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Los caminos políticos de un padre y un hijo en veredas opuestas

El gerente general de ASSE, Alarico Rodríguez, se afilió al Partido Comunista y su padre es un histórico dirigente del Partido Nacional 

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09 de junio de 2019 a las 05:03

Alarico Rodríguez recuerda casi a la perfección el día que le contó a su hijo, también Alarico, que se iba a separar de su madre. Estaban en el auto frente al hospital de Florida y la noticia vino de la mano de algunos consejos. Entre ellos, le pidió que políticamente hiciera lo que quisiera. Por ese entonces, su hijo tenía 7 años, faltaban cuatro para el golpe de Estado y Rodríguez no se imaginó que su recomendación iba a ser tan tenida en cuenta que ambos iban a tomar caminos prácticamente opuestos en sus recorridos políticos. 

Alarico Rodríguez padre suele moverse por las calles de Mercedes en un Chevette destartalado y ruidoso que con solo escucharlo, los vecinos saben que se acerca. Las ventanas del auto tienen varias calcomanías de la lista 404-9000 del Partido Nacional en Soriano, de Un Solo Uruguay y el tic blanco en señal de apoyo a Luis Lacalle Pou. La vida nacionalista de Rodríguez viene desde niño. Dos de sus tíos pelearon con Aparicio Saravia, su padre era “profundamente herrerista” y a los 17 años dio su primer discurso escoltado, entre otros, por Benito Nardone. 

Lejos está Alarico Rodríguez hijo del sentir nacionalista de su padre. Sus vericuetos políticos lo llevaron a participar activamente en 2009 de la precandidatura del actual presidente de la Administración de los Servicios del Estado (ASSE), Marcos Carámbula, y a ser dirigente gremial en facultad de Medicina. La confianza que le tiene Carámbula, sumado a que es experto en gestión sanitaria, derivó en que actualmente sea el gerente general del organismo público de salud. 

Entre los recuerdos que atesora en su casa, guarda el carné que le dieron cuando de adolescente se afilió a la Juventud Comunista, el del Partido Comunista que obtuvo años después y revistas de izquierda en las que supo colaborar. Sus primeros pasos en la política fueron en silencio.

Se reunía con compañeros de liceo en Florida a militar en la clandestinidad por el Frente Amplio y cuando migró a Montevideo a estudiar para el examen de ingreso de la facultad de Medicina conoció más de cerca qué era ser frentista en plena dictadura. 

Hacía años que sus padres se habían separado y hasta que se mudó solo a Montevideo la simpatía por el Frente Amplio se empezaba a sentir en la casa donde vivía con su madre y sus hermanas. “Mis dos hermanas son votantes del Frente Amplio y mi madre  había votado al Partido Demócrata Cristiano. Yo tenía el recuerdo de las historias de mi padre como caudillo del Partido Nacional. Pero no me gustaba la forma de hacer política de los partidos tradicionales. No me gustaba la forma de cazar votos”, cuenta mientras se ceba un mate con un termo en el que reluce una calcomanía de apoyo a la precandidatura de Mario Bergara. 

En cambio, asegura que en el Frente Amplio comenzó a ver “el preocuparse por la gente, buscar organizarla”. “Había un enemigo claro que era la dictadura y no se trataba de la competencia política por la competencia política. Eso es una de las cosas que más me vinculó al Frente Amplio y a la Juventud Comunista: el permanente trabajo de actividad en la militancia, tratando de discutir con la gente y de convencerla de que podíamos estar mejor y salir de la dictadura”, dice. 
En el otro extremo, su padre considera que “en los momentos más difíciles ha tenido que asumir la Presidencia alguien del Partido Nacional para sacar al país adelante”. 

De un lado y del otro

Cuando piensa en la dirigencia de su padre, el gerente general de ASSE considera que “es un típico político de los de antes”. “Aquel político que trabaja en base a caudillismo, a campañas tratando de dar favores a cambio de votos. Y más allá de que estuvo en el herrerismo no lo considero un tipo de derecha. Sí es una persona que se dedica a la política por vocación de trascender, de poder y no tanto preocupado por los temas de la gente”, opina. 

Por el contrario, para su padre su hijo es “un político por convicción”. El ejemplo más claro que encuentra es la renuncia que presentó como director del Fondo Nacional de Recursos para ser gerente general de ASSE, por la que pasó a ganar $ 78 mil mensuales menos. “Me hubiera gustado mucho más que fuera del Partido Nacional, eso lo tengo claro. Quizá yo sea un poco el responsable como padre de que él haya tomado esa decisión, que no sé si es buena o mala. Pero (la renuncia al FNR) demuestra que se maneja por convicción. En el acierto o en el error está defendiendo su verdad”, dice desde la sede de Mercedes en la que trabajan para impulsar la candidatura a la Intendencia de Soriano de la escribana Sandra Rusch.  

Rodríguez  tampoco coindice con su hijo en que sea un caudillo. “Debe ser por la edad que lo dice, por los años que trabajo en política. Pero yo lo rechazo. Caudillo fue Luis Alberto de Herrera y pará de contar. Ya no hay caudillos en el Partido Nacional”, dice con convicción. 

A diferencia de lo que sucede con los hijos de su primer matrimonio, que se volcaron al Frente Amplio, el hijo menor de Rodríguez, Gonzalo, sí apoya al Partido Nacional. Gonzalo vive en Mercedes y Rodríguez cree que esa de las razones por las que puede decir que tiene un hijo blanco. 

De la carrera de su hijo radicado en Montevideo se fue enterando de a poco y sin que él mismo se lo dijera. De hecho, si en algo están de acuerdo es en que cuando se ven la política queda a un lado y no entra en ningún tema de conversación. 

En la casa de Rodríguez hijo la política está un poco más presente, aunque tangencialmente. Sus dos hijos, uno de 31 y el otro de 21, son frentistas. Del primero no conoce su posición para las internas y el segundo pensaba votar a Carolina Cosse pero cuando vio que se padre apoyaba a Bergara, cambió sus planes. 

Ambos Alaricos defienden sus caminos políticos, uno por vocación de servicio y el otro convencido de que ser herrerista es casi una mística y de que Lacalle Pou  da certezas para gobernar a partir de 2020. 

En Pocitos, a más de 300 kilómetros de Mercedes, Rodríguez hijo cuelga la bandera de Mario Bergara en la fachada de su casa. A más de tres horas de distancia, el padre cuenta cómo están planando plotear el chevette para la campaña mientras extiende un pasacalles blanco y celeste. 
 

 

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