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Las luces y las sombras de los alrededores del Antel Arena

Los vecinos se dividen entre los que están orgullosos con la obra y quienes no ven ningún cambio significativo

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10 de junio de 2019 a las 05:00

El 12 de noviembre de 2018 fue un día de fiesta para el gobierno. El presidente Tabaré Vázquez y la entonces ministra de Industria, Carolina Cosse, inauguraron con una sonrisa de oreja a oreja la polémica obra del Antel Arena. Ese día Cosse insistió en que, pese a las críticas, la obra -que finalmente costó más de US$ 90 millones- marcaría un cambio para la historia del país y también de los barrios de alrededor. 

Además del Antel Arena, sobre la avenida Dámaso Antonio Larrañaga también se inauguró hace algunas semanas el hospital del Banco de Seguros del Estado (BSE), ubicado a pocas cuadras del estadio polifuncional. Sin embargo, en esa zona no hay tantas residencias por lo que el impacto en la vida de los vecinos no es tan alto. Pero a siete meses de inaugurado, ¿cómo cambiaron los barrios que rodean al Antel Arena? 

El nuevo escenario está ubicado entre tres barrios: Villa Española, Mercado Modelo y Pérez Castellanos. Las opiniones de los residentes sobre qué implicó la nueva obra están divididas, según un relevamiento que realizó El Observador. Algunos se muestran orgullosos de que su barrio cuente con este estadio, pero otros están molestos por las complicaciones que trae recibir eventos multitudinarios sin una infraestructura exterior acorde, ya que los 1.300 estacionamientos previstos todavía no fueron inaugurados. 

Sin embargo, en su mayoría no ven cambios significativos en la zona después de que se inauguró el estadio. Y hay tres puntos en común entre las visiones recogidas: el problema de los cuidadores de autos que no están registrados, la falta de frecuencias de ómnibus hacia el Centro y la Ciudad Vieja, así como las complicaciones para estacionar los días de eventos. 

Libia y Héctor son dos de los vecinos que están contentos con los cambios en el barrio a raíz del Antel Arena, sobre todo por cómo quedó la obra y las que se están haciendo en los alrededores. Pese a esto, alertaron por los problemas de convivencia que supone la presencia de cuidadores de autos que no están registrados y que pululan los días en los que hay un evento, un concierto o un espectáculo deportivo. 

Pero también reclamaron que en la zona, incluso después de que se inauguró el estadio, no hay frecuencias ni líneas suficientes para trasladarse hacia el Centro. Hay dos líneas que sirven para viajar hacia ese lado de la ciudad -el 79 y el D8- pero los vecinos argumentan que pasan a la misma hora y cada 30 minutos. Este reclamo es extendido entre los vecinos. 

En las calles que dan hacia atrás del Antel Arena, donde se están construyendo los estacionamientos, los vecinos no pueden estacionar sus autos en las calles mientras transcurren las obras. Y mientras esto no se concreta, en los días en los que hay eventos los autos que llegan estacionan en las calles de alrededor pero también sobre las veredas. Una vecina, por ejemplo, contó que el frente de su casa, que queda en la intersección de la avenida José Pedro Varela y José Serrato, se llena de autos cada vez que hay un evento y que incluso obstruyen la entrada y salida del garaje, además de romper las veredas. 

Algo que sí destacaron como positivo fue la creación de una senda peatonal en el cantero de José Pedro Varela, que hoy es utilizado para hacer deportes. Esa senda tuvo como objetivo, además, que los autos no estacionaran allí, para lo que también se dispuso la colocación de cientos de troncos de madera, que ofician de bolardos. 

Silvia, una de las vecinas consultadas y que vive hace 40 años en la zona, afirmó que el Antel Arena fue como un "lavado de cara" para el barrio, pero que en las calles interiores la situación sigue igual: poca iluminación y descuido. 

Además de los estacionamientos, resta que se inauguren otras obras previstas, como las referidas a un parque urbano en los alrededores del estadio, que demoró cinco años y medio en ser inaugurado, desde que en abril de 2013 Antel y la Intendencia de Montevideo firmaron un contrato para la reconstrucción conjunta de la zona del emblemático Cilindro Municipal.

Un presupuesto que duplicó lo previsto, una decisión política de suspender las obras que fue matizada en cuestión de días tras rencillas internas del oficialismo, observaciones en su contra, interpelaciones de la oposición, y hasta un accidente laboral marcaron el periplo de un proyecto teñido de polémica desde el minuto cero. 

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