábamos firmando un acuerdo para unir nuestras marcas».

“Queríamos nuestro propio iPod, algo diferente del modelo blanco habitual –recordaba Bono–. Lo queríamos en negro, pero Steve dijo: “Hemos probado con otros colores que no fueran el blanco, y no dan buen resultado”. Sin embargo, en la siguiente ocasión en que nos encontramos nos mostró uno negro y nos pareció estupendo”

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Jobs alquiló una sala de cine en San José de las de toda la vida para la presentación del anuncio televisivo y del iPod especial. Bono y The Edge se unieron a él en el escenario. El álbum vendió 840 mil copias en su primera semana e irrumpió en el número uno de la lista de los más vendidos. Bono le contó después a la prensa que había grabado el anuncio sin cobrar porque “U2 sacará tantos beneficios de él como Apple”. Jimmy Iovine añadió que aquello le permitiría al grupo “llegar a un público más joven”.

Lo más curioso fue que asociarse con una empresa de ordenadores y aparatos electrónicos resultó la mejor opción para que una banda de rock le pareciera moderna y atractiva a la juventud. Bono explicó posteriormente que no todos los patrocinios empresariales eran pactos con el diablo. “Analicemos la situación –le dijo a Greg Kot, el crítico musical del Chicago Tribune–. El “diablo”, aquí, es un grupo de gente de mente creativa, mucho más creativa que muchas personas que tocan en grupos de rock. El cantante del grupo es Steve Jobs. Estos hombres han colaborado en el diseño del objeto artístico más hermoso en la cultura musical desde la guitarra eléctrica. Eso es el iPod. El objetivo del arte consiste en hacer desaparecer la fealdad”.

“Steve puede ser muy vehemente –recordaba Bono–, pero aquellos momentos nos hicieron entablar una estrecha amistad, porque no hay mucha gente en la vida de uno con la que se puedan mantener discusiones tan sólidas. Tiene unas opiniones muy firmes. Después de nuestros conciertos iba a hablar con él, y siempre tenía algo que decir”. Jobs y su familia visitaron alguna vez a Bono, a su esposa y a sus cuatro hijos en su casa junto a Niza, en la Riviera francesa. Durante unas vacaciones, en 2008, Jobs alquiló un barco y lo atracó junto a la casa de Bono. Comieron todos juntos, y Bono les mostró algunos extractos de las canciones que U2 y él estaban preparando para lo que después pasó a ser su disco No Line on the Horizon. Sin embargo, a pesar de su amistad, Jobs seguía siendo un duro negociador. Trataron de pactar la posibilidad de rodar otro anuncio y preparar una presentación especial de la canción Get On Your Boots, pero no llegaron a ponerse de acuerdo en los detalles. Cuando Bono se lesionó la espalda en 2010 y tuvo que cancelar una gira, Powell, la esposa de Jobs, le envió una cesta de regalo con un DVD del dúo cómico Flight of the Conchords, el libro Mozart’s Brain and the Fighter Pilot, un poco de miel de su jardín y una crema analgésica. Jobs escribió una nota, que adjuntó a este último detalle. En ella se leía: “Crema analgésica: me encanta el invento”.

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