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Lo que hay detrás de las protestas: el costo de "descorreizar" Ecuador

Desmontar la "Revolución Ciudadana" que encarnó durante una década (2007-2017) Rafael Correa pone a prueba a su sucesor y exaliado Lenín Moreno

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08 de octubre de 2019 a las 10:48

Octubre, mes asociado en el ideario de izquierda a las revoluciones, a la más célebre de todas, está siendo un calvario para Lenín Moreno, el exvicepresidente de Rafael Correa ocupado desde hace año y medio en borrar el rastro de su predecesor y,en alguna media, el suyo propio. En otras palabras, enterrar cuanto antes la "Revolución Ciudadana". Pero hay dolientes.

Tras el anuncio del incremento de los combustibles, vigente desde el primer día de este mes, las protestas han sacudido al país andino con un saldo que se empieza a engrosar: un muerto, 73 heridos, medio millar de detenciones; carreteras bloqueadas, clases suspendidas en algunas regiones del país y la amenaza de una marcha indígena sobre Quito. 

Desde hace casi una semana el palacio de Carondelet, sede del gobierno y residencia oficial del presidente en el centro histórico de la capital, permanece custodiado por un inusitado despliegue militar. Estos hombres que buscan el fervor popular, se protegen pronto de su ira. 

Ese período que Correa comandó no fue, para sus más acérrimos críticos, ni revolución, ni ciudadana. Y Moreno empezó poco después de asumir el poder en mayo de 2017 a desmarcarse del "correismo".

Un análisis de la revista Nueva Sociedad, firmado por Sunniva Labarthe y Marc Saint Ypéry, advierte que desde 2015 eran más que evidentes las fragilidades del proceso, sostenido en buena medida en los extraordinarios precios que alcanzó el petróleo en el mercado mundial.

Un trabajo, aún en fase de elaboración, de Pablo Lucio Paredes, director del Instituto de Economía de la Universidad San Francisco de Quito (USFQ), resume en unas cuantas cifras lo que él caracteriza como "los enormes daños" de la década correista: déficit que superó el 7% del PIB, crecimiento desmedido del gasto público que de menos del 30% del PIB pasó por encima del 40%, dependencia primero en el alto precio del petróleo y luego en el endeudamiento estatal (que supera el 50% del PIB), alta inversión pero improductiva, inútil y costosa personal alrededor de 700.000 empleados públicos y utilización masiva de todos los instrumentos posibles para “raspar la olla”.

Todo eso, y más, hacía impostergable el siempre temido ajuste macroeonómico, que Moreno anunció parcialmente a fines de setiembre como parte de las negociaciones con el Fondo Monetario Internacional (FMI), ese ogro de mil cabezas de muy mala prensa en América Latina.

Correa, además, siguiendo comportamientos afines a otros gobiernos y líderes con los que hizo migas —Hugo Chávez, Daniel Ortega, sin dejar de mencionar al inveterado gobierno cubano— acompañó su "paquete revolucionario" de "daño profundo a instituciones formales como la justicia o Contraloría, respeto al derecho o incluso las Universidades, y a instituciones informales como la confianza, la calidad de la convivencia colectiva o la dependencia de tantas personas y empresas frente al Gobierno", apunta Paredes, doctor en economía aplicada por el Instituto de Estudios Políticos de París.

La economía, después

El abordaje de esa esfera económica, más que frágil, una bomba de tiempo, fue tardío por parte de Moreno, de acuerdo a columnistas de prensa y analistas del ámbito académico. 

La revista Nueva Sociedad, en el artículo mencionado de una edición de finales de 2017, cuando Moreno completaba un semestre en el poder, enfrentaba el fuego cruzado del despechado Correa y sus seguidores y se preparaba para una consulta popular que, entre cosas, le permitiría eliminar la reelección presidencial indefinida y la reestructuración del Consejo de Participación Ciudadana y Control Social que nombraba las autoridades de instituciones claves, traza los tres ejes de la estrategia política de Moreno.

Uno, acabar con el autoritarismo. El balance de las libertades públicas en el período de Correa fue precario: con acoso judicial permanente a los movimientos sociales, medios y periodistas.

Dos,el ataque a los "peces gordos" de la corrupción que se beneficiaron durante la década correista de los contratos públicos más importantes y del auge de los ingresos petroleros

Tres, "transparentar" el verdadero balance económico de la década que el presidente Moreno estimó "en graves errores" de gestión y declaraciones "grandielocuentes sin efecto práctico".

Y es ese tercer eje, ahora expresado en disturbios aún sin control, el que centra la atención sobre Ecuador y evidencia que esa tarea de transparentar la realidad no logró su objetivo de sensibilizar a sectores poderosos del país.

Paredes apunta que "durante casi 12 meses, se continuó con el mismo rumbo de elevado gasto y endeudamiento e inclusive se mantuvo en las funciones más elevadas a miembros más o menos cercanos del gobierno anterior".

Correa se frota las manos mientras tuitea y coquetea con antiguos enemigos, Moreno llama al diálogo a sus "hermanos indígenas" y  el país transita sobrecogido los primeros días de los 60 fijados en el estado de excepción, con la memoria puesta en la inestable situación de hace 10 años que condujo al correismo.

 

 

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