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Lola de los Santos en Miss Uruguay
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Espectáculos y Cultura > Feminismos

Los certámenes de belleza, ¿un lugar de opresión o una plataforma para alzar la voz?

Los concursos han ido cambiando en las últimas décadas, pero siguen cosechando críticas por la exposición de los cuerpos y los parámetros de lo que se valora como bello

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29 de mayo de 2021 a las 05:01

Llegó el momento. Las manos están a punto de abrir el sobre, la música se acentúa. De un segundo a otro explotan los papelitos metalizados, todo es llanto, risas y aplausos mientras la nueva miss luce por primera vez la corona. Millones de mujeres crecieron viendo esa secuencia en televisión, algunas soñando con algún día poder llevar la corona, otras comparándose con aquellas figuras que les resultan inalcanzables. ¿Qué sucede con los certámenes de belleza más de 100 años después de su creación? De lo que no hay dudas es que están en discusión y cambio.

Este año, tres de las concursantes de Miss Universo sorprendieron al jurado y a la audiencia internacional cuando, durante el desfile de trajes típicos, aprovecharon el escenario para que los focos apunten sobre un discurso político y social. Fue el caso de la representante de Singapur, Bernadette Belle Ong, quien caminó por la pasarela con un vestido inspirado en los colores de la bandera de su país y que llevaba en la parte trasera un mensaje que llamaba a “detener el odio a los asiáticos”.

Por su parte Miss Myanmar, Thuzar Wint Lwin, hizo una reverencia a la audiencia antes de revelar un pergamino con un llamado a orar por su país, donde desde febrero gobierna una dictadura militar.  

Y fue la propia Miss Uruguay, Lola de los Santos, quien desfiló con un traje negro y falda con los colores del arcoíris donde estaba escrito un mensaje de apoyo a la comunidad LGBTIQ: “No más odio, violencia, rechazo, discriminación”

 

Las trazas de los concursos de belleza en la historia podrían seguirse hasta representaciones bíblicas e incluso la mitología griega y tradiciones paganas vinculadas al inicio de las cosechas. Pero los primeros concursos de belleza modernos nacionales tienen sus orígenes en la década de 1920, aunque no es hasta después de la Segunda Guerra Mundial que se institucionalizan completamente.

¿Qué implica la selección de la belleza? Mariangela Giaimo, doctora en Ciencias Sociales y profesora de alta dedicación del Departamento de Humanidades y Comunicación de la Universidad Católica del Uruguay, sostiene que la belleza es un discurso construido culturalmente: una categoría estética y moral que va cambiando en el tiempo. La académica sostiene que, en el caso de los cuerpos, la belleza se traduce en un canon que puede entenderse en torno a medidas corporales y una cierta apariencia, donde entran en juego otras dimensiones como la raza, clase social y los roles. Según explica Giaimo, el canon muta, cambia, y es negociado socialmente todo el tiempo. “El imperativo social de estar dentro del canon imperante es una forma de control social y de cuerpos. En especial para las mujeres, aunque los hombres no quedan afuera”, asegura, y explica que “cuando hablamos de un canon hablamos de jerarquías, de cuerpos que entran y otros que se excluyen. Los concursos, todos en general, son espacios de exclusión por antonomasia”.

Giaimo indica que el movimiento feminista ha encabezado una lucha en contra de la objetificación de los cuerpos femeninos. “El concurso de belleza es justamente una propuesta que nace como exposición corporal de objeto y hacia la mirada masculina. Han sido laboratorios de trabajo corporal de generalización femenina”, dice, y lo asemeja a una “gran maquinaria de preparaciones de misses” que incluye transformaciones de apariencias para llegar a determinados cánones, así como clases de buenos modales, pasarela y de respuestas al jurado. “Los certámenes se han constituido como vidrieras y promotores de categorías de belleza”.

La especialista también se refiere a los certámenes como fenómenos sociales y dispositivos de identidad que merecen una especial atención por parte de la academia. Señala que son plataformas de reproducción de lo que se considera como nacional, popular o tradicional. “Como todo fenómeno cultural y social, aportan a la construcción como también acompañan los cambios, y esto último con conflictos, como lo que sucede cuando se quiere modificar las categorías o los códigos tradicionales de lo que es un concurso”.

Acerca de los mensajes de las tres representantes de Miss Universo, señala que se presentan al concurso con artefactos materiales, como vestidos o pancartas, que se asocian a la apariencia y los repertorios de militantes sociales apropiándose de “visualidades corporales de la protesta” en marco del concurso. Desde un punto de vista de la comunicación, Giaimo se enfoca en que el mensaje es en el marco de enunciación de un concurso de belleza y la mediación de la televisión. “¿Esa instancia puede ser tomada como una oportunidad de estas mujeres de apropiarse de las lógicas de lo espectacular y de esa manera producir agenda mediática? ¿O es banalizar la protesta en un marco de show? Ahí es justamente donde la tensión y la disputa es interesante”.

Giaimo analiza que este hecho da cuenta de la importancia de quién dice un mensaje, dónde lo dice y cómo. “¿Es posible que estas misses que las significamos nosotros como víctimas del patriarcado se pronuncien como un cuerpo político? Sí, pueden”, comenta la docente, y comenta que lo imprevisto, lo que sale de lugar, y el impacto que genera en la sociedad produce más repercusiones mediáticas e interés de los espectadores.

“La experiencia” miss Mundo y miss Universo

Cuando Tania “Lola” De los Santos se paró frente al jurado y la audiencia de Miss Universo con su mensaje, la gente se paró a aplaudir y se le llenaron los ojos de lágrimas. “Sentía la necesidad de honrar a los activistas que marcaron la historia, los que están hoy presentes y los que vendrán. Honrar a un país que trabaja por los derechos de la comunidad y que tiene leyes. Honrar a todos esos chicos con los que he hablado, que me han contado las situaciones de discriminación que pasan”, contó De los Santos a El Observador. Luego de su participación en el certamen, la representante uruguaya recibió reacciones desde diferentes lugares del mundo, muchos mensajes de amor y apoyo desde la comunidad, pero también mensajes de odio. Actualmente se encuentra trabajando sobre una campaña contra el ciberacoso.

A pesar de que no era su sueño desde pequeña, De los Santos asegura que encontró en los certámenes un lugar donde sentirse cómoda.

Me considero feminista. Respeto que los concursos no sean bien vistos por algunas de mis hermanas de lucha, lo hemos hablado muchas veces y siempre les doy mi perspectiva. No voy al choque. Muestro mi perspectiva y creo que eso es lo importante, no me siento cosificada al subir a una pasarela y hablar frente a las personas. Siento que los concursos fueron importantes para mí en cuanto a mi autoestima. Sufrí bullying en la escuela y los concursos fueron un escape. No lo veo como para ser la mujer más bella del mundo, lo veo como un espacio donde puedo hablar sobre mis pensamientos, mis ideales, mis proyectos sociales y mi modelo de vida”. Considera, también, que el feminismo no es incompatible con estas instancias y que es parte de la evolución social. “Unos años atrás quizás eran totalmente incompatibles, pero los concursos evolucionaron mucho y hoy es un gran momento, porque tengo muchas compañeras, muchas representantes feministas, con proyectos sociales fuertes sobre la mujer, el acoso callejero, y eso me parece fundamental destacar”. Durante su reinado, la sanducera espera luchar contra los preconceptos hacia las misses.

Nadia Cerri, por su parte, dejó de llamarlos “concursos de belleza” hace más de diez años; en su lugar prefiere referirse a ellos como “la experiencia”. La productora y directora del certamen Miss Mundo y Miss Universo Uruguay, sostiene que para la competencia buscan mujeres que tengan algo que comunicar y que trabajen en un proyecto que pueda tener un impacto en la sociedad. En este sentido, señala que, en el caso de las aspirantes uruguayas, la temática mayormente está vinculada con la niñez.

“Me considero feminista, aunque quienes están activamente trabajando en movilizaciones feministas puedan pensar que no. Mi gran orgullo es haber podido fusionar ambas cosas”, dijo la ex miss Argentina a El Observador, y recordó que durante su representación le decían que cuando hablaba parecía más política que una reina de belleza: “Parece que una mujer que tiene una corona no puede decir algo coherente”.

“Era un preconcepto y creo que lo que pasaba antes tiene que ver con que no se daba la oportunidad de que una mujer hablase, y hoy lo que más importa es que tenga algo para comunicar, que sea agente de cambio dentro de la sociedad”, comentó.

¿Una chica con menos estatura o más kilos podría llegar a ser miss Uruguay? Según la directora del concurso, sí. “Nosotros no medimos nada de eso”, asegura Cerri, y aunque reconoce que hay concursos que se siguen manejando con patrones anteriores, señala que es un proceso social y que es importante poder discriminarlos. “Como sociedad vamos deconstruyendo y construyendo algo nuevo, más genuino e importante”.

“¿Por qué una mujer puede salir a manifestarse y mostrar su cuerpo desnudo y una mujer, por decisión propia, no puede desfilar en el vestuario que le interese, posar, sentir que es el espacio donde quiere mostrarse y generar impacto desde su lugar? Esa es una mirada sesgada. Siento que a veces el feminismo, más allá de ser feminista, clasifica a las mujeres en mujeres de primera y de segunda. Las mujeres que nos interesan este tipo de actividades somos mujeres de segunda”, sostuvo.

Valentina Camejo es Miss Mundo Uruguay y competirá por la corona este año en Puerto Rico. En su caso, creció viendo certámenes con su familia y soñando participar de uno. A sus 15 años no tuvo fiesta, pero le regalaron la posibilidad de estudiar en una academia de modelos para prepararse. Sostiene que la belleza es subjetiva y que es importante trabajar sobre la autoestima, para que la belleza “irradie de adentro hacia afuera”. La actual Miss Mundo Uruguay destaca que desea llevar un mensaje de impacto social al certamen vinculado a evitar la migración del campo a la ciudad, algo que tiene que ver con su historia de vida. 

“Cualquier chica que quiera llevar un mensaje puede participar. Hace mucho tiempo los estereotipos marcaban mucho, el tema de la altura y el peso, pero todo ha ido cambiando. En otro momento no sé si por mi altura habría podido participar, porque creo que soy la miss Mundo Uruguay más bajita de todas”, cuenta Camejo.  

Los concursos aún mantienen algunos estándares de ingreso. Por ejemplo, la página de Miss Universo explicita que las mujeres que aspiren a la corona deben tener entre 18 y 28 años. Además hay una limitación para mujeres casadas y aquellas que estén, o hayan estado, embarazadas. En este sentido, De los Santos sostiene que no comparte esa restricción y Cerri asegura que si una aspirante cumple con los requisitos de edad pero es madre, la dejaría participar de todas formas.

Por otra parte, De los Santos destaca que de un tiempo a esta parte también las mujeres trans se pueden presentar a Miss Universo. Miss Mundo, por otro lado, eliminó las pasadas de trajes de baño, una de las instancias más criticadas de los certámenes, aunque las participantes valoran la posibilidad de mostrarse seguras con su cuerpo.

El reinado de la fiesta de Momo

Quizá la referencia más cercana de este debate que tenemos en Uruguay es la modificación del concurso de Reinas del Carnaval y Llamadas. El concurso abría la agenda carnavalera y elegía a las mujeres que representarían una de las fiestas populares más grandes del país, una tradición que Montevideo transformó y, finalmente, el último año dejó por el camino.  

El proceso de debate y discusión sobre las reinas tenía muchos años en la Intendencia capitalina cuando Patricia González pasó a integrar el gabinete como directora del departamento de Asesoría de la Igualdad de Género. Era una discusión que se venía dando desde la década de 1990 pero que nunca había tenido eco. "Fue la primera vez que se habilitó el debate de si esta bien que promovamos que haya mujeres jóvenes pobres en los barrios que, por un premio de unos miles de pesos, se estén mostrando ante hombres", sostiene González, y se pregunta qué se esconde detrás del debate de la belleza en sí. "La belleza es una construcción que trae de alguna manera construcciones de explotación".

La discusión llevó al menos dos años. "Al principio los argumentos venían por el lado de que es una tradición, que es una fiesta del barrio, se dijo en aquel momento que queríamos penalizar la belleza y que nos molestaban las mujeres lindas. Argumentamos, discutimos y lo llevamos a los barrios", recuerda la ex jerarca.

El concurso dio un vuelco en 2018 y el jurado pasó a elegir a las "figuras de carnaval": mujeres, hombres, personas trans, con discapacidad y sin límites de edad. Buscaba aquellas personas que contagiaran "la alegría carnavalera", más allá del género o la apariencia.

Elección de las figuras del Carnaval de Montevideo

"La mujer está mucho más normada sobre lo que es lindo y lo que no. Batallamos todas, cada una, porque la norma social sobre la belleza de la mujer es super estricta y es opresora", sostiene González. Explica luego que cuando se suben cuerpos a un escenario como ejemplo de lo que está bien y se elige "el cuerpo que está mejor", se deja de lado a todas las personas que no se identifican con ellos. "¿Cuántas pueden participar de lo que es la belleza? Entonces todo el resto no es bello", dice. 

González considera además que es algo que toca un punto sensible en la sociedad. "No todos los temas que al feminismo le importan, creo que este tema y el lenguaje inclusivo son dos temas super performativos de muchísima resistencia. Ahí es clave ver cómo lo abordás para transformar la resistencia en reflexión y no en dogma". 

Los movimientos feministas siempre estuvieron mirando de cerca a los concursos de belleza, y quizás el episodio más icónico fue la protesta de 1968 ante el concurso Miss América. Con el último impulso del feminismo, los ojos siguen sobre los certámenes.

Lucía Vázquez, editora de la revista feminista Harta, señala que actualmente se realizan concursos internacionales, pero que también existen otros certámenes más pequeños de carácter local o nacional. “Creo que cada vez se cuestionan más, sobre todo por mujeres que entienden que seguir enfrentándonos y haciéndonos pasar mal por conseguir un ideal de belleza no tiene sentido”.

Vázquez explica que dentro de las ramas del movimiento feminista puede ser diferente el abordaje, pero que algunos aspectos acercan a todos: los cánones estéticos son generalmente gordofóbicos, gerontofóbicos, eurocentristas y hay una fuente de preocupación e inseguridad para las mujeres que no entran dentro de ellos, que son la mayoría, además de un "enorme motor de ventas de las industrias de la moda y la cosmética". 

Ella opina que aunque muchas mujeres puedan coincidir con esta perspectiva, son “obsoletos”, por lo que no ve lugar para la continuación de los certámenes en el futuro. Por otra parte entiende que las mujeres suelen ser invisibilizadas, no porque no sean capaces, sino porque se evita darles voz en lugares típicamente masculinos.

“La belleza siempre ha sido un territorio típicamente femenino y los certámenes de belleza son momentos de gran exposición de mujeres donde se les da algo de voz. Por ende, me parece perfecto que las participantes decidan hablar sobre temas políticos y sociales aprovechando que en ese momento van a ser escuchadas. Siempre voy a estar a favor de que las mujeres aprovechen los espacios que tengan para hablar de lo que consideren oportuno”, remata.

El futuro de los certámenes, entonces, es incierto. Quizás se sigan reinventando para sostenerse o quizás pasen a quedar en la historia. Lo que sí parece claro, y la evidencia lo muestra, es que hay movimiento entre lo considerado bello, lo social y lo político.

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