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2 de julio de 2011 21:05 hs

Alta, checa, zurda y con Wimbledon en la repisa, Petra Kvitova se sumó el sábado al inestable firmamento del tenis femenino al derrotar en la final del Grand Slam inglés a la rusa Maria Sharapova.

Kvitova derrotó a la campeona 2004 del evento en una hora y media de juego y con contundentes parciales de 6-3, 6-4.

La checa se convirtió así en la undécima tenista en ganar un Grand Slam de 2005 a esta parte, lo que marca la paridad de un circuito que en los últimos tiempos domina la danesa Caroline Wozniacki, una jugadora que cada vez que juega un Grande decepciona.

Kvitova, número 8 del ranking WTA, es un producto de la escuela de Prostejov y tuvo a Martina Navratilova como su gran referente.

Por eso se coronó en Wimbledon donde la nacida en Praga y nacionalizada estadounidense ganó nueve veces y fue finalista entre 1982 y 1990.

Última zurda finalista, perdió ante Conchita Martínez en 1994, Navratilova tiene ahora en Kvitova a su sucesora. Zurda, potente y monarca de La Catedral.

Ambas se conocieron el año pasado en suelo londinense cuando Kvitova alcanzó las semifinales, en su mejor actuación de Grand Slam hasta este Wimbledon. Este año también se cruzaron en zona de vestuarios y conversaron.

Navratilova destacó su dominio con el primer servicio. Los números la avalan: en la final ganó el 72% de esos puntos contra el 58% de Sharapova.

Kvitova, además, fue la tercera mejor sacadora del certamen con 36 aces, detrás de la alemana Sabine Lisicki (44) y la estadounidense Serena Williams (38).

Es más, ayer definió el encuentro por esa vía con un saque mortífero (único suyo en el partido contra tres de la rusa), un arma que suele ser poco decisiva entre las mujeres.

Sin embargo, a la hora de definirse, la nacida en Bilovec se identifica con el juego del argentino Juan Martín Del Potro: plano y rápido.

“Del Potro juega como yo o yo juego como él”, afirmó la checa: 1,83 metros altura y 70 kilos, comparándose con la torre de Tandil: 1,98 m y 83 k.

Hasta ayer llevaba ganados cuatro títulos en el circuito en el que debutó recién en 2006.

Por entonces el polvo de ladrillo tenía nombre y apellido: Justine Henin y el césped era sinónimo de Williams: desde 2000 Venus ganó cinco veces y Serena cuatro.

Pero este año, las hermanas estadounidenses pagaron caro sus largos meses de inactividad. Y Serena cedió el cetro.

Ahora la realidad indica que la constante en el dominio del tenis femenino es el cambio.

Desde Henin hubo cuatro campeonas distintas en Roland Garros. Kvitova releva a Serena, bicampeona 2009-2010 en La Catedral. Lo mismo hizo este año Kim Clijsters con la menor de las Williams en Australia. Habrá que ver qué ocurre ahora en el US Open donde la belga reina desde las últimas dos ediciones.

Kvitova entró en el selecto club. Su carrera marcha a pasos vertiginosos. Es top 10 recién desde abril cuando se coronó en la arcilla de Madrid siendo la sexta tenista checa en llegar a las 10 mejores del mundo.

Habla ruso, inglés y checo, come pasta y sushi, y gusta de ver jugar a Roger Federer antes que a su espejo Del Potro.

“Todavía no sé cómo me siento, es una sensación increíble. Calculo que voy a tardar unos cuantos días en creérmelo”, afirmó con el trofeo en las manos.

Su nombre quedó inscrito entre las mejores. El tiempo dirá si llegó para quedarse.

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