2 de marzo de 2015 21:08 hs

Me llamó mucho la atención un artículo que leí hace poco sobre el liderazgo resiliente. Se llama “Tres maneras de ser líderes más resilientes” y fue escrito por Julia Novy-Hildesley, fundadora y CEO de Resilience in Action, una organización no gubernamental que se dedica a preparar a líderes para acelerar la transición hacia una sociedad sustentable construyendo su capacidad para practicar la resiliencia.

Resiliencia es una palabra cuyo uso se ha popularizado recientemente y no está necesariamente asociada al liderazgo en general o al liderazgo empresarial pero que se aplica muy bien a ellos. Se aplica también a la física, a la ecología. Etimológicamente significa ‘volver a la normalidad’, y es un término derivado del latín (del verbo resilio, resilire: ‘saltar hacia atrás, rebotar’. Resiliencia es pues ‘resistencia’ ante dificultades (y recomiendo la película Unbroken dirigida por Angelina Jolie si quieren ver un buen ejemplo de ello) pero también implica elasticidad, flexibilidad, poder de recuperación y capacidad de adaptarse (características, todas ellas, que exhibe el personaje central de Unbroken frente a las dificultades que debió atravesar, una historia real llevada al cine).

Julia Novy-Hildesley sostiene que en un entorno tan cambiante como el que vivimos en nuestros días, por factores de muy diversa índole y que van desde la disrupción que genera la tecnología en la vida de las empresas hasta los cambios sociales que se generan por la globalización, son cada vez más necesarios líderes con capacidad de resiliencia, porque ella trata, precisamente, de la adaptación al cambio. Julia Novy-Hildesley dice que es la capacidad de prepararse para –o prevenir– las crisis, o de reconstruirse, más fuertes, después de que sobrevino una catástrofe.

Identifica tres orientaciones para empezar a desarrollarla:

1) conectar: con uno mismo, con los demás y con el ambiente en el que nos movemos;
2) adaptarse: es decir, dejar que el cambio nos llegue y lo sintamos con toda su fuerza;
3) innovar: una vez que estemos más conectados y que recibamos el input de los cambios, estaremos capacitados para buscar nuevos caminos, nuevas formas de hacer las cosas, nuevas fronteras para explorar.

Por ello, la resiliencia no solo implica fortaleza o resistencia ante las dificultades o ante la adversidad sino elasticidad y flexibilidad para doblarse sin romperse, para adaptarse a las circunstancias, para tener la mente abierta a pensar nuevos caminos. Y también implica poder de recuperación cuando uno ya parece derrotado, cansado o abatido. Y capacidad de adaptarse al nuevo ambiente o a las nuevas circunstancias.

La resiliencia no solo implica fortaleza o resistencia ante las dificultades o ante la adversidad sino elasticidad y flexibilidad para doblarse sin romperse, para adaptarse a las circunstancias, para tener la mente abierta a pensar nuevos caminos

Esto, como decía al principio, puede aplicarse al liderazgo empresarial o al liderazgo político, quizá las áreas donde se sienten con mayor fuerza los vientos del cambio. Pero también se pueden y deben aplicar a la vida concreta de cada ciudadano, sin necesidad de que tenga cargo o posición de mando. Todos estamos expuestos a los cambios; todos debemos prepararnos para ellos; a todos pueden tocarnos adversidades o dificultades que debemos afrontar, superar o de las cuales recuperarnos. Como decía el famoso escritor inglés C. S. Lewis: “Nunca se es demasiado viejo para establecer un nuevo objetivo o para soñar un nuevo sueño”.

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