17 de mayo de 2013 19:47 hs

Ver, oír y callar”, así resumió “la forma de vida” de los habitantes de Casavalle un vecino que hace cinco años decidió abandonar su vieja casa en el barrio Los Palomares tras recibir varias amenazas porque los delincuentes de la cuadra habían escuchado “el rumor” de que estaba juntando firmas para cerrar las bocas de pasta base.

El tiroteo entre bandas de narcotraficantes rivales que obligó el jueves a que la Policía tuviera que evacuar la escuela Nº 319 fue uno de tantos de los que este hombre ha estado viendo y oyendo con frecuencia desde hace más o menos un año. “Antes eran de vez en cuando, pero ahora son esperables”, afirmó.

El clima ayer al mediodía, hora del recambio de escolares, era de tranquilidad. En menos de media hora pasaron dos camionetas policiales. Una de ellas se estacionó durante unos minutos frente a la escuela, mientras los niños del turno vespertino ingresaban a clase. Lo único diferente eran algunas cámaras de televisión. No obstante, los padres consultados por El Observador coincidieron en que el ambiente se pone más tenso a partir de la caída del sol y se vuelve insoportable durante la noche.

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El ministro del Interior, Eduardo Bonomi, explicó que las riñas entre bandas existen desde hace tiempo, pero que se agudizaron cuando el lunes pasado asesinaron a un narcotraficante.

La madre de dos alumnas que ayer las estaba despidiendo también dijo que la cosa se puso brava hace un año. El día del tiroteo frente a la construcción de la nueva plaza –llamada de “convivencia” por las autoridades– sus hijas ya habían salido de la escuela, pero algunas de sus compañeras estaban en clase de patín y peluquería cuando comenzaron los disparos. “Ya sabíamos que iba a ser ayer (por el jueves) a las 3 de la tarde y vino el jefe de la zona Oeste (de la Policía) a hablar con la directora y con las maestras. Pero después se retrasó. Pero era una cosa verídica”, comentó. Ya habían pasado por el tiroteo de abril de 2012 que empezó por la discusión de dos madres de la escuela y la puñalada que le dio una a otra con una tijera.

Al igual que el vecino, la señora también catalogó estas situaciones como algo cotidiano. Tan cotidiano que dice que es normal que los compañeros de sus hijas falten a clase, o se duerman a mitad de la mañana, por no haber dormido durante la noche. Es más, la madre de una niña que asiste al CAIF del complejo agregó que su familia duerme varias noches en el suelo porque “las balas te pasan zumbando”. Su casa está a unas pocas cuadras de la escuela. La otra vecina vive hacia la Gruta de Lourdes pero desde allá dice que escucha el “tra tra tra tra” de las ametralladoras durante la noche.

Caiga quien caiga
Un vecino de la calle San Martín que se excusó por no dar su nombre debido al temor a las represalias declaró a El Observador que las bandas de traficantes están comprando casas por todo el barrio “por dos pesos”, sobre todo aquellas que fueron ocupadas por intrusos, a través de presiones y amenazas. “Nos están haciendo la vida imposible. Ponen la radio a las 3 de la mañana, o tiran un desagüe para el patio, o te tirotean la casa para que el vecino de bien se vaya. Esto es como el juego War, van ganando territorio”, ilustró. Un kiosco cercano a la escuela tiene perforaciones de bala en la pared, igual que otras tantas casas de Los Palomares.

La cercanía de los vecinos con los delincuentes hace que la visita de advertencia de los policías no ofrezca ninguna novedad. Ya conocen sus planes solo por escuchar las conversaciones que mantienen en la puerta de sus casas. “Señora, métase para adentro que ya va a empezar”, fue la advertencia que hace unos días le dio un muchacho a una de las vecinas antes de que sonara el “tra tra tra tra” de esa noche. Un comentario que escuchó segundos después fue que no importaba “quien cayera”.

El vecino expulsado de Los Palomares manifestó que el motivo de enfrentamiento más frecuente es la venganza por la muerte de un familiar a manos de la banda contraria. Y con esa intención salen por las calles “con armas de guerra”, aunque a diario también se los ve armados en las esquinas de algunos de los complejos habitacionales en posición de guardia. Los vecinos de la zona suenan convincentes cuando aseguran que Casavalle parece una zona de guerra.

Bonomi agregó que el barrio ya cuenta con “una vigilancia mayor desde hace algunos meses” y adelantó que “se va a aumentar”. No obstante, aclaró que la situación no es igual a la de hace algunos meses. Pero para los vecinos la Policía solo arresta al “sospechoso de siempre”, al muchachito “morochito y de capucha”, sin advertir que los peces gordos andan por la calle Aparicio Saravia en camionetas cero kilómetro. Para los vecinos es la misma vida de perros de siempre.

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