El Observador | Leonardo Pereyra

Por  Leonardo Pereyra

Columnista político
7 de agosto 2023 - 5:00hs

“Hay orden de no aflojar”. La leyenda pintada en la fachada de la sede del Grupo de Reserva Táctica de la Jefatura de Montevideo tras la muerte de Jorge Larrañaga duró lo que un lirio.

La frase que caracterizó al líder blanco en vida fue mandada borrar por su sucesor, Luis Alberto Heber, por entender que los funcionarios policiales que la trazaron se apartaron del “marco legal”. Las letras de pintura sobre piedra no fueron lo único que desapareció del Ministerio del Interior con la desaparición física de Larrañaga y a las huellas que dejó en esa cartera las ha ido borrando el tiempo y los avatares de la política.

Por ausencia o por presencia, por decisiones en materia de seguridad o por hechos inesperados, el paso del líder nacionalista por esa cartera se ha convertido apenas en un recuerdo y las puertas de entrada y salida en el ministerio se han movido en un sentido distinto al que él había dispuesto.

El penúltimo de los episodios involucró al exjefe de Policía de Montevideo Erode Ruiz, a quien Larrañaga había separado de su cargo, y ahora ocupará la Jefatura de Policía de Maldonado. “En cualquier Ministerio, pero fundamentalmente en el Ministerio del Interior, hay que trabajar de manera coordinada. Respetando los mandos y las jerarquías. (Lo hecho por Ruiz) ocasiona una diferencia en la forma de encarar una gestión que no es salvable”; había dicho Larrañaga en octubre de 2020 dando cuenta de su decisión de remover al veterano y experimentado policía.

La decisión se precipitó cuando el informativo Sarandí dio cuenta de una reunión entre el Jefe de Policía y el exdirector de Convivencia de la gestión del Frente Amplio, Gustavo Leal. Ruiz no había sido seleccionado por Larrañaga para ese cargo. El nombre se lo había sugerido el propio presidente Luis Lacalle Pou, por lo que la decisión del líder de Alianza Nacional resultó un fuerte mensaje acerca de que los mandos policiales no tenían autonomía, y que todas las decisiones pasaban por su despacho. Larrañaga no estaba conforme con el método de trabajo del experimentado jefe ni con los resultados que se veían en Montevideo, y había leído la reunión con el exfuncionario del Frente Amplio como un inaceptable cuestionamiento a su mando.

Desde la izquierda criticaron la decisión, pero también hubo voces oficialistas como la del senador Sergio Botana que calificó como “error” la decisión del exministro. Incluso, en diciembre de 2020 Búsqueda publicó que la decisión de Larrañaga había causado “malestar en la Gran Logia de la Masonería” a la que Ruiz pertenece. Casi tres años después, muerte de Larrañaga por medio, el Ministro Heber volvió a convocar a Ruiz para la jefatura de Maldonado. “Tuvo problemas con Jorge (Larrañaga), no tuvo problemas conmigo", declaró el ministro en una entrevista con Doble Click (Del Sol).

Por otro lado, y por diversas circunstancias, el equipo de confianza que había elegido Larrañaga ya no está en el Ministerio del Interior y la terna del comando policial seleccionado por el líder blanco fue reemplazada. Diego Fernández, director de la Policía, fue removido en marzo de este año y ocupa un cargo de asesor del ministro Heber. También fueron reemplazados los subdirectores de la Policía Héctor Ferreira y Jorge Berriel por haber sido mencionados en chats vinculados en el caso que involucró al excustodia presidencial Alejandro Astesiano

Tras la polémica por la utilización del Hospital Policial en agosto de 2022 renunció una de las personas de máxima confianza personal y política de Larrañaga, Luis Calabria, quien se desempeñaba como director general de Secretaría del Ministerio. En este 2023 renunció Santiago González, otro de los funcionarios de confianza de Larrañaga, por haber negado la utilización del Hospital Policial en su beneficio, cuando sí lo había hecho.

Finalmente, este jueves renunció a su cargo Juan Andrés Ramírez Saravia, quien había sido nombrado como coordinador del Programa de Seguridad Ciudadana del MI y, tras la muerte de Larrañaga, fungía como asesor de Heber. “No soy escuchado, consultado, ni se toma mi opinión en cuenta, entonces no parece lógico que sea ‘asesor del ministro’. Por eso tengo que irme. (…) Mucho por contar. Dignidad arriba… decía un caudillo”, escribió en su cuenta de Twitter.

Llevado por su estilo de mando personalista, Larrañaga ejerció una gestión verticalista del Ministerio del Interior y, así como barrió con los hombres que el frenteamplista Eduardo Bonomi había puesto a manejar la Policía, Heber hizo lo propio con buena parte de staff de seguridad de su correligionario.

La figura del hombre de Paysandú es reivindicada en todo el Partido Nacional y los diferentes sectores que pugnan en la interna blanca con vistas a las próximas elecciones se disputan su legado. Pero en el ministerio, al que dedicó sus desvelos en los últimos años de vida, hay que buscar mucho para encontrar algún rastro de las huellas que dejó el Guapo.

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