6 de marzo de 2014 14:07 hs

Ya es marzo. Los agricultores recibieron una buena mano con la suba de la soja y perspectivas intactas de una buena cosecha. Mientras, deben tomar definiciones de corto y mediano plazo con la siembra de los cultivos de invierno, principalmente con el trigo.

La crisis en Ucrania dio algo de firmeza a los precios internacionales del cereal esta semana. Operó en igual sentido un deterioro en las condiciones de los cultivos en Estados Unidos. Son factores que hasta ahora no han cambiado el balance de oferta y demanda mundial que seguiría holgado.

Lo cierto es la pesadez del mercado interno y regional para el trigo uruguayo. En las próximas semanas se decide el volumen de cereal que saldrá de acopios a silobolsa para dejar lugar a la soja.

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Y la demanda es por cuentagotas desde el exterior, con valores que están bien por debajo de los picos logrados en la primavera y comienzos de verano. El mercado está virtualmente atorado de trigo luego de una zafra 2013/2014 en que repuntaron los rendimientos y hubo menos problemas –aunque no dejaron de estar– respecto a la campaña anterior, muy golpeada por el exceso de lluvias.

Esta coyuntura del trigo está dominada por factores de mercado externo y regional pero también tiene implícitas otras variables endógenas y, en algunos casos, de carácter casi estructural. Con el balance internacional de oferta y demanda que marca stocks abundantes, Brasil es virtualmente el único mercado para Uruguay. Y los molinos brasileños se abastecieron con trigo de fuera de la región dejando para atrás al cereal uruguayo.

En 2012 el gobierno brasileño dejó en claro que no iba a convalidar precios altos por la menor oferta interna y regional exonerando el 10% del Arancel Externo Común (AEC) para la importación de trigo de fuera de la región. Lo hizo entre abril y noviembre del año pasado argumentando la falta de oferta argentina –que prohibió las exportaciones– y desde Uruguay. Y todo indica que el lobby de la molinería brasileña va a ser fuerte para que se exonere nuevamente el arancel a partir del segundo trimestre de este año. El declive en los valores internacionales del trigo en el último tramo de 2014 llevó a Brasil a seguir importando trigo estadounidense –y en menor medida canadiense– aun pagando la tasa de 10% del AEC.

Altos stocks y calidad
La producción uruguaya en la zafra pasada fue de 1,77 millones de toneladas, según la Oficina de Programación y Política Agropecuaria (Opypa). A eso se suman existencias de la anterior zafra

–de bajos niveles de calidad– por cerca de 300 mil toneladas. Con una oferta de cerca de 2,09 millones de toneladas el saldo exportable estimada por Opypa era de 1,48 millones de toneladas.

El ritmo de colocaciones tuvo algo de fuerza en diciembre para luego decaer en enero. Según los datos del registro de existencias del Plan Nacional de Silos, al 1° de febrero había stocks declarados de trigo por 1,495 millones de toneladas. Un mundo de trigo cuando faltaban dos o tres meses para que la soja se quede con toda la logística.

Los factores de mercado –el abastecimiento extrarregión de Brasil, los bajos precios para colocar el trigo doméstico fuera del Mercosur– claramente pesaron. Y Argentina no ayudó demasiado estirando hasta mediados de enero la liberación –en tramos– de su saldo exportable.

Sin embargo, también incidieron otras variables internas. La producción de la última campaña no tuvo tantos problemas como la anterior –con fuerte presencia de fusarium y bajo peso hectolítrico–, aunque no significa que no existieran limitantes de calidad. Esto se dio especialmente en el litoral norte del país, debido al exceso de precipitaciones en noviembre, que redujo el nivel de peso hectolítrico.

El mercado está atorado de trigo luego de una zafra 2013/14 en la que repuntaron los rindes

A eso se sumó un importante volumen de trigo de baja calidad de la campaña anterior que debía ser mezclado. Con una oferta más confortable, los brasileños pusieron la lupa en los embarques uruguayos sabiendo ese volumen que debía ser mezclado. Y, según se dice en Brasil, la calidad no fue la esperada. Según los industriales brasileños, el trigo doméstico tiene que competir con el de Río Grande –de menor nivel de calidad para panificación– con una cosecha en ese estado que, para colmo, logró un récord histórico.

Esto ha llevado a que los valores manejados por el trigo uruguayo no guarden relación con el argentino y con el estadounidense. Habitualmente los valores regionales se ajustan a una paridad de importación extra Mercosur. Esto es, a cuánto queda el trigo estadounidense –con flete y arancel– en los molinos brasileños. Esta paridad en el caso de Uruguay se mantuvo hasta fines del año pasado, pero luego se desdibujó totalmente. Hoy los valores manejados para Nueva Palmira tienen un importante descuento respecto al trigo de los puertos del Up River en Rosario o del Golfo de Estados Unidos.

Estructura y estrategia
En un mercado atorado no faltan las voces que advierten sobre una falta de estrategia nacional para asegurarse el mercado brasileño apostando a trigos que aseguren mayor nivel de calidad panadera, aunque con menos potencial de rendimiento. Para algunos, la prioridad debe ser atender a Brasil, atendiendo a las necesidades específicas de su molinería, lo que aseguraría la demanda.

También hay factores que son irritantes al ser casi estructurales. Y es que Uruguay casi no puede embarcar trigo durante buena parte del otoño y del invierno porque la soja se queda casi exclusivamente con la logística de los puertos. Con proyectos trancados en Nueva Palmira por los argentinos, la posibilidad de sacar trigo entre abril y agosto queda casi reducida a la frontera terrestre. Y en este caso, hay restricciones de índole logístico –a lo que suman las trabas desde las aduanas brasileñas– que limita el volumen que puede entrar a ese país con camiones (el ferrocarril todavía es una ilusión).

Con la cuenta contra reloj para sacar algunos barcos –aprovechando la reciente liberación de embarques en Argentina– antes que entre la soja, los productores deben afinar los números en las planillas para definir la siembra 2014 del principal cultivo de invierno. Está claro que quedará un volumen inusualmente alto para exportar luego del invierno.

El mundo parece no tener riesgos de oferta aunque en febrero los precios repuntaron en los mercados estadounidenses y europeos. Entre marzo y abril se tendrá una idea más clara sobre el potencial productivo en los principales bloques trigueros del hemisferio Norte. A fines de febrero, el Consejo Internacional de Granos estimó una caída de apenas 1,4% en la producción mundial de trigo, que llegó a un récord de 708 millones de toneladas en la actual campaña comercial.

A la crisis en el mar Negro –potencialmente alcista si se interrumpe la oferta desde esa región– se suma un deterioro en la condición de los cultivos en enero y febrero en las planicies estadounidenses. También hay expectativa por cómo salen del invierno boreal los trigos del mar Negro con el telón de fondo de la crisis en Ucrania.

Un rebote en los valores durante marzo –por un deterioro del potencial en el hemisferio Norte– podría mejorar algo las expectativas a los agricultores.

En la región ya hay proyecciones privadas sobre un aumento del área triguera en Paraguay y Brasil –especialmente en Paraná– para 2014. Más adelante se sabrá qué harán los agricultores argentinos.

Y en Uruguay se cruzarán los dedos para que la salida de la nieve muestre resultados pobres en las planicies estadounidenses y en el mar Negro. Y, por qué no, que el clima castigue otra vez al trigo en los campos brasileños y paraguayos. Pero todo hace pensar que en el otoño los productores deberán hilar fino con las cuentas antes de sembrar.

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