5 de abril de 2012 20:03 hs

Entre el público que ve decenas de series que se presentan semana a semana en la televisión actual –las que debutan este año y las que renuevan temporada– hay un sector que es reconocido y comúnmente considerado como difícil. La franja etaria de entre 35 y 65 años.

Ese público vagamente definido como “adulto” es al mismo tiempo muy impreciso en sus gustos y al que difícilmente se le vende de manera continuada una serie de largo éxito. Se estima que esta franja está integrada por hombres y mujeres que buscan en la tele una representación del mundo en el que viven –el real, no metáforas fantásticas como pueden ser Game of Thrones, juegos lúdicos policiales como la franquicia CSI o el tamiz de lo absurdo de la variedad infinita de comedias– con parámetros reconocibles y cercanos (o casi, hay un tácito acuerdo que permite la recreación histórica).

Para este público son contados con los dedos de una mano los ejemplos de éxito. Hay dos que son destacables por su vigencia: Desperate Housewives y Mad Men, ambas de longevo pasaje por la pantalla chica y es común que sea el sector –marcado como “drama” si hablamos de género– que más cancelaciones y renovaciones tenga todos los años. En este 2012 son varias las contendientes que se han sumado a la pelea, una batalla que podría estar liderada por Touch, con Kiefer Sutherland, pero nos centraremos aquí solamente en tres, que por sus particularidades se vuelven a su modo merecedoras de destaque.

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Paso a la partera
Una conclusión inmediata viene a la mente al ver el episodio piloto de Call The Midwife (traduciendo rápido: Llamen a la Partera). Si uno tuviera que elegir un máximo de series de TV que ver -algo que podría llegar a ser saludable- alcanzaría con optar por todas aquellas producidas por la BBC y listo. No hay producto que salga de la cadena británica que no esté bien escrito, impecablemente producido y cuidado hasta el último detalle de sus actuaciones y realización. Call The Midwife (creada por Heidi Thomas) recoge las memorias de Jennifer Worth, una enfermera de clase alta que comenzó a trabajar como partera en el pobrísimo East London en 1950 y la suya fue una situación con bemoles. Sumado al hecho de la pobreza –tradicional con el paso del tiempo– y marginalidad de dicho barrio, se muestra una Londres que aún se recupera de la guerra.

Y como parte de esta misma recuperación, estamos en pleno baby boom, es decir, los nacimientos se producen y se producen y se producen. Seguimos a Jennifer Lee, su protagonista (interpretada por la desconocida Jessica Raine) mientras tiene que adecuarse a la carrera a las difíciles condiciones de vida del barrio. Pero la pobreza es presentada no exenta de dignidad y todos los personajes del barrio gozan de cierta decencia. Lo que son difíciles son las condiciones de vida y el mundo al que Jennifer es arrojada sin mayor preparación con veintipocos años, algo que se llevará más de una lágrima indignada.

La ayudan en su camino varios personajes, destacándose tres monjas en el convento donde residen las parteras: la recia y gruñona hermana Julianne (Jenny Aguter), la experimentada hermana Evangelina (Pam Ferris) y la casi senil pero maravillosa hermana Monica Joan (una estupenda Judy Parfitt). El apartado actores se cierra con un detalle no menor: la voz en off que narra la historia, Jennifer Lee desde la actualidad, no es otra que Vanessa Redgrave.
Call The Midwife, al mejor estilo de la BBC, se compone por temporadas breves de 6 episodios de 1 hora. Ya ha confirmado una segunda temporada para 2013. En nuestro país, se encuentra en la grilla de canales como A&E Mundo, Film and Arts y el propio canal de la BBC.

Los hombres del norte
De un tiempo a esta parte, la producción televisiva canadiense crece cada día. Con un fuerte apoyo estatal –una apuesta similar a la británica y salvando las distancias a la de nuestro local canal 5– las producciones han mejorado año a año hasta volverse tan competitivas como las del país que tienen ubicado inmediatamente al sur. La cadena CBC es la principal productora de este país y Arctic Air es una de sus más recientes propuestas.

En esta serie –creación de Ian Weir– se cuenta la vida y devenires de un grupo de personas en la pequeña ciudad de Yellowknife, Canadá, vinculadas entre sí por una modesta compañía aérea que es la que le da título al producto. El protagonista es Bob Martin (Adam Beach), un nativo americano que regresa a la ciudad luego de 12 años y se relaciona nuevamente con la compañía, que es dirigida por Mel Iverson (Kevin McNulty), un viejo piloto que solía ser socio del padre de Martin.

El elenco protagónico se complementa con Krista (Pascale Hutton), hija de Mel y también piloto, claro e inmediato interés amoroso de Martin.

Al margen de este entramado casi telenovelesco que se complementa ya desde su capítulo piloto con hijos no reconocidos, traiciones corporativas, romances escondidos y etcétera, la serie goza de un aire fresco y aventurero, ya que cada capítulo se complementa con una misión aérea y Arctic Air tiene aviones que volaron en la Segunda Guerra Mundial, por lo que ya son en sí mismos una aventura, además de contar con buenos y dinámicos diálogos.

CBC ha confirmado que ésta, su primera temporada, constará de 10 episodios. Dada la circunstancia actual de que canal 5 acaba de acordar intercambio de producciones con CBC justamente –y estrenó en fecha reciente la comedia romántica Being Erica– podemos guardar esperanzas incluso de verla por señal abierta.

Arctic Air contiene además algunos curiosos complementos, como ser la serie de mini capítulos online Man of The North y un juego también online que enriquecen el producto original. Ambos pueden encontrarse en la web oficial de la serie http://www.cbc.ca/arcticair/.

Esa rubia debilidad
Las premisas de Smash pueden sonar algo oportunistas. El éxito de un musical como Glee –musical para adolescentes, pero musical al fin–, y la fiebre actual por la figura de Marilyn Monroe (películas, libros, teatro, todo lo cual se menciona en la misma serie) combinados para dar forma a una misma idea hace que uno se ponga susceptible de inmediato.

Pero la creación de Theresa Rebeck a partir de una idea original de Steven Spielberg, y con la novela de Garson Kanin como base, es bastante más.

Primero que nada, es una oportuna manera de volver a encontrar en la pantalla chica a artistas como Debra Messing (la genial Grace de Will & Grace) o el británico Jack Davenport (el de la imprescindible Coupling) en unos papeles bastante diferentes a estas mismas referencias. Incluso cuenta con una actriz de gran peso como Angelica Huston, en un rol casi que de “villana”. Por otro lado, es una serie sobre teatro –teatro de musical– que muestra de manera cabal los entretelones de una producción por todo lo alto.

La producción en cuestión es un musical sobre la figura de Marilyn Monroe y el amor que siente la protagonista por la fallecida actriz se trasluce a la serie y su respeto por la figura del ícono. Esta producción de la NBC comenzó su andadura en Estados Unidos el pasado febrero y ya se ha comprometido para una primera temporada de 15 episodios. En nuestro país podrá ser vista próximamente a través de Universal Channel.

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