El clásico se juega en la cancha y ahí es cosa de jugadores. Atrás quedará la charla técnica, la semana de trabajo, la presión de los hinchas. Pero todo lo que abarca el clásico se resume en 90 minutos de fútbol. El partido que paraliza al país tiene una cara oculta. La de los trabajadores y ciudadanos comunes que se terminan transformando en víctimas del clásico.
Las víctimas del clásico
Chóferes de ómnibus, comerciantes, porteros y vecinos de los alrededores del estadio contaron a El Observador el sufrimiento con que viven el partido entre Nacional-Peñarol